domingo, 9 de octubre de 2016

La Comprensión de la Pobreza desde el Pensamiento Complejo



UNIVERSIDAD DE CARABOBO
AREA DE ESTUDIOS DE POSGRADO
FACULTAD DE CIENCIAS DE LA SALUD
DOCTORADO EN CIENCIAS SOCIALES
MENCION ESTUDIOS CULTURALES
DERIVA DEL SIGNIFICANTE: LA ANTROPOLOGÍA COMPLEJA











La Comprensión de la Pobreza
 a partir del 
Pensamiento Complejo






Autor: Angel Deza Gaviria

Facilitador: Dr. Alejandro García Malpica








Valencia, Septiembre de 2004.




Introducción


Este ensayo corresponde al trabajo final del Seminario “Deriva del Significante: la Antropología Compleja” dictada en el Doctorado en Ciencias Sociales Mención Estudios Culturales por el Dr. Alejandro García Malpica. Se trata de un primer acercamiento al pensamiento complejo propugnado por el intelectual francés Edgar Morin.

Durante el seminario recorrimos junto al profesor la autobiografía del autor a la cual involucra como parte fundamental de su obra dado que el sujeto de investigación en su opinión forma parte del objeto de la comprensión y explicación compleja. La fascinación por el fenómeno de la muerte aparece como aspecto central de la cultura humana sirve de apertura al recorrido, un tanto superficial por razones de tiempo, de la vida y obra de Morin.

El paradigma de complejidad constituye una reacción ante el reduccionismo y la simplicidad holística en las ciencias sociales contemporáneas. Es la consecuencia de la incorporación de los avances de la física cuántica, de la cibernética y de la biología al repensamiento del problema del conocimiento científico desde una perspectiva que atraviesa las disciplinas.

Intento aquí hacer un ejercicio de aplicación de los principios del pensamiento complejo a la problemática que es objeto de mi investigación: la pobreza. En este sentido, parto de mi involucramiento en el proceso de investigación dejando explícito las influencias teóricas, metodológicas e ideológicas que se presentan en mi formación y práctica disciplinaria, así como en mi vida intelectual. Seguidamente enfrento la discusión del problema de la totalidad social que siempre he considerado central en el pensamiento social, revisando las posturas que me han parecido más relevantes en la construcción de mi objeto de estudio. Posteriormente exploro la literatura a mi alcance referida al pensamiento complejo para identificar aquellos aspectos que pudieran ser de utilidad para su incorporación en mi investigación para, finalmente, realizar un ejercicio de aplicación de loes elementos identificados en la comprensión del fenómeno de la pobreza.


Puesta en Juego y exposición del investigador:

Para ser consecuente con el ejercicio que aquí aplicamos es menester reconocer que mi formación disciplinar en los años ochenta del siglo pasado fue marcada por una gama limitada  de influencias teóricas, ideológicas y políticas que constituyen el fundamento de mi percepción. En este sentido, la sociología de corte marxista pregonada por mis profesores más cercanos, quienes a su vez fueron formados en la Escuela de Sociología y Antropología de la Universidad Central de Venezuela en los años sesenta y setenta del siglo XX, en conjunto con la militancia en movimientos estudiantiles de izquierda radical heterodoxa, constituyeron  las fuentes de mi formación. Allí la contraposición ideológica que me persigue entre las Sociologías del Consenso comprometidas con el sostenimiento del sistema capitalista (atomistas, ahistóricas, psicologistas, parceladas, descriptivas), a las que he tendido a rechazar y la Sociología Marxista (totalizante, crítica, histórica, transformadora) a la que me ha unido un fuerte afecto.
 
