viernes, 25 de julio de 2014

HACIA NUEVOS PARADIGMAS DEL TEMA AMBIENTAL DESDE EL SUR



La Modernidad desde el siglo XVII se montó sobre la creencia ciega en el “Progreso” entendido como “acumulación de conocimientos, virtudes, fuerzas productivas o riquezas” en la cual el hombre es considerado el centro fundamental del universo, con capacidades ilimitadas para dominar las fuerzas de la naturaleza, explotarlas para la acumulación de riquezas en la búsqueda de la satisfacción plena de las necesidades humanas. La Razón, la ciencia y la técnica serían los medios para alcanzar la perfección humana, la cual requeriría de un crecimiento económico permanente y un desarrollo exponencial de las fuerzas productivas.
Esta visión abiertamente ideológica que caracteriza fundamentalmente a la civilización occidental se impuso a toda la humanidad mediante la conquista y colonización del resto del mundo por parte de Europa y luego por la América del Norte. Tal doctrina del progreso se transversalizó en la visión desarrollista del mundo capitalista y la del llamado socialismo real.
Fue en los años 70 del siglo XX cuando comienza a llamarse la atención en medios científicos y luego en espacios oficiales internacionales el tema de los “límites del crecimiento” a partir del informe del llamado Club de Roma de 1972, el cual puso su énfasis en el crecimiento exponencial de la población en contraposición al crecimiento aritmético de los recursos para la satisfacción de las necesidades humanas, identificando las limitaciones del planeta en cuanto a tierras fértiles y capacidad de asimilar la polución. No obstante que incluso tal informe se convierte en el papel de trabajo fundamental de la llamada Declaración de Estocolmo, los sectores poderosos de la economía mundial hicieron caso omiso a las advertencias.
Veinte años después un gigante y sabio latinoamericano lanza aquella sentencia implacable: “Una importante especie biológica está en riesgo de desaparecer por la rápida y progresiva liquidación de sus condiciones naturales de vida: el hombre”. Eran momentos históricos en los cuales se derrumbaba la Unión Soviética, se consideraba finalizada la guerra fría extendiéndose la llamada Globalización como hegemonía del Neoliberalismo en lo denominó Fucuyama como Fin de la Historia. Decía Fidel en su discurso que ya no había excusas para las carreras armamentistas por lo que los países ricos deberían canalizar aquellos recursos al desarrollo sostenible de los llamados países del tercer mundo.
Lejos de aprender las lecciones del evidente deterioro ambiental denunciado, el imperio transnacional mundial encabezado por la elite industrial militar norteamericana, las grandes transnacionales, la OMC, entre otras fuerzas, se inventan una nuevo enemigo para justificar una nueva guerra a escala global, la guerra contra el terrorismo. Así, la posibilidad de seguir las recomendaciones de Fidel de canalizar tales recursos para la redistribución en el mundo se traba en la lucha con un enemigo invisible que justifica la inversión de ingentes recursos en guerra y destrucción, incluso mediante el uso de uranio empobrecido y fósforo blanco en proyectiles.
Pero la historia estaba lejos de llegar a su fin, dado que aunque el llamado socialismo real derivaba en nuevas formas de capitalismo neoliberal, en América del Sur se producen acontecimientos poco entendibles desde la lógica lineal de la historia eurocentrista: la revolución bolivariana encabezada por Hugo Chavez Frias abre las puertas a lo que denominó Correa un cambio epocal, en cuyos ideales se sintetizan las aspiraciones de los hasta ahora preteridos: pobres, indígenas, mujeres, ancianos, niños, afrodescendientes, marginados.
En el año 2002, Chavez levanta con su voz la voz de los pueblos en Copenhague acusando al Capitalismo con su modelo de consumo distorsionado de la destrucción de la Pachamama, por lo que llamó a los pueblos a asumir la obligación de dar la batalla por la salvación de la especie humana “levantando las banderas de Cristo, de Mahoma, de la igualdad, del amor, de la justicia, del humanismo, del verdadero y más profundo humanismo”.
En su legado incorporó como objetivo histórico del programa de acción fundamental del pueblo venezolano, el plan de la patria, el mencionado imperativo. Es por ello que estamos aquí, convocando a las expresiones de poder popular ambientalistas y ecologistas de diferentes regiones del planeta a la discusión, acción y movilización de nuestras fuerzas para incidir de manera significativa en las decisiones que en el marco de las negociaciones internacionales están por tomarse, tanto en la COP 20 de Perú como en Paris en 2015. Son demasiado importantes los asuntos del Cambio Climático y sus efectos sociales y sobre la vida misma, como para que los dejemos solo en mano de las élites políticas y diplomáticas. Construyamos entonces juntos este espacio de democracia participativa y protagónica para así  hacer viable la posibilidad de superar el depredador sistema de desarrollo capitalista a través de la concertación política y, con ello, salvar el planeta.
Una nueva racionalidad está naciendo desde los pueblos del sur, que superará la de la fe en el crecimiento económico ilimitado depredador de la naturaleza y del hombre mismo. Una lógica fundamentada en la armonía con la madre tierra y entre los seres vivos, Una lógica del buen vivir.

jueves, 24 de julio de 2014

En homenaje a un grupo de luchadores ambientalistas que desde hace 34 años emprenden cotidianamente su combate por un mundo mejor para todos, aquellos que un 24 de julio de 1980 decidieron crear la Federación de Organizaciónes y Juntas Ambientalistas de Venezuela (FORJA), publico lo escrito por uno de ellos: Anibal Isturdes.

En los 34 años de FORJA:

Los aniversarios son días propicios para pensar y revisar cuanto de nosotros hemos entregado por el bien de   la humanidad, por nuestro planeta, por  la vida  y el amor entre  todos los seres humanos. Estoy segura que en Forja  hay motivos suficientes para celebrar... y me siento orgullosa de su labor. Hay que seguir sin descanso porque faltan muchas cosas por hacer...  por eso es propicio el momento para hacerles llegar, desde San josé, de parte del poeta Aníbal Isturdes este poema  en solidaridad con el pueblo de Palestina, que muestra, al igual que todos ustedes, su inquietud  y perseverancia por hacer  la vida mas digna y próspera para todos los seres humanos, en especial para los niños, su eterna preocupación.

 Aníbal les envía con mucho amor este poema que se titula: Un Niño en Palestina y les pide de todo corazón que lo difundan lo más que puedan..                                                                     Un abrazo fraterno para todos
                                                                                           María Eugenia Egui

Niño en Palestina
 
Un niño quemado
en Palestina
es un niño
de cenizas
que no juega
con la vida
ni la gloria
de ser niño.
 
Queja… dolor
del infierno
lo destruye
y la paz
se aleja
de los pueblos
que queman
con odio
la vida
del corazón
de los niños
del mundo…
 
¡Oh Dios con lágrimas!
¡Oh Dios de lágrimas!
¡Oh Dios, escucha!
Oh Pueblos, escuchen
nuestra oración
de un niño quemado
vivo en Palestina…!
 
¡Clamor y Ruego!
 
¡Que el derecho
de la  Paz
y de la Vida
sea para todos
los niños del Mundo!
 
Cual Gloria de ellos
de su Amor
para un niño de Palestina!
 
Autor: Aníbal Isturdes