UNIVERSIDAD DE CARABOBO
AREA DE ESTUDIOS DE POSGRADO
FACULTAD DE CIENCIAS DE LA SALUD
DOCTORADO EN CIENCIAS SOCIALES
MENCION ESTUDIOS CULTURALES
DERIVA DEL SIGNIFICANTE: LA ANTROPOLOGÍA COMPLEJA
Autor: Angel Deza Gaviria
Facilitador: Dr. Alejandro García
Malpica
Valencia,
Septiembre de 2004.
Introducción
Este ensayo corresponde al trabajo final del Seminario “Deriva del
Significante: la Antropología Compleja” dictada en el Doctorado en Ciencias
Sociales Mención Estudios Culturales por el Dr. Alejandro García Malpica. Se
trata de un primer acercamiento al pensamiento complejo propugnado por el
intelectual francés Edgar Morin.
Durante el seminario recorrimos junto al profesor la autobiografía del
autor a la cual involucra como parte fundamental de su obra dado que el sujeto
de investigación en su opinión forma parte del objeto de la comprensión y
explicación compleja. La fascinación por el fenómeno de la muerte aparece como
aspecto central de la cultura humana sirve de apertura al recorrido, un tanto
superficial por razones de tiempo, de la vida y obra de Morin.
El paradigma de complejidad constituye una reacción ante el reduccionismo
y la simplicidad holística en las ciencias sociales contemporáneas. Es la
consecuencia de la incorporación de los avances de la física cuántica, de la
cibernética y de la biología al repensamiento del problema del conocimiento
científico desde una perspectiva que atraviesa las disciplinas.
Intento aquí hacer un ejercicio de aplicación de los principios del
pensamiento complejo a la problemática que es objeto de mi investigación: la
pobreza. En este sentido, parto de mi involucramiento en el proceso de
investigación dejando explícito las influencias teóricas, metodológicas e
ideológicas que se presentan en mi formación y práctica disciplinaria, así como
en mi vida intelectual. Seguidamente enfrento la discusión del problema de la
totalidad social que siempre he considerado central en el pensamiento social,
revisando las posturas que me han parecido más relevantes en la construcción de
mi objeto de estudio. Posteriormente exploro la literatura a mi alcance
referida al pensamiento complejo para identificar aquellos aspectos que
pudieran ser de utilidad para su incorporación en mi investigación para, finalmente,
realizar un ejercicio de aplicación de loes elementos identificados en la
comprensión del fenómeno de la pobreza.
Puesta en Juego y exposición del
investigador:
Para ser consecuente con el ejercicio que aquí aplicamos es menester
reconocer que mi formación disciplinar en los años ochenta del siglo pasado fue
marcada por una gama limitada de
influencias teóricas, ideológicas y políticas que constituyen el fundamento de
mi percepción. En este sentido, la sociología de corte marxista pregonada por
mis profesores más cercanos, quienes a su vez fueron formados en la Escuela de
Sociología y Antropología de la Universidad Central de Venezuela en los años
sesenta y setenta del siglo XX, en conjunto con la militancia en movimientos
estudiantiles de izquierda radical heterodoxa, constituyeron las fuentes de mi formación. Allí la
contraposición ideológica que me persigue entre las Sociologías del Consenso
comprometidas con el sostenimiento del sistema capitalista (atomistas,
ahistóricas, psicologistas, parceladas, descriptivas), a las que he tendido a
rechazar y la Sociología Marxista (totalizante, crítica, histórica,
transformadora) a la que me ha unido un fuerte afecto.
Un aspecto que en mi formación sociológica me ha parecido central
respecto a la realidad social es la noción de “totalidad”. Tan es así que
tiendo a contraponer las diversas perspectivas teóricas en función de dicho
concepto. La relación entre lo particular y lo general como posibilidad de
conocimiento de la realidad social parece ser un punto de encuentros y
desencuentros, pero sobre todo de mal entendidos propiciados, en mi opinión más
por los interpretes de los llamados clásicos que por los propios clásicos. Pero
sólo recientemente me doy cuenta, gracias a la lectura de la reseña que hace
Giner (2001) acerca de Georg Simmel que quizás haya otras nociones que entran
en la discusión y que damos por supuestas u obvias, pero que para otros autores
tienden a ser las centrales. Este es el caso de las nociones de “realidad” y
“verdad”. En mi caso he tendido a utilizar como sinónimos “totalidad” y
“realidad”, o más específicamente “realidad social” asumiendo como cierto el
que la realidad es una sola y que lo que cambia
(o es variable) es la perspectiva
de los actores, que constituye su verdad. Para mi sorpresa en la reseña
citada se menciona explícitamente la postura simmeliana de diferenciar la
realidad de la verdad pero asumiendo que la “verdad es única” por definición,
habiendo una verdad última que englobaría las verdades de cada cual, como
diversidad de modos de acercamiento a tal verdad (Giner: 2001, p. 349). Por su
parte la realidad variaría y tendría facetas, ambigüedades, y polivalencias,
por lo cual habría tantas realidades
como relaciones existieren.
Las lejanas referencias que había tenido de los planteamientos de Morin y la teoría de la complejidad me los figuraba como coincidentes con mi
visión de la totalidad y la realidad, sin embargo parece ser la cosa un poco
más complicada. Morin se apoya en una famosa frase de Adorno para cuestionar la
noción de “totalidad”: “la totalidad es la no verdad”, afirmando que el
esfuerzo por la articulación y consolidación
de saberes dispersos, en tensión con el movimiento contrario en su
propio abordaje del conocimiento, es entendido erróneamente como totalizante,
dado que él mismo habría renunciado explícitamente a toda esperanza de
“pensamiento verdaderamente integrador” (Morin: 1991). Tal renuncia se
afirmaría en el reconocimiento previo de la imposibilidad de la totalidad como
verdad, siendo la aspiración a la totalidad una aspiración a la verdad. Por
tanto, enfatiza en el sentido contradictorio de la totalidad que sería
simultáneamente “verdad y no verdad” reconociendo que la faceta del
hegelianismo que le anima “es la confrontación de las contradicciones que se
presentan sin cesar al espíritu” así como el papel de la negatividad, pero no
la síntesis, el Estado Absoluto o el Espíritu Absoluto. Entonces, es importante
para entenderlo dejar claramente diferenciados las dos facetas del hegelianismo,
la de la contradicción y la de la síntesis, aun cuando ambas conforman la Ley
de las Contradicciones o de la Unidad de Contrarios recogida luego por la
dialéctica materialista.
No obstante lo anterior, se muestra conforme Morin con la búsqueda de
un “meta-nivel” superador de la
contradicción sin negarla, que incluya brechas, incertidumbres, indefiniciones,
problemas. (Morin: Op.Cit) Siendo así, no podría sino definir sus fundamentos
como “conciencia de la destrucción de los fundamentos de la certidumbre”.
En el camino de la exploración intelectual me conseguí con un texto
esclarecedor de Jaime Osorio (Osorio:2001), con cuyo contenido sentí una grata
afinidad, incluso tranquilizante en el
sentido de sentir cierta compañía intelectual. En este texto se dedica el
primer capítulo al tratamiento de la totalidad social como unidad compleja,
afrontando las concepciones de Weber y Marx
en principio mediante la identificación del tratamiento que cada uno da
en su construcción de conocimiento a la relación entre lo particular y lo
general o entre lo ideográfico y lo nomotético. Para el primero, la clave de la
explicación comprensiva, como ocupación característica de las disciplinas
socio-históricas, trataría de acceder al “conocimiento de regularidades probables,
comprensibles” por los motivos y el sentido otorgado por sus actores, para lo
cual propone la construcción de tipos ideales como conceptos generales (lo
general) que permitan conocer procesos particulares (lo particular), con lo
cual no se enfatizaría en lo genérico sino en lo específico de los fenómenos
culturales. Esto lo interpreta OOoookkjndoeakneoiLKKIONEOsorio
como subordinación del conocimiento nomotético al ideográfico. Por su parte
Marx, en su estrategia de transformación de la realidad social habría requerido
conocer las reglas generales que rigen sus movimientos generales pero a su
vez dilucidar las especificidades de
momentos y procesos particulares, lo que es interpretado por el autor como subordinación
de lo ideográfico a lo nomotético en la cual las especificidades alcanzarían
inteligibilidad en el marco de la interpretación global. (Osorio, Op.Cit)
Particularmente, demostrativo parece ser en este texto la diferenciación
entre “totalidad” y “completud”. En tal
sentido el autor denuncia el que comúnmente tiendan a ser asimiladas como sinónimos,
especialmente si entendemos la primera como la suma de todos los fenómenos y
acontecimientos que simultáneamente se presentan, en el marco de una realidad
infinita. Tal infinitud sería justamente la que generaría la incapacidad del
conocimiento humano para abarcarlo todo. La totalidad, diferenciada de la
completud en el pensamiento marxista, sería en todo caso lo que organiza a la
realidad infinita, es decir las reglas que la estructuran en diversos niveles
“unos inmediatos, perceptibles a simple vista, por lo general engañosos, y
otros más profundos, que es necesario construir y desentrañar.” (Osorio:
Op.Cit. Pag. 24)
A partir de estas reflexiones resumo aquí el resumen de lo que he avanzado
en mi puesta al día en la comprensión
del objeto de mi interés teórico, es decir la explicación del fenómeno de la
pobreza a partir de algunas de las corrientes del pensamiento contemporáneo
considerada por Morin como reduccionistas y simplificadora:
a. Pobreza e Individualismo Metodológico:
Se reconoce en autores como Popper (1967) y Hayec (1980) el liderazgo de la concepción
que parte de la negación de la existencia de una totalidad con comportamiento
cualitativamente autónomo, en otras palabras le visión de que la realidad como
totalidad no es más que la suma de sus partes. Estas partes o átomos la
constituyen los individuos humanos, de cuyas acciones, intereses, actitudes y
comportamientos resultan los fenómenos sociales. En tal sentido las premisas
fundamentales de la mencionada postura se resumen en (Osorio ,2001):
1.