Un aspecto que en mi formación sociológica me ha parecido central respecto a la realidad social es la noción de “totalidad”. Tan es así que tiendo a contraponer las diversas perspectivas teóricas en función de dicho concepto. La relación entre lo particular y lo general como posibilidad de conocimiento de la realidad social parece ser un punto de encuentros y desencuentros, pero sobre todo de mal entendidos propiciados, en mi opinión más por los interpretes de los llamados clásicos que por los propios clásicos. Pero sólo recientemente me doy cuenta, gracias a la lectura de la reseña que hace Giner (2001) acerca de Georg Simmel que quizás haya otras nociones que entran en la discusión y que damos por supuestas u obvias, pero que para otros autores tienden a ser las centrales. Este es el caso de las nociones de “realidad” y “verdad”. En mi caso he tendido a utilizar como sinónimos “totalidad” y “realidad”, o más específicamente “realidad social” asumiendo como cierto el que la realidad es una sola y que lo que cambia  (o es variable) es la perspectiva  de los actores, que constituye su verdad. Para mi sorpresa en la reseña citada se menciona explícitamente la postura simmeliana de diferenciar la realidad de la verdad pero asumiendo que la “verdad es única” por definición, habiendo una verdad última que englobaría las verdades de cada cual, como diversidad de modos de acercamiento a tal verdad (Giner: 2001, p. 349). Por su parte la realidad variaría y tendría facetas, ambigüedades, y polivalencias, por lo cual  habría tantas realidades como relaciones existieren.

Las lejanas referencias que había tenido de los planteamientos de Morin  y la teoría de la complejidad  me los figuraba como coincidentes con mi visión de la totalidad y la realidad, sin embargo parece ser la cosa un poco más complicada. Morin se apoya en una famosa frase de Adorno para cuestionar la noción de “totalidad”: “la totalidad es la no verdad”, afirmando que el esfuerzo por la articulación y consolidación  de saberes dispersos, en tensión con el movimiento contrario en su propio abordaje del conocimiento, es entendido erróneamente como totalizante, dado que él mismo habría renunciado explícitamente a toda esperanza de “pensamiento verdaderamente integrador” (Morin: 1991). Tal renuncia se afirmaría en el reconocimiento previo de la imposibilidad de la totalidad como verdad, siendo la aspiración a la totalidad una aspiración a la verdad.   Por tanto, enfatiza en el sentido contradictorio de la totalidad que sería simultáneamente “verdad y no verdad” reconociendo que la faceta del hegelianismo que le anima “es la confrontación de las contradicciones que se presentan sin cesar al espíritu” así como el papel de la negatividad, pero no la síntesis, el Estado Absoluto o el Espíritu Absoluto. Entonces, es importante para entenderlo dejar claramente diferenciados las dos facetas del hegelianismo, la de la contradicción y la de la síntesis, aun cuando ambas conforman la Ley de las Contradicciones o de la Unidad de Contrarios recogida luego por la dialéctica materialista.

No obstante lo anterior, se muestra conforme Morin con la búsqueda de un  “meta-nivel” superador de la contradicción sin negarla, que incluya brechas, incertidumbres, indefiniciones, problemas. (Morin: Op.Cit) Siendo así, no podría sino definir sus fundamentos como “conciencia de la destrucción de los fundamentos de la certidumbre”.

En el camino de la exploración intelectual me conseguí con un texto esclarecedor de Jaime Osorio (Osorio:2001), con cuyo contenido sentí una grata afinidad,  incluso tranquilizante en el sentido de sentir cierta compañía intelectual. En este texto se dedica el primer capítulo al tratamiento de la totalidad social como unidad compleja, afrontando las concepciones de Weber y Marx  en principio mediante la identificación del tratamiento que cada uno da en su construcción de conocimiento a la relación entre lo particular y lo general o entre lo ideográfico y lo nomotético. Para el primero, la clave de la explicación comprensiva, como ocupación característica de las disciplinas socio-históricas, trataría de acceder al “conocimiento de regularidades probables, comprensibles” por los motivos y el sentido otorgado por sus actores, para lo cual propone la construcción de tipos ideales como conceptos generales (lo general) que permitan conocer procesos particulares (lo particular), con lo cual no se enfatizaría en lo genérico sino en lo específico de los fenómenos culturales. Esto lo interpreta OOoookkjndoeakneoiLKKIONEOsorio como subordinación del conocimiento nomotético al ideográfico. Por su parte Marx, en su estrategia de transformación de la realidad social habría requerido conocer las reglas generales que rigen sus movimientos generales pero a su vez  dilucidar las especificidades de momentos y procesos particulares, lo que es interpretado por el autor como subordinación de lo ideográfico a lo nomotético en la cual las especificidades alcanzarían inteligibilidad en el marco de la interpretación global. (Osorio, Op.Cit)