El Individuo humano es la unidad
empírica e irreductible susceptible del conocimiento de las ciencias sociales,
por lo cual se estaría hablando tanto del plano metodológico como desde el
ontológico pues se asume que lo único propiamente real son los individuos.
2.
La totalidad social no es
susceptible de conocerse por las ciencias sociales. En esta premisa
paradójicamente no se niega la existencia de una totalidad sino que se remite
la imposibilidad de su conocimiento en función de su infinitud.
A esta concepción extrema se une la teoría de public choice que
parte de la necesidad de comprender el comportamiento de los individuos bajo el
supuesto central de su búsqueda de maximizar los beneficios individuales
como explicación a las elecciones de los actores sociales. (Osorio, op cit)
Desde esta perspectiva la pobreza como fenómeno social se reduce a las
actitudes, intereses, acciones y comportamientos de individuos cuya situación
es derivada de decisiones tomadas a lo largo de su vida. Entender la pobreza
parte de entender al pobre. Pareciera en apariencia coincidir con el análisis
Simmeliano de El Pobre como tipo social derivado de la categorización de
personalidades en las determinaciones psicológicas de las relaciones sociales,
no obstante que Simmel explícitamente negaba la concepción individualista de lo
social, más bien se planteaba la perspectiva emergente desde los psicológico
hasta lo metafísico en tres niveles de análisis. Thimassef (1961) explica que
este autor niega la posibilidad de
explicar la sociedad como entidad psíquica independiente de las mentes
individuales pero también su reducción a la suma de individuos a manera de
átomos . Más bien la entiende como una unidad objetiva que se revela en su contraste con la suma de los
individuos y expresa las relaciones recíprocas entre sus elementos humanos (Thimasseff, op cit p. 132). En tal contexto
para Simmel la pobreza sería parte inherente al orden social, pues los pobres
en tanto seres humanos tendrían un derecho radical a su existencia y más aún,
asumen que lo tiene también a ser asistidos dado que entienden su condición
como parte de una injusticia de orden cósmico. Así los esfuerzos de reducción
de la pobreza por medio de la asistencia habitual, bien religiosa o
gubernamental, lejos de suprimirla la
refuerzan, dado que en última instancia su fin sería el de mitigar ciertas
manifestaciones extremas de la diferenciación social mientras se sigue apoyando
la estructura social en tal diferenciación, en otras palabras solo se
transfiere al pobre la cantidad de recursos que requiere el propio orden para
su mantenimiento.
Quienes practican micro
sociología tienden a coincidir en gran
parte con la visión atomista que propone el individualismo metodológico. En
este ámbito encontramos aplicaciones parciales de la teoría de la acción social
de Weber, entendiendo esta noción como la unidad mínima de análisis de lo
social que consiste en comportamientos subjetivamente interpretados por los
propios actores individuales siempre en atención a las expectativas de otros
actores. Así se entiende que los fenómenos sociales sólo existen como
pluralidad de actores individuales satisfaciendo sus mutuas expectativas. Allí la racionalidad o
no de las motivaciones de los actores explicaría las relaciones del tejido
social, donde la acción social motivada racionalmente a fines sería la típica
de quienes triunfan en la sociedad moderna, es decir en el capitalismo,
mientras que la predominancia de motivaciones no racionales caracterizaría a
tejidos sociales no modernos. Entonces es posible explicar la pobreza en
términos de una pluralidad de actores que se relacionan mediante acciones
sociales motivadas no racionalmente bien sea con predominio de motivaciones
tradicionales o afectivas. Siendo así
los grupos sociales en situación de pobreza deben ser sujetos a
programas de socialización que contribuya a su asimilación mediante la
inculcación de la racionalidad moderna, es así como los procesos de reforma agraria
y urbana se ven como procesos de modernización en ataque la “cultura de la
Pobreza” muy al estilo de los estudios de la marginalidad como el de Barroso
(1992).
Desde luego que meter en mismo saco a todos los que comparten el
Individualismo metodológico es poco menos que una aberración, dado que el mismo
Popper se resistiría a ser identificado con los principios del Conductismo
Social dada su reserva respecto a los reduccionismos psicologistas, y su
enfoque de orden Institucional (Homans en Guiddens, 1990). Sin embargo, Homans (op, cit 1990) defiende
con mucha fuerza la Preeminencia del Conductismo Social como base científica de
la Sociología al afirmar que esta cumple requisitos tales como: establecimiento
de leyes de subsunción, el Individualismo metodológico. Precisamente en la
justificación de esta postura cita a
John Stuart Mill afirmando que los
hombres en sociedad no tiene más propiedades que las que se derivarían de las
leyes de la naturaleza del hombre individual. Extrañamente Del Percio (2000)
pareciera ubicar en la misma línea de pensamiento a Carlos Marx cundo reseña su
concepción de la sociedad afirmando que tal autor negaría su existencia como
entidad sustancial o ser colectivo, más bien se reservaría ese término en la
calificación de los individuos en sus interacciones e interrelaciones.
La aportación entonces del conductismo a la sociología se centraría en
explicar características atribuidas a la estructura social que son observadas
como comunes en pequeños grupos de todo el mundo, a saber: normas, cohesión,
competición, status, poder, liderazgo, justicia distributiva y desarrollo de
canales de comunicación regulares (Op. Cit., 1990). En concordancia con lo
expuesto por este autor la situación de
pobreza podría explicarse como un fenómeno estructural, asumiendo por
estructura cualquier característica del grupo que persista en el tiempo (por
ejemplo la pobreza) manteniéndose fundamentalmente por las acciones de sus
miembros, ofreciendo posibilidades de que ellos desarrollen su conducta
consolidando la mencionada estructura o produciendo una nueva. En este sentido la estructura social
pertinente sería el sistema jerárquico
en el cual los pobres se ubican en el extremo más bajo dado que habrían
incurrido en el pasado en conductas “malas” en términos de las normas del grupo
social, siendo que el mantenimiento de tales conductas no le harían incurrir en
costos, dado que no tiene nada más que perder y aún recibiendo refuerzos lleva
a cabo tal mala conducta, consolidándose en su baja posición social. (Homans,
1990 p 100).
De esta manera he revisado algunas propuestas teóricas que consideran
que sólo existen las partes más no la totalidad, asumiendo que tal es infinita
y por tanto no sujeta a conocimiento (Osorio, 2000). Otras tradiciones dan
cuenta de una noción de Totalidad como
cualitativamente superior a la suma de las partes en la cual estas últimas
están estructuradas y jerarquizadas. Quizás podamos ubicar en esta visión las
diversas corrientes estructuralistas, aún cuando la noción de estructura no
esté suficientemente clara en ninguna de ellas. Por otra parte se le atribuye a
Morin (Osorio op. cit, pag. 30) la crítica al holismo de su ceguera frente a
los elementos constitutivos de la realidad total, por lo cual se atreve a
afirmar que la totalidad es menos que la suma de las partes. Ahora bien, de lo
que se trataría según este sociólogo
francés es de capturar la complejidad de la conjunción de lo uno y de lo
Múltiple (Morin 1997, citado por Osorio), la unidad contradictoria que se organiza
y desorganiza de manera paradójica. Afirma Osorio que quizás han sido Weber y
Marx quienes en sus análisis de la realidad social hayan, desde sus propias
perspectivas y estilos tomando las totalidades concretas sus expresiones
particulares en el marco de contradicciones y movimientos históricos.
b. Pobreza y Estructura de Dominación:
Partiendo de la noción de Dominación de Max Weber, y en contraposición
a la de Poder propiamente tal del mismo autor, Del Percio (2000) construye su
categoría de “Estructura de Dominación”.