Particularmente, demostrativo parece ser en este texto la diferenciación entre “totalidad” y “completud”.   En tal sentido el autor denuncia el que comúnmente tiendan a ser asimiladas como sinónimos, especialmente si entendemos la primera como la suma de todos los fenómenos y acontecimientos que simultáneamente se presentan, en el marco de una realidad infinita. Tal infinitud sería justamente la que generaría la incapacidad del conocimiento humano para abarcarlo todo. La totalidad, diferenciada de la completud en el pensamiento marxista, sería en todo caso lo que organiza a la realidad infinita, es decir las reglas que la estructuran en diversos niveles “unos inmediatos, perceptibles a simple vista, por lo general engañosos, y otros más profundos, que es necesario construir y desentrañar.” (Osorio: Op.Cit. Pag. 24)

A partir de estas reflexiones resumo aquí el resumen de lo que he avanzado  en mi puesta al día en la comprensión del objeto de mi interés teórico, es decir la explicación del fenómeno de la pobreza a partir de algunas de las corrientes del pensamiento contemporáneo considerada por Morin como reduccionistas y simplificadora:


a. Pobreza e Individualismo Metodológico:

Se reconoce en autores como Popper (1967) y  Hayec (1980) el liderazgo de la concepción que parte de la negación de la existencia de una totalidad con comportamiento cualitativamente autónomo, en otras palabras le visión de que la realidad como totalidad no es más que la suma de sus partes. Estas partes o átomos la constituyen los individuos humanos, de cuyas acciones, intereses, actitudes y comportamientos resultan los fenómenos sociales. En tal sentido las premisas fundamentales de la mencionada postura se resumen en (Osorio ,2001):
1.            El Individuo humano es la unidad empírica e irreductible susceptible del conocimiento de las ciencias sociales, por lo cual se estaría hablando tanto del plano metodológico como desde el ontológico pues se asume que lo único propiamente real son los individuos.
2.            La totalidad social no es susceptible de conocerse por las ciencias sociales. En esta premisa paradójicamente no se niega la existencia de una totalidad sino que se remite la imposibilidad de su conocimiento en función de su infinitud.

A esta concepción extrema se une la teoría de public choice que parte de la necesidad de comprender el comportamiento de los individuos bajo el supuesto central de su búsqueda de maximizar los beneficios individuales como explicación a las elecciones de los actores sociales. (Osorio, op cit)

Desde esta perspectiva la pobreza como fenómeno social se reduce a las actitudes, intereses, acciones y comportamientos de individuos cuya situación es derivada de decisiones tomadas a lo largo de su vida. Entender la pobreza parte de entender al pobre. Pareciera en apariencia coincidir con el análisis Simmeliano de El Pobre como tipo social derivado de la categorización de personalidades en las determinaciones psicológicas de las relaciones sociales, no obstante que Simmel explícitamente negaba la concepción individualista de lo social, más bien se planteaba la perspectiva emergente desde los psicológico hasta lo metafísico en tres niveles de análisis. Thimassef (1961) explica que este autor  niega la posibilidad de explicar la sociedad como entidad psíquica independiente de las mentes individuales pero también su reducción a la suma de individuos a manera de átomos . Más bien la entiende como una unidad objetiva que  se revela en su contraste con la suma de los individuos y expresa las relaciones recíprocas entre sus elementos humanos  (Thimasseff, op cit p. 132). En tal contexto para Simmel la pobreza sería parte inherente al orden social, pues los pobres en tanto seres humanos tendrían un derecho radical a su existencia y más aún, asumen que lo tiene también a ser asistidos dado que entienden su condición como parte de una injusticia de orden cósmico. Así los esfuerzos de reducción de la pobreza por medio de la asistencia habitual, bien religiosa o gubernamental, lejos de suprimirla  la refuerzan, dado que en última instancia su fin sería el de mitigar ciertas manifestaciones extremas de la diferenciación social mientras se sigue apoyando la estructura social en tal diferenciación, en otras palabras solo se transfiere al pobre la cantidad de recursos que requiere el propio orden para su mantenimiento.

Quienes practican  micro sociología  tienden a coincidir en gran parte con la visión atomista que propone el individualismo metodológico. En este ámbito encontramos aplicaciones parciales de la teoría de la acción social de Weber, entendiendo esta noción como la unidad mínima de análisis de lo social que consiste en comportamientos subjetivamente interpretados por los propios actores individuales siempre en atención a las expectativas de otros actores. Así se entiende que los fenómenos sociales sólo existen como pluralidad de actores individuales satisfaciendo sus  mutuas expectativas. Allí la racionalidad o no de las motivaciones de los actores explicaría las relaciones del tejido social, donde la acción social motivada racionalmente a fines sería la típica de quienes triunfan en la sociedad moderna, es decir en el capitalismo, mientras que la predominancia de motivaciones no racionales caracterizaría a tejidos sociales no modernos. Entonces es posible explicar la pobreza en términos de una pluralidad de actores que se relacionan mediante acciones sociales motivadas no racionalmente bien sea con predominio de motivaciones tradicionales o afectivas. Siendo así  los grupos sociales en situación de pobreza deben ser sujetos a programas de socialización que contribuya a su asimilación mediante la inculcación de la racionalidad moderna, es así como los procesos de reforma agraria y urbana se ven como procesos de modernización en ataque la “cultura de la Pobreza” muy al estilo de los estudios de la marginalidad como el de Barroso (1992).

Desde luego que meter en mismo saco a todos los que comparten el Individualismo metodológico es poco menos que una aberración, dado que el mismo Popper se resistiría a ser identificado con los principios del Conductismo Social dada su reserva respecto a los reduccionismos psicologistas, y su enfoque de orden Institucional (Homans en Guiddens, 1990).  Sin embargo, Homans (op, cit 1990) defiende con mucha fuerza la Preeminencia del Conductismo Social como base científica de la Sociología al afirmar que esta cumple requisitos tales como: establecimiento de leyes de subsunción, el Individualismo metodológico. Precisamente en la justificación de esta postura cita  a John Stuart Mill  afirmando que los hombres en sociedad no tiene más propiedades que las que se derivarían de las leyes de la naturaleza del hombre individual. Extrañamente Del Percio (2000) pareciera ubicar en la misma línea de pensamiento a Carlos Marx cundo reseña su concepción de la sociedad afirmando que tal autor negaría su existencia como entidad sustancial o ser colectivo, más bien se reservaría ese término en la calificación de los individuos en sus interacciones e interrelaciones.

La aportación entonces del conductismo a la sociología se centraría en explicar características atribuidas a la estructura social que son observadas como comunes en pequeños grupos de todo el mundo, a saber: normas, cohesión, competición, status, poder, liderazgo, justicia distributiva y desarrollo de canales de comunicación regulares (Op. Cit., 1990). En concordancia con lo expuesto por este autor  la situación de pobreza podría explicarse como un fenómeno estructural, asumiendo por estructura cualquier característica del grupo que persista en el tiempo (por ejemplo la pobreza) manteniéndose fundamentalmente por las acciones de sus miembros, ofreciendo posibilidades de que ellos desarrollen su conducta consolidando la mencionada estructura o produciendo una nueva.  En este sentido la estructura social pertinente sería el sistema jerárquico  en el cual los pobres se ubican en el extremo más bajo dado que habrían incurrido en el pasado en conductas “malas” en términos de las normas del grupo social, siendo que el mantenimiento de tales conductas no le harían incurrir en costos, dado que no tiene nada más que perder y aún recibiendo refuerzos lleva a cabo tal mala conducta, consolidándose en su baja posición social. (Homans, 1990 p 100).