No deja claro su concepción acerca de “Estructura”, sin embargo se puede
inferir que se trata de un modelo construido sobre la base de la observación de
regularidades en el comportamiento de algunas variables, seleccionadas de entre
la totalidad que influyen sobre el fenómeno estudiado. En este caso la
mencionada estructura estaría conformada por la confluencia de tres categorías:
Estratificación social, Legitimación y formas del ejercicio del poder público,
según el modelo propuesto por Agulla (1987) citado por Del Percio.
La Dominación es entendida como posibilidad de que se encuentre
“...obediencia a un mandato de determinado contenido entre personas dadas” (Del
Percio, op cit) y es enriquecida con otras definición de obediencia y
mandato, lo cual es llamado por otros
autores Control Imperativo o Dominio ( Giner, 2001) el cual permea toda la
sociedad o a grupos determinados a
manera de dominio consolidado que “produce un ambiente general de distribución
difusa del poder con sus beneficiarios y jerarquías en cada orden social”
(Giner, Op.Cit., Pag. 300), e impone un orden a los dominados en virtud de la autoridad del dominante. Se
hace necesario emprender la revisión crítica de tal planteamiento en función de
su contribución al esclarecimiento del tema de la pobreza.
Los hallazgos de Del Percio apuntan a que en los últimos tiempos se
viene produciendo un cambio significativo en la estructura de la dominación
cuyas manifestaciones más relevantes serían en cuanto las tres variables
mencionadas:
|
Variable
|
Manifestación
|
|
Estratificación Social
|
Reemplazo de la Acumulación por el Consumo en la determinación de la
conformación de la “Clase Social”
|
|
Legitimación
|
Crisis y replanteo Ideológico
|
|
Ejercicio del Poder Público
|
Crisis y replanteo del Estado Nación.
|
De las tres variables centraremos nuestra reflexión en la primera de
ellas dado que el orden de dominio consolidado se enraíza en la desigualdad
social, la cual pareciera, según se
desprende del razonamiento del Del Percio (Pag. 185) ser una condición
inherente a la naturaleza humana y por tanto requiere de la aceptación generalizada, so pena de
sacrificar libertades y derechos básicos, por lo cual la aspiración realista y
pertinente estaría en disminuir la distancia entre los extremos de la pirámide
social. El análisis de la desigualdad social lleva a la noción de
estratificación social como gradación a
lo largo de algún criterio central que
varía según diferentes autores. Generalmente se aduce que el marxismo
manifiesta como criterio de estratificación la noción de Clase Social basada en
la posición respecto al proceso productivo y a la participación en la
distribución del producto social, es decir un criterio fundamentalmente
económico, mientras que Weber plantea una visión tridimensional, que incluye la
clase social pero en combinación con otros dos criterios: el estatus y el
poder. Su noción situación de clase se centra en los criterios del trabajo y la
posesión de bienes, pero en la sociedad moderna incluye la referencia al mercado
y el significado que los individuos en cuestión den a sus recursos ( Giner,
2001, pag. 294). El estatus estaría en correspondencia con la valoración social
de los estilos de vida que generan inclusión y exclusión en función de
prejuicios social y culturalmente arraigados, mientras que el poder estaría
referido a la capacidad de algún individuo o grupo de imponer su voluntad a
otros individuos. La tridimencionalidad de la desigualdad social supone para
Weber el cruce constante o relación dinámica entre las tres dimensiones
produciendo efectos de considerable complejidad potencialmente conflictivos.
Por su parte Del Percio le otorga mayor valor analítico al modelo
propuesto por Agulla, concentrándose en la dimensión económica de la clase
social y estableciendo diferencias entre la clase en razón a la acumulación y
en función del consumo. La primera sería característica de las sociedades
industriales bajo un criterio eminentemente económico- acumulativo (Del Percio
Op.Cit, Pág. 190) en el cual la cuantía de la
posesión de bienes ubicaría a un grupo social en una u otra posición en
la pirámide social con una movilidad social teóricamente abierta, aún cuando en
la realidad las pautas culturales pudieran tender a cerrarla. Formalmente la
libre concurrencia del mercado garantiza en este orden la igualdad de
oportunidades de acceder a la ocupación de
preferencia, lo cual requeriría la preeminencia de la racionalidad
formal legal. En este marco la libertad de elección conlleva a la posibilidad
del éxito en la vida de los hombres considerados individualmente lo que se
traduce por via de contrario a que el fracaso es también una responsabilidad
individual. De tal manera que se infiere que la pobreza podría explicarse en la
estratificación por acumulación como la consecuencia de decisiones erradas de
los individuos que fracasan económicamente y por tanto no acceden a los bienes
que necesita por su propia responsabilidad. Estos individuos catalogados de
fracasados serían los candidatos a la pobreza mientras que los exitosos por sus
decisiones acertadas se ubicarían en la cumbre social. Aún así, el autor
considera que la movilidad social se presentaba como más posible que en el
escenario que tiende a imponerse con el nuevo tipo de estratificación, la
relacionada con el consumo. Esta última la ubica a partir de la segunda mitad
del siglo XX y se deriva de la decadencia del modelo de acumulación industrial,
es decir en el capitalismo tardío. La delimitación de esta categoría implicó al
autor mantener la centralización de la estratificación en el criterio de orden
económico frente a la opción que anteriormente hemos aludido como Weberiana y
que la atribuye a Lockwood (Del Percio, Pag.
193) y aún frente a la propuesta de Agulla quien se centra en el conocimiento
como criterio estratificador de los nuevos tiempos. Los indicadores asumidos
son el nivel de gastos y la ocupación desempeñada, dado el traslado de la
centralidad del productor al consumidor en el nuevo capitalismo. Basa su
razonamiento en datos estadísticos referidos al aumento de la circulación de
tarjetas de crédito, para luego relacionar la capacidad de gasto del tarjeta
habiente con su ocupación y el grado de conocimientos e información poseídos
por este, lo que lo lleva a presentar una propuesta de estratificación de tres
niveles, a saber: Dirección, Asesoramiento y Mediación o ejecución. Es de notar que la propuesta asume la
desaparición de los propietarios, grandes o medianos, sin demostrarla, más bien
parece la segmentación de las llamadas clases medias.
Por otro lado le adjudica a tal estratificación una suerte de cierre de la movilidad
ascendente en contraposición con la multiplicación de posibilidades de
movilidad descendente, vinculado al
ritmo de avance de las nuevas tecnologías y a la virtual imposibilidad de
poseer permanentemente la información y con ella la ocupación.
En esta nueva estratificación la pobreza se traduce en el destino
obligado de la mayor parte de los seres humanos separados indefectiblemente de
la posibilidad escasa e incierta de ejercer ocupaciones que den acceso a los
grandes mercados de artículos suntuarios y aún de los de primera necesidad. La
exclusión social y el marginamiento se presentan como destinos seguros de
gruesos contingentes humanos. En fin, el resultado del análisis de Del Percio
resulta desconsolador para la posibilidad de la superación de la pobreza por la
vía del trabajo dado el horizonte de desocupación que vaticina.
c. Pobreza y Materialismo Histórico:
Para el materialismo histórico la existencia de cada ser humano está
sometida a fuerzas externas que se traducen en factores condicionantes,
determinantes y decisivos, en el marco de su origen y desarrollo
histórico. Tales factores se organizan
de manera jerárquica constituyendo la
estructura social. Así se puede entender a la sociedad como una totalidad
articulada de relaciones dialécticas (de condicionamiento, determinación y
decisión) entre la base económica (infraestructura) y la superestructura
(ideológica, política y jurídica), mutuamente condicionadas pero con la
determinación de la primera sobre la segunda, en la cual el Modo de Producción
determina históricamente la vida social mediante la correspondencia obligatoria
entre las fuerzas productivas y las relaciones sociales de producción,
constituyentes estas del Ser Social, el que a su vez, y en última instancia,
determina la Conciencia Social (fenómenos socio espirituales).
En este contexto se consiguen algunas interpretaciones del propio Marx
referidas al fenómeno de la pobreza en su carácter histórico estructural:
1.
En las Tesis Sobre Feuerbach (Marx, 1978) se
explica que como consecuencia de la división social del trabajo en el contexto
de las relaciones sociales de producción y su correspondencia al desarrollo de
las fuerzas productivas, se produce la contradicción entre lo urbano y lo rural
y del trabajo manual y el mental, con
ello la distribución del producto social de manera desigual favoreciendo a lo
urbano y mental frente a lo rural y manual. La ubicación en uno u otro sector
no depende de la voluntad de los individuos sino que está predeterminado por
sus condiciones materiales de vida. A los diferentes estadios de desarrollo de
la división del trabajo se corresponden formas determinadas de propiedad que
tiende a excluir de ella a gruesos grupos dela población La pobreza tendería a generarse entre quienes
ocupan posiciones de trabajo manual o vinculados al sector rural.
2.