De esta manera he revisado algunas propuestas teóricas que consideran que sólo existen las partes más no la totalidad, asumiendo que tal es infinita y por tanto no sujeta a conocimiento (Osorio, 2000). Otras tradiciones dan cuenta de una noción de Totalidad  como cualitativamente superior a la suma de las partes en la cual estas últimas están estructuradas y jerarquizadas. Quizás podamos ubicar en esta visión las diversas corrientes estructuralistas, aún cuando la noción de estructura no esté suficientemente clara en ninguna de ellas. Por otra parte se le atribuye a Morin (Osorio op. cit, pag. 30) la crítica al holismo de su ceguera frente a los elementos constitutivos de la realidad total, por lo cual se atreve a afirmar que la totalidad es menos que la suma de las partes. Ahora bien, de lo que se trataría  según este sociólogo francés es de capturar la complejidad de la conjunción de lo uno y de lo Múltiple (Morin 1997, citado por Osorio), la unidad contradictoria que se organiza y desorganiza de manera paradójica. Afirma Osorio que quizás han sido Weber y Marx quienes en sus análisis de la realidad social hayan, desde sus propias perspectivas y estilos tomando las totalidades concretas sus expresiones particulares en el marco de contradicciones y movimientos históricos.

b. Pobreza y Estructura de Dominación:

Partiendo de la noción de Dominación de Max Weber, y en contraposición a la de Poder propiamente tal del mismo autor, Del Percio (2000) construye su categoría de “Estructura de Dominación”.  No deja claro su concepción acerca de “Estructura”, sin embargo se puede inferir que se trata de un modelo construido sobre la base de la observación de regularidades en el comportamiento de algunas variables, seleccionadas de entre la totalidad que influyen sobre el fenómeno estudiado. En este caso la mencionada estructura estaría conformada por la confluencia de tres categorías: Estratificación social, Legitimación y formas del ejercicio del poder público, según el modelo propuesto por Agulla (1987) citado por Del Percio.

La Dominación es entendida como posibilidad de que se encuentre “...obediencia a un mandato de determinado contenido entre personas dadas” (Del Percio, op cit) y es enriquecida con otras definición de obediencia y mandato,  lo cual es llamado por otros autores Control Imperativo o Dominio ( Giner, 2001) el cual permea toda la sociedad  o a grupos determinados a manera de dominio consolidado que “produce un ambiente general de distribución difusa del poder con sus beneficiarios y jerarquías en cada orden social” (Giner, Op.Cit., Pag. 300), e impone un orden a los dominados  en virtud de la autoridad del dominante. Se hace necesario emprender la revisión crítica de tal planteamiento en función de su contribución al esclarecimiento del tema de la pobreza.

Los hallazgos de Del Percio apuntan a que en los últimos tiempos se viene produciendo un cambio significativo en la estructura de la dominación cuyas manifestaciones más relevantes serían en cuanto las tres variables mencionadas:

Variable
Manifestación
Estratificación Social
Reemplazo de la Acumulación por el Consumo en la determinación de la conformación de la “Clase Social”
Legitimación
Crisis y replanteo Ideológico
Ejercicio del Poder Público
Crisis y replanteo del Estado Nación.

De las tres variables centraremos nuestra reflexión en la primera de ellas dado que el orden de dominio consolidado se enraíza en la desigualdad social,  la cual pareciera, según se desprende del razonamiento del Del Percio (Pag. 185) ser una condición inherente a la naturaleza humana y por tanto requiere de la  aceptación generalizada, so pena de sacrificar libertades y derechos básicos, por lo cual la aspiración realista y pertinente estaría en disminuir la distancia entre los extremos de la pirámide social. El análisis de la desigualdad social lleva a la noción de estratificación social  como gradación a lo largo de algún criterio central  que varía según diferentes autores. Generalmente se aduce que el marxismo manifiesta como criterio de estratificación la noción de Clase Social basada en la posición respecto al proceso productivo y a la participación en la distribución del producto social, es decir un criterio fundamentalmente económico, mientras que Weber plantea una visión tridimensional, que incluye la clase social pero en combinación con otros dos criterios: el estatus y el poder. Su noción situación de clase se centra en los criterios del trabajo y la posesión de bienes, pero en la sociedad moderna incluye la referencia al mercado y el significado que los individuos en cuestión den a sus recursos ( Giner, 2001, pag. 294). El estatus estaría en correspondencia con la valoración social de los estilos de vida que generan inclusión y exclusión en función de prejuicios social y culturalmente arraigados, mientras que el poder estaría referido a la capacidad de algún individuo o grupo de imponer su voluntad a otros individuos. La tridimencionalidad de la desigualdad social supone para Weber el cruce constante o relación dinámica entre las tres dimensiones produciendo efectos de considerable complejidad potencialmente conflictivos.

Por su parte Del Percio le otorga mayor valor analítico al modelo propuesto por Agulla, concentrándose en la dimensión económica de la clase social y estableciendo diferencias entre la clase en razón a la acumulación y en función del consumo. La primera sería característica de las sociedades industriales bajo un criterio eminentemente económico- acumulativo (Del Percio Op.Cit, Pág. 190) en el cual la cuantía de la  posesión de bienes ubicaría a un grupo social en una u otra posición en la pirámide social con una movilidad social teóricamente abierta, aún cuando en la realidad las pautas culturales pudieran tender a cerrarla. Formalmente la libre concurrencia del mercado garantiza en este orden la igualdad de oportunidades de acceder a la ocupación de  preferencia, lo cual requeriría la preeminencia de la racionalidad formal legal. En este marco la libertad de elección conlleva a la posibilidad del éxito en la vida de los hombres considerados individualmente lo que se traduce por via de contrario a que el fracaso es también una responsabilidad individual. De tal manera que se infiere que la pobreza podría explicarse en la estratificación por acumulación como la consecuencia de decisiones erradas de los individuos que fracasan económicamente y por tanto no acceden a los bienes que necesita por su propia responsabilidad. Estos individuos catalogados de fracasados serían los candidatos a la pobreza mientras que los exitosos por sus decisiones acertadas se ubicarían en la cumbre social. Aún así, el autor considera que la movilidad social se presentaba como más posible que en el escenario que tiende a imponerse con el nuevo tipo de estratificación, la relacionada con el consumo. Esta última la ubica a partir de la segunda mitad del siglo XX y se deriva de la decadencia del modelo de acumulación industrial, es decir en el capitalismo tardío. La delimitación de esta categoría implicó al autor mantener la centralización de la estratificación en el criterio de orden económico frente a la opción que anteriormente hemos aludido como Weberiana y que  la atribuye a Lockwood (Del Percio, Pag. 193) y aún frente a la propuesta de Agulla quien se centra en el conocimiento como criterio estratificador de los nuevos tiempos. Los indicadores asumidos son el nivel de gastos y la ocupación desempeñada, dado el traslado de la centralidad del productor al consumidor en el nuevo capitalismo. Basa su razonamiento en datos estadísticos referidos al aumento de la circulación de tarjetas de crédito, para luego relacionar la capacidad de gasto del tarjeta habiente con su ocupación y el grado de conocimientos e información poseídos por este, lo que lo lleva a presentar una propuesta de estratificación de tres niveles, a saber: Dirección, Asesoramiento y Mediación o ejecución.  Es de notar que la propuesta asume la desaparición de los propietarios, grandes o medianos, sin demostrarla, más bien parece la segmentación de las llamadas clases medias.

Por otro lado le adjudica a tal estratificación  una suerte de cierre de la movilidad ascendente en contraposición con la multiplicación de posibilidades de movilidad descendente,  vinculado al ritmo de avance de las nuevas tecnologías y a la virtual imposibilidad de poseer permanentemente la información y con ella la ocupación.