En su escrito acerca del Trabajo
Alienado Marx (1971) analiza profundamente la situación de miseria que se
genera en el trabajador manual en la sociedad capitalista como consecuencia de
la relación enajenada del trabajador frente a su producto derivada de la
existencia de la propiedad privada. Así el trabajador se encuentra
despojado tanto de su producto como de
si mismo en la venta de su fuerza de trabajo en condiciones de degradación a simple medio de subsistencia, generando
riqueza pero empobreciéndose.
3.
En el capítulo XXIII de El
Capital (Marx, 1977) como parte de su
análisis de la acumulación capitalista se refiere a la producción progresiva
de una superpoblación relativa o ejercito industrial de reserva como parte
de la lógica del desarrollo capitalista. Es así como la existencia de una masa
de asalariados desempleados está vinculada a las posibilidades de expansión
súbita e intermitente de la producción como una necesidad de la moderna
industria. Con el avance de la técnica esta tendencia tiende a acentuarse, de
tal manera que mientras se realiza la acumulación en términos de desarrollo de
nuevas tecnologías con su respectivo crecimiento de la productividad, el
desempleo de la masa trabajadora tiende a crecer y por tanto su condición de pobreza.
El origen medieval de la pobreza en
Inglaterra es descrito por Marx en la pagina 104 de El Capital (Marx, 1977),
cuando describe el proceso mediante el cual, a partir del siglo XVI, la
expropiación de tierras a los pequeños agricultores, y su usurpación por cuenta
de los grandes señores que fueron acumulando, lanzó a la pobreza grandes grupos
humanos que se vieron forzados a emigrar a las ciudades en busca de oportunidad
de vender su fuerza de trabajo y subsistir. Tal situación se habría visto
agravada por el proceso de la llamada Reforma, en la cual la expropiación de
los bienes de la iglesia católica afectó a numerosos trabajadores de esas
tierras, arrendatarios y labradores empujados a proletarizarse y, por ende, a
su pauperacion. Esto se abría de consolidar con la alianza de clases entre la
burguesía inglesa y la monarquía.
En el capítulo Maquinaria y Gran Industria (Marx, 1977,
Págs. 354/358), de El Capital el autor alude a la contradicción generada en el
Capitalismo entre los obreros y las máquinas. En esta contradicción, típica del
capitalismo industrial, destaca la distinción entre la necesidad teórica de
suplir una máquina por una cantidad virtual de obreros, con el desplazamiento
concreto y efectivo de una cantidad de obreros reales por la puesta en
funcionamiento de una moderna maquinaria. Tal distinción no resulta ociosa dada
la justificación ideológica basada en la noción de “progreso”, dominante tanto
en la época del autor como en gran parte del siglo XX, siendo la segunda
situación la que genera empobrecimiento al producir desempleo masivo, mientras
que la primera destaca el aspecto positivo de hacer más productivos a los
obreros que queden empleados.
La contradicción analizada pone de manifiesto que como
efecto de la división del trabajo, el sistema de producción capitalista asume
al trabajador manual como una mercancía de la cual solo interesa su pericia en
el manejo de una herramienta, que, al pasar a ser manejada por una máquina, pierde su valor de uso así
como su valor de cambio. A los obreros desplazados por la incorporación de
nuevas maquinarias, en tanto “población sobrante” e inútil para la explotación capitalista, les
quedarían dos opciones:
Ø Hundirse en la lucha desigual entre la producción manual y de
tecnología simple contra la industria maquinizada.
Ø Empujar el valor de la fuerza de trabajo por debajo de su valor de
mercado al inundar las ramas industriales que les sean accesibles.
Para ilustrar lo expresado Marx cita el caso concreto de
los tejedores algodoneros ingleses hasta
1838 y con más agudeza el de las Indias Occidentales bajo dominio inglés.
(Op.Cit. Pág. 356)
En el capítulo XV de El Capital denominado Cambio de
magnitudes del precio de la fuerza de trabajo y de la plusvalía (Marx, 1977,
Págs. 434/447) mediante el ejemplo concreto de la crisis inglesa de 1799 a
1815, el autor explica como la caída de la plusvalía llevó a los industriales a
medidas extraordinarias, como lo fueron la prolongación de las jornadas
laborales, situación que según afirma tiende a presentarse en situaciones de
guerra y otras crisis; en tales circunstancias se incrementa el capital a costa
de mayores esfuerzos y privaciones de los trabajadores hasta el punto de
incorporar a mujeres y niños al trabajo.
Una de las aportaciones más llamativas del tratamiento de
Marx respecto a la pobreza lo encontramos en sus clasificaciones tanto de la
superpoblación relativa o ejército industrial de reserva, como del pauperismo.
En el primero de los casos se plantea tres modalidades:
Flotante, Latente e Intermitente.
Ø Flotante: conformada por contingentes de obreros despedidos de la
industria que vuelven a ser empleados pero en proporción decreciente respecto
al crecimiento de la producción.
Ø Latente: Parte de la población rural propensa a ser absorbida por el
proletariado urbano, lo cual hace que el obrero agrícola se vea reducido al
salario mínimo y propenso al pauperismo.
Ø Intermitente: Se refiere a obreros empleados pero con base de trabajo
muy irregular lo cual empuja su nivel de vida en forma descendente bajo el
nivel medio de vida de la clase obrera en general, lo cual tiende a traducirse
en la presencia de máximas jornadas de trabajo y mínimos salarios. (Marx, 1977,
Pág. 543/545)
Ø La cuarta capa de la
superpoblación relativa seria la que el autor etiqueta como pauperismo, la cual
estaría compuesta por: “…seres condenados a perecer por la inmovilidad a la que
los condena la división del trabajo,
obreros que sobreviven a la edad normal de su clase y, finalmente por
las víctimas de la industria, cuyo número crece con las máquinas peligrosas,
las minas, las fábricas químicas, etc. Los mutilados, los enfermos, las
viudas”.
Esta cuarta etapa estaría a su vez clasificada:
Ø Personas capacitadas para el trabajo, cuyo número aumenta con las
crisis y disminuye con las reactivaciones económicas.
Ø
Los huérfanos e hijos de pobres
Ø
Los
degradados, despojos, incapaces para el trabajo.
Ø
Habría
que agregar la capa más descompuesta, es decir, el denominado Lumpem
proletariado: prostitutas, delincuentes, etc.
Una modalidad resaltante de
pauperismo es el denominado por Marx “pauperismo oficial”, el cual deriva de la
existencia de un registro que se denominó censo oficial de pobres, del cual se
derivaban atenciones de caridad pública para aquella parte de la clase obrera
que había perdido su base de vida (la venta de su fuerza de trabajo)(Op.Cit.
Pág.554). Tal noción conllevó a establecer criterios “objetivos” para saber
quién estaba en condición de pauperismo, entre los cuales menciona Marx el
estudio referido al estado de nutrición de los obreros de la industria
algodonera para evitar enfermedades del hambre, del cual se obtuvo:
|
Límite Mínimo
|
Límite
Real
|
|
28.600 gr. De Carbono/semana
|
29.211 gr. Carbono/Semana
|
|
1.330 gr. Nitrógeno/semana
|
1295 gr. Nitrógeno/semana
|
Esta investigación oficial demostró
que sólo una clase de obreros activos estaban en el borde del hambre, mientras
dos clases presentaban déficit. A esto
se agregaban condiciones de vida que atacaban la salud aun antes que el hambre:
carencias de vestido, de calefacción, inclemencias del tiempo, reducido espacio
habitable, desagües espantosos, circulación escasa, basura abundante, poco agua
y de la peor calidad. Según Marx lo peor de todo no es que esto lo sufrieran
los pobres por ociosidad sino los trabajadores de las ciudades.
En el capítulo XXIII de El Capital (Marx, 1977) como parte de su análisis de la
acumulación capitalista se refiere a la producción progresiva de una
superpoblación relativa o ejercito industrial de reserva como parte de la
lógica del desarrollo capitalista. Es así como la existencia de una masa de
asalariados desempleados está vinculada a las posibilidades de expansión súbita
e intermitente de la producción como una necesidad de la moderna industria. Con
el avance de la técnica esta tendencia tiende a acentuarse, de tal manera que
mientras se realiza la acumulación en términos de desarrollo de nuevas
tecnologías con su respectivo crecimiento de la productividad, el desempleo de
la masa trabajadora tiende a crecer y
por tanto su condición de pobreza.
La Pauperización como categoría de análisis
aparece propiamente como parte de lo que Marx denominó “Ley de la Acumulación
Capitalista” (Marx, 1977, Pág. 546) Esta ley social determina una acumulación
de miseria equivalente a la acumulación de capital, pues mantiene la
superpoblación relativa (ejercito industrial de reserva) en equilibrio con el
volumen e intensidad de la acumulación capitalista. El autor apoya su
afirmación en una cita de un economista y sacerdote del siglo XVIII (Ortes,
1777) “los pobres y ociosos son un fruto necesario de los ricos y
trabajadores”, así como en la de otro sacerdote (Townsend,1786) y de otro
economista (Storch, 1815) quienes justifican la pobreza como una necesidad de
las clases altas que requieren de personas que se encarguen de las labores
viles para ellos poder dedicarse a tareas más elevadas, por lo cual, su combate
legal iría contra las clases altas. Así mismo su pobreza los hace esclavos de
sus propias necesidades, por lo cual el hambre sería funcional al ser “una
presión pacífica, silenciosa e incesante…” que impulsa a ser industrioso.