En esta nueva estratificación la pobreza se traduce en el destino obligado de la mayor parte de los seres humanos separados indefectiblemente de la posibilidad escasa e incierta de ejercer ocupaciones que den acceso a los grandes mercados de artículos suntuarios y aún de los de primera necesidad. La exclusión social y el marginamiento se presentan como destinos seguros de gruesos contingentes humanos. En fin, el resultado del análisis de Del Percio resulta desconsolador para la posibilidad de la superación de la pobreza por la vía del trabajo dado el horizonte de desocupación que  vaticina.

c. Pobreza y Materialismo Histórico:

Para el materialismo histórico la existencia de cada ser humano está sometida a fuerzas externas que se traducen en factores condicionantes, determinantes y decisivos, en el marco de su origen y desarrollo histórico.  Tales factores se organizan de manera jerárquica  constituyendo la estructura social. Así se puede entender a la sociedad como una totalidad articulada de relaciones dialécticas (de condicionamiento, determinación y decisión) entre la base económica (infraestructura) y la superestructura (ideológica, política y jurídica), mutuamente condicionadas pero con la determinación de la primera sobre la segunda, en la cual el Modo de Producción determina históricamente la vida social mediante la correspondencia obligatoria entre las fuerzas productivas y las relaciones sociales de producción, constituyentes estas del Ser Social, el que a su vez, y en última instancia, determina la Conciencia Social (fenómenos socio espirituales).

En este contexto se consiguen algunas interpretaciones del propio Marx referidas al fenómeno de la pobreza en su carácter histórico estructural:
1.  En las Tesis Sobre Feuerbach (Marx, 1978) se explica que como consecuencia de la división social del trabajo en el contexto de las relaciones sociales de producción y su correspondencia al desarrollo de las fuerzas productivas, se produce la contradicción entre lo urbano y lo rural y del trabajo manual y el mental,  con ello la distribución del producto social de manera desigual favoreciendo a lo urbano y mental frente a lo rural y manual. La ubicación en uno u otro sector no depende de la voluntad de los individuos sino que está predeterminado por sus condiciones materiales de vida. A los diferentes estadios de desarrollo de la división del trabajo se corresponden formas determinadas de propiedad que tiende a excluir de ella a gruesos grupos dela población  La pobreza tendería a generarse entre quienes ocupan posiciones de trabajo manual o vinculados al sector rural.
2. En su escrito acerca del Trabajo Alienado Marx (1971) analiza profundamente la situación de miseria que se genera en el trabajador manual en la sociedad capitalista como consecuencia de la relación enajenada del trabajador frente a su producto derivada de la existencia de la propiedad privada. Así el trabajador se encuentra despojado  tanto de su producto como de si mismo en la venta de su fuerza de trabajo en condiciones de degradación  a simple medio de subsistencia, generando riqueza pero empobreciéndose.
3. En el capítulo XXIII de El Capital  (Marx, 1977) como parte de su análisis de la acumulación capitalista se refiere a la producción progresiva de una superpoblación relativa o ejercito industrial de reserva como parte de la lógica del desarrollo capitalista. Es así como la existencia de una masa de asalariados desempleados está vinculada a las posibilidades de expansión súbita e intermitente de la producción como una necesidad de la moderna industria. Con el avance de la técnica esta tendencia tiende a acentuarse, de tal manera que mientras se realiza la acumulación en términos de desarrollo de nuevas tecnologías con su respectivo crecimiento de la productividad, el desempleo de la masa trabajadora tiende a crecer  y por tanto su condición de pobreza.

El origen medieval de la pobreza en Inglaterra es descrito por Marx en la pagina 104 de El Capital (Marx, 1977), cuando describe el proceso mediante el cual, a partir del siglo XVI, la expropiación de tierras a los pequeños agricultores, y su usurpación por cuenta de los grandes señores que fueron acumulando, lanzó a la pobreza grandes grupos humanos que se vieron forzados a emigrar a las ciudades en busca de oportunidad de vender su fuerza de trabajo y subsistir. Tal situación se habría visto agravada por el proceso de la llamada Reforma, en la cual la expropiación de los bienes de la iglesia católica afectó a numerosos trabajadores de esas tierras, arrendatarios y labradores empujados a proletarizarse y, por ende, a su pauperacion. Esto se abría de consolidar con la alianza de clases entre la burguesía inglesa y la monarquía.