(Citado por Marx, 1977, Pág. 546).
Por otra parte ofrece otras evidencias de la
mencionada ley citando el discurso del director general del censo del pueblo
ingles (1843) en el que habría afirmado que la acumulación constante de riqueza
y poder en Las Clases poseedoras apenas favorecería indirectamente a los pobres
al abaratar artículos de primera necesidad, pero no se podría afirmar que
redujera los extremos de la pobreza, a los cual acota Marx que al aumentar los
extremos de la riqueza, los de la pobreza también aumentarían por el
encarecimiento de los productos, aun cuando en algo aumenten los salarios
nominales. (Op.cit. Pág. 546).
En referencia a la citada ley de acumulación
capitalista Engels menciona que el método capitalista de producción no sólo
reproduce su capital sino también la pobreza debido a su necesidad de mantener
una gran masa de obreros que vendan su fuerza de trabajo por el mínimo
necesario para sostenerse en condiciones de trabajar y criar una nueva
generación de proletarios aptos para el trabajo. Tal situación se acentuaría
dado el progreso tecnológico que reduce el número de obreros activos creando a
su vez más obreros sobrantes, los cuales conformarían el “ejercito industrial
de reserva” o súper población relativa a ser contratados a salarios muy bajos,
con lo cual vencerían la resistencia de los obreros activos y mantendrían bajos
sus salarios; a su vez esto incidiría directamente en el crecimiento de la
“superpoblación consolidada” (pobreza estructural o permanente). “ Finalmente,
cuanto más extenso es en la clase obrera el sector de la pobreza y el ejercito
industrial de reserva, tanto mayor es el pauperismo oficial” (Engels, 1981,
Págs., 158/159.
Tal como se ha evidenciado en este breve
recorrido por la investigación realizada por Carlos Marx y Federico Engels, la
preocupación por el fenómeno de la pobreza no es algo marginal sino medular
incluso vinculado a la propia acumulación capitalista. Es de notar que tal
preocupación e importancia otorgada al tema no pareciera compartida por
seguidores del llamado Marxismo. Es así como por ejemplo Miliband, 1987, apenas
hace una mención un tanto marginal en su análisis de las clases sociales en la
sociedad contemporánea cuando afirma: “para completar este cuadro debemos
referirnos a una “subclase” en el extremo inferior de la pirámide .”
Refiriéndose a quienes no están en capacidad de ser empleados en el mercado de
trabajo (Pág. 428).
Uno de los intelectuales más influyentes del
Materialismo Histórico (Nuñez T, 1974, PÁG. 147) al analizar las clases
sociales en Venezuela no incluye a los
pobres en el proletariado sino que asume la categoría “desclasados”
“…generalmente concentrados en las grandes ciudades del país, en sus barrios
más pobres, vinculados con la necesidad al vicio y la corrupción moral y
conformando una amalgama social especial que a manudo conecta con los grupos
desocupados de la clase obrera que pulula en los barrios. También cumple
funciones pequeño burguesas mínimas (buhoneros) para ganarse la vida” (Nuñez T,
1974).
Ahora bien, considero demostrado que el
abordaje de una realidad social concreta mediante el método socio histórico,
tomando como referencia tanto el estado del conocimiento existente para le
época, como autores ideológicamente
contrarios, y apoyándose en informes y estadísticas oficiales de la época, es
un modo válido para la producción de conocimiento útil, que incluso trasciende
los límites del contexto histórico
específico en que fue producido,
aún cuando probablemente no se trate de una ciencia exacta como creyeron
fielmente quienes dogmatizaron los aportes de Marx y Engels.
La pobreza se
asume como sinónimo de pauperismo, el cual no es originario del capitalismo
pero tiene fuertes raíces en el despojos sufridos por sectores desfavorecidos o
poco poderosos a manos de los sectores dominantes. Otro de los orígenes lo identifican
en la contradicción entre lo rural y lo urbano, por un lado y entre los manual
y lo mental; en todo caso su origen es de orden material y se deriva del acceso
y control de los recursos necesarios para la satisfacción de las necesidades.
Sin embargo, el sistema de producción capitalista tiene su propia dinámica
típicamente reproductora de la pobreza, de tal manera que su propia naturaleza
reproduce la pobreza en la misma medida en que propicia la acumulación de
capital, siendo lo primero un prerrequisito para que se de lo segundo. Esto
último es la dinámica que resaltan Marx y Engels como Pauperización.
El texto: el Paradigma de la Complejidad:
Desde hace
algún tiempo incorporé a mis clases de Sociología General la discusión acerca
de la relación del desarrollo de la física con el de la sociología. En este
camino explico como la sociología clásica muestra, incluso en caso del
marxismo, la importante influencia de la física newtoniana. Luego mediante la
proyección de la película “Lo Mejor de la Vida” de Kapra, muestro como los
descubrimientos de la física cuántica tienden a impactar el conocimiento en
ciencias sociales, poniendo en duda los fundamentos de lo clásico.
Eventualmente me he rozado con la teoría del Caos proveniente de la física, sin
embargo no había pasado de incorporarla cómo anécdota ilustrativa de los
cambios por venir en el conocimiento. Así mismo, ya en mis tiempos de tesista
de pregrado había incorporado en mi visión de lo social una cierta
Multidimensionalidad que denotaba la crítica al simplismo y unidimensionalidad
de las perspectivas sociológicas, incluyendo al marxismo. Es así como en el
estudio de viabilidad política de la propuesta del poder popular
autogestionario (1988), el cual exhibe la influencia de la propuesta de Carlos
Mathus en Planificación de Situaciones, concluyo en la necesidad de concebirlo
al menos en tres dimensiones: individual, grupal e interindividual. Luego, en
mis estudios de postgrado en Gerencia Pública acuso mi encuentro con la noción
de “incertidumbre” como estado predominante en el ámbito de la política, la
cual fue incorporada a la Escuela de Ciencias y Técnicas de Gobierno (ESCITEGO)
bajo la influencia de Carlos Mathus. En este sentido dejo constancia de mi
inquietud no desarrollada plenamente por la crítica de la sociología del orden
(a la cual parecería coherente incorporar al marxismo) y abro una vía para la
exploración de la noción de complejidad en Morin.
Retomando la
discusión de Osorio (2001) acerca de la totalidad
y la completud se abre el sendero
para criticar la noción de orden subyacente en el Marxismo como esa
legalidad a ser descubierta, como la
estructuración y Jerarquizacion profunda de la realidad social. Sin embargo, no
es eso lo que hace este autor, sino que sencillamente lo soslaya y pasa a
considerar la discusión acerca de la contraposición de ideas referidas a la
relación entre la totalidad y las partes: la totalidad es más que la suma de
las partes, la totalidad es menos que la suma de las partes y (la que obvia) la
totalidad es igual a la suma de las partes.
La primera de las tesis correspondería, en
primera instancia, a la visión holística, la cual en general tendería a obviar
la jerarquía y estructura (orden) de las
interacciones entre las partes, lo cual conduciría a simplificación y reduccionismo. A esta visión
de la totalidad contrapone la del historiador Marc Bloch quien sí tomaría en cuenta el orden
subyacente, haciéndolo coincidir con la noción de emergencia de Morin como el “carácter de novedad” de las cualidades
de un sistema en comparación con la de los componentes considerados por
separado.
La segunda de
las tesis incorpora la crítica de Morin tanto a la visión holista como a la
tercera tesis denominada simplemente como reduccionista, en la cual afirma que
ambas sufren de “ceguera”, es decir de incapacidad de percibir la realidad. Mientras
los reduccionistas pretenden conocer el todo solo estudiando las partes, los
holistas no ven más que el todo, ante lo cual se propondría entonces concebir
la totalidad social como una unidad compleja en la cual se estudie
simultáneamente las cualidades de las partes y del todo, lo uno y lo diverso o
múltiple, implicaría, según este autor, concebirla como unidad contradictoria
que organiza y desorganiza, que ordena y desordena (Osorio, Op.Cit.).
Es así como me
asomo al enfoque de la complejidad en le cual Morin reconoce que la
simplificación propia del pensamiento científico habría cumplido una muy
importante función pero que el propio desarrollo del conocimiento contemporáneo
implica la superación de tal
simplificación. La selección, Jerarquizacion, separación y reducción (propios
de la simplificación) serían procesos necesarios pero insuficientes para la
comprensión del carácter múltiple y complejo de las cosas, por lo cual incorpora
la comunicación y articulación de lo disociado y distinguido. Es decir, la
complejidad sería la unidad de lo simple y lo complejo de modo antagónico y
complementario. (Morin: 1998)
El pensamiento
científico, y con mayor fuerza el Marxismo, ha pretendido desvelar “lo
invisible detrás del fenómeno”, el orden subyacente de las leyes que
jerarquizan y estructuran, constituyéndose en la realidad “real” tras las
apariencias “falsas”. Es aquí donde Morin afirma que desde la física
contemporánea, de la coexistencia de la Física cuántica y einsteniana, se
revela que esas verdades científicas ya no son tales, que tal orden en lo
profundo en realidad es una cosa diferente a lo esperado y que los
epifenómenos, el desorden del mundo de las apariencias y las interacciones es
también la realidad. Que tal orden superior y esencial que denomina
“tras-mundo”, visto desde el plano de la complejidad sería inconcebible pues no presentaría “ni simplicidad, ni complejidad,
ni orden, ni desorden, ni organización” que en él se disuelven y esfuman
(Morin: 1998, Pág. 145).
Entonces la
complejidad, en última instancia, pretende “denunciar la metafísica del orden”,
el pensamiento mágico y religioso de la fundamentación de un “orden superior”
como “entendimiento divino” que subyacería en el pensamiento de Pitágoras,
Newton y Descartes. La complejidad sería, más que un fundamento, un principio
del pensamiento, un principio regulador que piensa al mundo, a la realidad de
su tejido fenoménico y no procura ser “principio revelador” de su esencia.
Así se
detectaría una estrechez en la visión dialéctica de Marx, a la cual, aún así,
le reconoce Morin la virtud de ser, en tanto visión de conjunto sistémica,
competente para abarcar la totalidad de los aspectos contradictorios. Su
debilidad estaría en no haber incorporado la dialéctica del ruido y de la
lógica, del orden y del desorden.
Tal dialéctica
del orden y el desorden implica la complejidad, en la cual se les concibe
enriquecidos, complementarios, concurrentes, antagónicos, dialógicos y, más
aun, implica “considerarnos a nosotros mismos considerando al mundo”. Aquí la
noción de orden incorpora complejamente la
de constreñimiento, estabilidad, constancia, regularidad, repetición,
estructura, desbordando la de ley. Asume
igualmente su diversidad y unidad con las singularidades, con la interacción.
Así mismo, requiere de la idea de organización
como un nivel superior a la estructura y al orden: la cual constituye y
mantiene un conjunto no reductible a sus partes, disponiendo de cualidades
emergentes y constreñimientos, sobrellevando la retroacción de tales cualidades sobre las
partes constitutivas.
Por su parte el
desorden, enriquecidamente considerado, aunque soporta la de azar la supera.
Morin le adjudica el sobrellevar tanto un polo objetivo como uno subjetivo. El
primero incorpora las agitaciones, dispersiones, colisiones, irregularidades,
inestabilidades, desviaciones, perturbaciones, transformaciones, los choques,
encuentros aleatorios, los eventos, los accidentes, las desorganizaciones, las
desintegraciones, los ruidos y errores. El segundo incluye lo
impredictible, la incertidumbre y lo
relativamente indeterminable. Al igual que requiere la idea de organización
requiere también la de entorno.
Cuando Morin ve
a través de este prisma las ciencias sociales, que él denomina antroposociales,
enfatiza en la debilidad de su estado de desarrollo, en el cual se habría
mitificado doctrinariamente la legalidad, poniendo en duda su carácter
científico, o más bien se habría hecho anticientífica. La comprensión de los
fenómenos socio históricos requerirían para Morin reflexionar acerca de los
embrollos multicausales de orígenes diferentes, el papel desencadenante/motor
de la desviación, de los conflictos, de las crisis, de las guerras; el peso de
eventos singulares, del accidente, del individuo, de la decisión. Aquí
reivindica el bucle orden-desorden-interacción-organización.
En el
pensamiento complejo, como he mencionado, se reivindica lo singular, lo
individual. De allí la importancia de la valoración del evento como noción compleja que incluye lo improbable, lo
accidental, lo aleatorio, lo singular, lo concreto, lo histórico. En nuestra
área del conocimiento, lo social, se valoran eventos que tiene su origen en la
propia aparición del hombre como un gran Evento, del cual se derivan
encadenamientos de eventos (la evolución), entre los cuales resaltan la
aparición del útil y del lenguaje. En el ámbito social los eventos relevantes
tomarán carácter psicosociocultural y su importancia radicaría en su papel
crucial en la historia, escapándose de las leyes estadísticas (por ejemplo el
papel de las guerras, desastres naturales).
Los sistemas
sociales pueden y de hecho tienden a ser modificados por eventos de una
diversidad de órdenes: invenciones y descubrimientos científicos, el encuentro
de dos civilizaciones, la decisión de un tirano. De allí que Morin reivindica
el carácter evenencial de la historia, que ha sido rechazado desde las
perspectivas dominadas por la metafísica que privilegian los procesos
autogenerativos (por ejemplo el materialismo histórico). La visión compleja exige la combinación
dialéctica de lo autogenerativo con lo heterogenerativo en la comprensión
histórica, es decir, requiere formular su unidad teórica sistemoevenecial, para lo cual el camino sería la
transdisciplinariedad superadora de las limitaciones de la sociología y de la
historia.
Preocupa a
Morin que la preeminencia de las teorías estructuralistas y de las tendencias
estadisticistas en las ciencias humanas, así como los modelos mecánico/físicos
o parabiológicos (funcionalismo) en Sociología, le hagan rechazar lo improbable
por considerarlo aberrante y anómico, lo que lleva a rechazar la propia noción
de evolución como “una sucesión de aberraciones que actualizan las
improbabilidades”. Por el contrario, identifica en la ciencia económica avances
al respecto al reconocer el papel de las crisis y de los umbrales evenenciales en los procesos de desarrollo, como complejo
de circunstancias históricas situadas y fechadas. Detrás de ello estaría la
hipótesis de que el cambio permanente que afecta a las actuales sociedades
evolucionantes sería al mismo tiempo crisis y catástrofe, utilizados por las
fuerzas desestructurantes activas para reestructurarse de otra manera, multiplicándose
necesariamente los eventos. Por esto no se explica la negativa de la sociología
a asumir la dialéctica de lo organizacional con lo evenencial.
Lo
organizacional (principios generativos de orden) en la sociedad moderna es
identificado en las reglas culturales, la división del trabajo (Coacciones
jerarquizantes y especialización) y los aparatos de Estado (Coerción,
represión, encauzamiento). Las fuerzas del desorden, de lo evenencial se
expresa en el libre juego de las interacciones entre individuos, los márgenes
de libertad. La naturaleza demográfica que caracteriza tales sociedades centra
su problemática tanto en el carácter organizador / desorganizador de los
antagonismos de clases sociales, como en los aparatos o instituciones
organizativas (genoestructuras independientes y subordinados) y en las
naciones. Sería clave enlazar el
problema de las clases sociales con el de la organización social (fenómeno
psicocerebral, sistema combinatorio de multiconexión de los cerebros de los
individuos) sin subordinar este último, lo que conduce a estudiar el problema
de la desigualdad social en términos organizativos fundamentales: “las clases y
categorías dominantes son aquellas que detentan el poder de
decisión/programación y las clases dominadas o explotadas son las que están
reducidas a tareas energéticas” (Morin) es decir, poder/control/mando vs
ejecución mecánica, Saber y no saber, como apropiación de los modos de
autoproducción de la sociedad, de lo genoestructural e informativo.
Afirma Morin
que la forma que ha asumido la dominación en las sociedades humanas sería una
amplificación de la herencia de las sociedades de primates de las compulsiones
mamíferas de dominio y de agresión, ante las cuales la cultura, a la vez que
instrumento de inhibición y control de tales impulsos naturales, se convierte
en instrumento de consolidación institucional de privilegios de clase e
individuales, para la apropiación del poder político, económico y cultural. La Cultura como dispositivo generativo
(propiamente sociológico en el sentido de no provenir de información genética)
es el punto de partida de las genoestructuras (aparatos, instituciones) y juega
papel estelar en la complejidad: por una parte rechaza lo nuevo pero por otra
debe ser apta para integrarlo. En ello los fenómenos cognoscitivos que median
en la relación del individuo, la sociedad y el entorno, inclusive natural, se
conciben mitológicamente: fantasmas, espectros, la muerte, ritos mágicos o
religiosos. Así, el mantenimiento de la identidad social frente a los extraños
se realiza mediante procesos psico afectivos de proyección/identificación,
diversificación de lenguas, creencias, costumbres; pareciendo fuerzas que
controlan e inhiben las capacidades inauditas.
La comprensión
de la realidad estudiada desde la perspectiva de la complejidad hace necesario
incorporar explícitamente los principios básicos de tal paradigma, aun cuando
ya se encuentren implícitos en las reflexiones precedentes. La complejidad
implica que todo objeto de estudio debe ser entendido en su contexto o entorno:
v
Principio Dialógico: implica la unidad
contradictoria, a la vez complementaria de los aspectos de la realidad. A
diferencia de la dialéctica no implica superación del uno por el otro sino
coexistencia.
v
Principio de Recursividad: El efecto se vuelve
causa y viceversa, los productos son productores, el individuo hace cultura y
la cultura hace individuos. Derrumba el principio de causalidad lineal del
positivismo.
v
Principio Hologramático: Busca superar los
principios de reduccionismo y holismo. Concibe la parte en el todo y el todo en
cada parte
Transversalmente
el pensamiento complejo involucra las nociones de Paradigma y de Sujeto. El
primero refiere a la estructura mental y cultural a partir de la cual se
observa la realidad, mientras que el segundo se aplicaría a todo ser viviente
que cumpliera con las características de Individualidad, autonomía relativa y
capacidad de procesamiento de información.
Plantea así
mismo una triada conceptual entre el individuo, la sociedad y la especie, de
cuyo tejido concurrente/complementario/antagónico emergería la compleja
autonomía del individuo.
Con estos
elementos y principios se trata de pensar la noción de pobreza a partir del
paradigma de complejidad. Evidentemente este paradigma considera que los otros
que hemos descrito parten de una visión de simplicidad que no permiten conocer
realmente al fenómeno, sin embargo seria la perspectiva del materialismo
histórico con su visión dialéctica e históricamente profunda la más cercana,
aún cuando estaría, como ya he mencionado partiendo de la metafísica de un
orden superior y subyacente sin tomar en cuenta los desordenes y las
eventualidades.
Comprender la
Pobreza en su complejidad implica ubicar el fenómeno en su Multidimensionalidad,
comenzando con el contexto pertinente. En este caso lo afirmado por Marx en sus
escritos proporcionaría un punto de partida general en cuanto a la sociedad
occidental se refiere. Sin embargo, comprender la pobreza como fenómeno
concreto en la sociedad venezolana actual exige hacer una delimitación
histórica concreta en los ámbitos relevantes, es decir, el económico, el
político y el ideológico:
El Contexto:
La génesis histórica de la pobreza en Venezuela en particular y de
América Latina en General habría que ubicarla en la violenta conquista y
colonización de estos espacios por los europeos a partir del siglo XV. Las masacres de indígenas, su posterior
esclavización mediante la figura de la encomienda, la inmigración forzada de
africanos secuestrados para ser vendidos como esclavos, la expoliación de los
recursos naturales, conformaron un modelo socioeconómico colonial de economía
de enclave con profundas divisiones y desigualdad sociales. El logro de la
independencia no cambió el patrón de desigualdad pues los militares
sobrevivientes se ligaron a la oligarquía criolla restituyendo la esclavitud y
repartiéndose las tierras., seguida por las múltiples guerras civiles de
caudillos, incluido la Guerra Federal acentuó la desigualdad y exclusión en el
marco de una sociedad dispersa, y predominantemente rural. El inicio de la
explotación petrolera impulsó la migración del campo a la ciudad en busca de
mejores condiciones de vida en una economía típicamente de enclave que se
mantuvo hasta los años 50.
La coyuntura de finales de la década de los 50 y mediados de los años
ochenta del siglo XX se caracterizó por ser la última fase de la hegemonía del
paradigma Keynesiano predominante en la segunda posguerra y su desplazamiento
por el modelo neoliberal, situación que incluso afecta en forma de
liberalización económica a los países del para entonces bloque socialista:
China y la URSS. Ciertamente los paradigmas hegemónicos del mundo tendieron a
derrumbarse en este periodo ante la imposibilidad de dar respuestas a las
necesidades del momento histórico, situación que hizo tambalear a los países
del llamado tercer mundo, con ellos a América Latina y Venezuela en particular,
lo cual se manifestó en el fracaso y posterior abandono de las políticas de
industrialización sustitutiva e integración económica.
Otro de los signos de tal
coyuntura fue el desplazamiento del eje del conflicto mundial del Este/oeste al
norte/sur, evidenciado en:
v
la contracción de los flujos económicos del
norte hacia el sur y su concentración en países desarrollados (Europa y Japón),
v
en la
caída de la demanda de materias primas por parte de la economía industrial,
v
la disminución creciente del empleo obrero,
v
el
surgimiento de la hegemonía de la economía simbólica y crisis de la deuda
externa.
La condición de país petrolero por parte de Venezuela se tradujo en la
coyuntura, a pesar de la nacionalización de la industria petrolera, en un acrecentamiento de la dependencia de
nuestra economía de la economía externa, con la consiguiente incertidumbre
dados los cambios en el comercio mundial, mientras que gran parte de la
economía interna estaba dominada por la inversión extranjera, principalmente la
norteamericana.
El compromiso de los sectores de poder económico y político nacional con los modelos de desarrollo basados
en el transplante (aún cuando no asimilación) de tecnologías, el consumismo y
la transnacionalización de la economía fue lo imperante de la época. De hecho,
a partir de 1974 y aprovechando el importantísimo elemento coyuntural de la
triplicación de los ingresos petroleros a consecuencia de la violenta alza de
los precios del crudo en el mercado internacional, el Estado impulsa un cambio en la hegemonía
del bloque en el poder en detrimento de la burguesía tradicional, favoreciendo
a la llamada burguesía emergente y dejando como saldo el endeudamiento, déficit
fiscal y de balanza de pagos. Así mismo, según Maza Zavala (1985) el país entró
en una transición marcada por el agotamiento de la eficacia del gasto público
como motor del crecimiento económico, la deuda externa y la estrechez del
mercado interno, a lo cual se agregó el considerable crecimiento del sector
informal de la economía. El Modelo de Sustitución de Importaciones impulsado en
América Latina a instancias de la Comisión Económica para la América Latina
(CEPAL), y como resultado de las relaciones de poder político hegemónico para
la época. Su objetivo fue reemplazar el modelo primario exportador que
predominaba en estas economías por el de producción industrial propia, mediante
una estrategia que priorizaba en el desarrollo de mercados internos, comenzando
por bienes de consumo final para luego llegar a los bienes intermedios y de
capital. Esto requería de la práctica por parte de los Estados Nacionales de un
Proteccionismo selectivo de : mercados, subvenciones, inversión estatal y sobre
todo construcción de infraestructura. Este modelo tuvo éxitos considerables
tales como:
Ø
Altas tasas de crecimiento económico regionales
hasta 1980.
Ø
Crecimiento de la participación del sector
industrial en las economías.
Ø
Modernización de las administraciones públicas
de los estados nacionales.
Ø
Mejoras sustanciales de las condiciones de vida
de la población.
Pero tal modelo encontró sus límites en la crisis de la deuda
externa de los años 80 dado que la
industria que generó era de altos costos y baja productividad, así como poco
competitiva. Adicionalmente no se produjo los impactos esperados en los
mercados de trabajo latinoamericanos, los cuales fueron incapaces de absorber
las potencialidades generadas en la mano de obra especializada desviándose al
sector servicios, mientras que los aparatos estatales se presentaron inflados,
poco eficientes y corrompidos.
De tal manera que la década de los ochenta, otra vez resultado de las
relaciones de poder en la región, dio paso a los programas de ajustes
Neoliberales, los cuales se caracterizaron por:
Ø
Desregulación, privatización y
reestructuraciones productivas.
Ø
Eliminación del proteccionismo y orientación de
las economías hacia las exportaciones.
Ø
Impulso al ahorro y la inversión.
A este modelo se
le ha criticado el hecho de que genera competencia de economías débiles con
otras más poderosas en aparente igualdad de condiciones. Se dice que agudiza la
pobreza dada que exacerba las inequidades crecientes generando desintegración
social y, finalmente, acentúa las distorsiones endógenas del mercado generando
problemas estructurales.
El Modelo Político Dominante
en la coyuntura descrita es el resultado del llamado Pacto de Punto Fijo, en el
cual los partidos del Status (AD y COPEI)
constituyeron compromisos con el bloque dominante en el poder a cambio
de financiamiento a las campañas políticas, mientras que la expresión gremial
de la burguesía (FEDECAMARAS) comparte el poder político mediante el ejercicio
de las carteras ministeriales de su interés y curules en el Congreso Nacional, a la vez que mantenían en su poder los medios
de comunicación social.
En sí predominaba un sistema político concentrado y excluyente, basado en
una alianza de élites incluso de origen obrero como es el caso de la CTV. Según
Arturo Sosa se trataba de una estructura de pacto como medio ordinario para
conseguir la conciliación de intereses sociales, la cual basaba su eficacia en
la existencia de élites poco numerosas, representativas de partidos populistas
y un aparato estatal con gran autonomía económica, junto a una sociedad civil
muy desarticulada. A estos pactos se unió inclusive la alta jerarquía de la
iglesia católica, legitimando un orden autoritario fundamentado en el uso
sistemático y constante de los aparatos represivos del estado, el enfrentamiento
de las protestas populares con mecanismos que iban desde la persuasión mediante
la presencia armada de cuerpos policiales, pasando por la disolución de
manifestaciones con armamento antimotín, hasta la eliminación física de los
dirigentes opositores (casos Yumare y Cantaura).
Este modelo de poder hizo crisis a finales de la década de los 80 y
principios de los 90. Específicamente emblemáticos resultan los eventos del
denominado “Caracazo” en 1989 y los intentos de golpes de estado del año 92, la
destitución del Presidente de la República en el primer semestre de 1993, con
los que se evidencia la pérdida de legitimidad de los partidos políticos
tradicionales. En el año 1999 se produce un evento político de gran
envergadura, tras el triunfo en las elecciones presidenciales del 98 del
candidato que recogió el descontento de los venezolanos derrotando a los
representantes de los partidos tradicionales reunidos en una candidatura única.
El evento mencionado fue la conformación de una Asamblea Constituyente y la
consecuente aprobación por referéndum de una nueva Constitución que decanta y
expresa transformaciones sustanciales en las reglas de juego. El periodo desde
el año 2000 hasta la actualidad se ha caracterizado por la resistencia y
reacción de los factores de poder dominantes ante los cambios impulsados en la
llamada Revolución bolivariana. Es así como se han presentado encadenamientos
de eventos, entre los que resaltan el golpe de estado de abril de 2002, el paro
petrolero de diciembre 2002-marzo 2003, las llamadas “guarimbas” y el Referendo
Revocatorio de Agosto de 2004, que han constituido picos en los choques con las
fuerzas sociales emergentes que apoyan los cambios.
El Modelo Ideológico Dominante
en la coyuntura se derivó de factores tales como:
v
Mestizaje étnico cultural particular de nuestra
sociedad.
v
Transculturización neocolonial con predominio de
valores y comportamientos propios del “American way life”.
v
Sensación de Riqueza colectiva derivada de la
renta petrolera, crisis ciudadana con pérdida de identidad
v
Creciente presencia del pensamiento
tecnocratizante, ahistórico, formal y cientificista.
De ello se derivó un sistema ideológico dominante caracterizado por:
v
La Asunción como norma y necesaria de la estructuración vertical de todas las
instancias de organización social, con delegación hacia arriba mediante la idea
de la representatividad, división social del trabajo manual e intelectual, (los
llamados cogollos).
v
La competencia como forma predominante de
relación interindividual e intergrupal.
v
La tendencia al máximo consumo como vía de
acceso a estatus de vida superiores como apariencia social.
v
Clientelismo político y apropiación privada de
lo público.
v
Sumisión e impotencia ante el poder del Estado.
v
Sujetos dominados/ determinados pasivos,
competitivos, egoístas, individualistas, compulsivos, intolerantes, agresivos,
autoritarios. (Cedeño, 1985)
El proceso de cambios denominado Revolución Bolivariana propugna valores
e ideas que apuntan a una ruptura con el modelo ideológico descrito, sin
embargo aún predomina gran parte de las expresiones culturales mencionadas.
Probablemente pudiera indicarse como cambios las actitudes mayoritarias frente
a la participación política expresada en las movilizaciones masivas tanto de
las fuerzas del cambio como de los opositores, y especialmente en las
votaciones referendarias. También destaca la actitud favorable hacia la
constitución de organizaciones de participación de base tanto en el ámbito
político como económico.
Lo descrito supra se ubica en el ámbito del orden, aun cuando presenta
manifestaciones del caos y el desorden:
v
los intentos de
insurrección tanto de derecha como de izquierda en los primeros años 60
(Carupanazo, Porteñazo),
v
la exclusión del partido comunista venezolano
del Pacto de Punto Fijo y la alineación incondicional frente al gobierno
norteamericano,
v
la guerra
de guerrillas y posterior derrota de la izquierda insurreccional en los
sesenta,
v
el mantenimiento de focos de guerrilla urbana y
la fuerte represión contra los grupos de izquierda radical durante los años
setenta, y ochenta.
v
Las cíclicas crisis externas que implicaron
durante todo el periodo repuntes y posteriores caídas de los ingresos
petroleros.
El fenómeno:
La pobreza debe ser comprendida como un fenómeno complejo envuelto en una
multicausalidad. Enmarcados en el pensamiento de Morin lo ubico en la dinámica
demográfica actual organizadora/desorganizadora de los antagonismos de clases
sociales y de los aparatos e instituciones organizativas. Es así como la
pobreza es sufrida por amplias capas de
la población ubicadas o no en la noción
clásica marxista de las clases sociales, manifestándose desde la carencia de
recursos mínimos para satisfacer necesidades elementales hasta los sectores
medios empobrecidos debido a la caída de su poder adquisitivo real. Los
aparatos e instituciones organizativas
tendencial y tradicionalmente son controlados por individuos que pertenecen o
responden a los intereses de las clases
dominantes quienes han mantenido el privilegio del acceso a la formación
universitaria o de la propiedad sobre bienes cuantiosos generalmente
provenientes de la renta petrolera. Así se presentan las élites dirigentes de
la alta jerarquía eclesiástica, del
movimiento sindical, de los gremios empresariales, de las universidades, de los
colegios profesionales, de los círculos culturales, de los medios privados de
comunicación masiva, de los partidos políticos tradicionales como controladores
de las principales instituciones sociales. Los gruesos grupos de población que
padecen la pobreza se caracterizan por:
v
Exclusión o inaccesibilidad temprana del aparato
escolar, de hecho muy pocos acceden a la formación técnica y universitaria;
v
desintegración de los núcleos familiares con
preeminencia de las familias monoparentales.
v
Sometimiento a presiones sociales y psicológicas
provenientes tanto de grupos de desadaptados (delincuencia) como de los cuerpos
represivos.
v
Las
reglas culturales predominantes los excluyen del acceso a la toma de
decisiones incluso acerca de sus propias
vidas.
v
Su participación en la división del trabajo es
predominantemente subordinada
v
Necesidades básicas insatisfechas especialmente
en lo relativo a alimentación y salud.
Paradójica y
complementariamente se observa en las comunidades genéricamente afectadas por
el fenómeno de la pobreza:
v
Que muchos individuos exhiben bienes
considerados prohibitivos para ellos tales como: Indumentarias a la moda,
teléfonos celulares de última generación, electrodomésticos costosos
especialmente televisores y aparatos de sonido, vehículos automotores incluso
de último modelo.
Otro aspecto relevante lo constituyen los procesos
psicoafectivos de
proyección/identificación generándose un modo de ser de los individuos integrantes
de las llamadas comunidades populares: un modo de hablar, gesticular, vestir,
gustos musicales, entre otros.
Si sometemos a los principios de la complejidad estas
reflexiones obtenemos:
Principio Dialógico: la pobreza es un fenómeno
contradictorio en si mismo y con respecto a los sectores sociales dominantes
configurando relaciones de cooperación y lucha en el ámbito de la división del
trabajo: los pobres constituyen la mano de obra instruida o no de los procesos
económicos dirigidos por los dueños del capital, e incluso constituyen el
personal que cuida los bienes, hace la limpieza, cuida sus hijos.
Principio de Recursividad: mucho se ha hablado del
círculo vicioso de la pobreza. El pobre reproduce la pobreza tanto como la
pobreza produce pobres. Basta recordar el desestímulo de los padres en familias
pobres para continuar la instrucción posterior al sexto grado, especialmente en
individuos de sexo femenino, estimulando más bien su incorporación temprana a
la vida sexual y la consecuente reproducción en nuevos hijos de la pobreza. Así
mismo, la escuela del medio popular desestima las capacidades y potencialidades
de los individuos que forma, reforzando en ellos los patrones mentales que les
inhiben su superación.
Principio
Hologramático: el fenómeno de la pobreza como aspecto parcial de la realidad
reproduce en si mismo las contradicciones propias de la totalidad de la
sociedad en la cual coexiste contradictoriamente con el fenómeno de la riqueza
y la dominación. Es así como no hay una tabula rasa en el conjunto humano que
manifiesta el fenómeno, no hay igualdad entre los individuos. Incluso existen
manifestaciones evidentes de explotación de unos por otros, como es el caso de
expresiones del comercio informal. Así mismo las relaciones de género tienden a
ser reproductoras de la desigualdad social a lo interno de estas capas sociales:
los pobres entre los pobres tienden a ser las mujeres. Por otra parte no se ha
demostrado que simplemente eliminando la propiedad privada de los medios de
producción se garantice la salida de esta situación, como diría Morin, la
desigualdad trasciende al plano de la dominación cultural.
Necesario es reconocer que la aplicación del modelo de
complejidad enriquece la explicación y comprensión del fenómeno de la pobreza.
Sin embargo, también es cierto que la reflexión aquí intentada adolece de
limitaciones importantes. Especialmente resalto el aparente mecanicismo en la
aplicación de los elementos conceptuales y la ausencia de profundización en
aspectos cualitativos y subjetivos del fenómeno.
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