En el capítulo Maquinaria y Gran Industria (Marx, 1977, Págs. 354/358), de El Capital el autor alude a la contradicción generada en el Capitalismo entre los obreros y las máquinas. En esta contradicción, típica del capitalismo industrial, destaca la distinción entre la necesidad teórica de suplir una máquina por una cantidad virtual de obreros, con el desplazamiento concreto y efectivo de una cantidad de obreros reales por la puesta en funcionamiento de una moderna maquinaria. Tal distinción no resulta ociosa dada la justificación ideológica basada en la noción de “progreso”, dominante tanto en la época del autor como en gran parte del siglo XX, siendo la segunda situación la que genera empobrecimiento al producir desempleo masivo, mientras que la primera destaca el aspecto positivo de hacer más productivos a los obreros que queden empleados.

La contradicción analizada pone de manifiesto que como efecto de la división del trabajo, el sistema de producción capitalista asume al trabajador manual como una mercancía de la cual solo interesa su pericia en el manejo de una herramienta, que, al pasar a ser manejada  por una máquina, pierde su valor de uso así como su valor de cambio. A los obreros desplazados por la incorporación de nuevas maquinarias, en tanto “población sobrante”  e inútil para la explotación capitalista, les quedarían dos opciones:
Ø   Hundirse en la lucha desigual entre la producción manual y de tecnología simple contra la industria maquinizada.
Ø   Empujar el valor de la fuerza de trabajo por debajo de su valor de mercado al inundar las ramas industriales que les sean accesibles.
Para ilustrar lo expresado Marx cita el caso concreto de los tejedores algodoneros ingleses  hasta 1838 y con más agudeza el de las Indias Occidentales bajo dominio inglés. (Op.Cit. Pág. 356)

En el capítulo XV de El Capital denominado Cambio de magnitudes del precio de la fuerza de trabajo y de la plusvalía (Marx, 1977, Págs. 434/447) mediante el ejemplo concreto de la crisis inglesa de 1799 a 1815, el autor explica como la caída de la plusvalía llevó a los industriales a medidas extraordinarias, como lo fueron la prolongación de las jornadas laborales, situación que según afirma tiende a presentarse en situaciones de guerra y otras crisis; en tales circunstancias se incrementa el capital a costa de mayores esfuerzos y privaciones de los trabajadores hasta el punto de incorporar a mujeres y niños al trabajo.

Una de las aportaciones más llamativas del tratamiento de Marx respecto a la pobreza lo encontramos en sus clasificaciones tanto de la superpoblación relativa o ejército industrial de reserva, como del pauperismo. En el primero de los casos se plantea tres modalidades:
Flotante, Latente e Intermitente.
Ø   Flotante: conformada por contingentes de obreros despedidos de la industria que vuelven a ser empleados pero en proporción decreciente respecto al crecimiento de la producción.
Ø   Latente: Parte de la población rural propensa a ser absorbida por el proletariado urbano, lo cual hace que el obrero agrícola se vea reducido al salario mínimo y propenso al pauperismo.
Ø   Intermitente: Se refiere a obreros empleados pero con base de trabajo muy irregular lo cual empuja su nivel de vida en forma descendente bajo el nivel medio de vida de la clase obrera en general, lo cual tiende a traducirse en la presencia de máximas jornadas de trabajo y mínimos salarios. (Marx, 1977, Pág. 543/545)
Ø    La cuarta capa de la superpoblación relativa seria la que el autor etiqueta como pauperismo, la cual estaría compuesta por: “…seres condenados a perecer por la inmovilidad a la que los condena la división del trabajo,  obreros que sobreviven a la edad normal de su clase y, finalmente por las víctimas de la industria, cuyo número crece con las máquinas peligrosas, las minas, las fábricas químicas, etc. Los mutilados, los enfermos, las viudas”.

Esta cuarta etapa estaría a su vez clasificada:
Ø   Personas capacitadas para el trabajo, cuyo número aumenta con las crisis y disminuye con las reactivaciones económicas.
Ø   Los huérfanos e hijos de pobres
Ø   Los degradados, despojos, incapaces para el trabajo.
Ø   Habría que agregar la capa más descompuesta, es decir, el denominado Lumpem proletariado: prostitutas, delincuentes, etc.

Una modalidad resaltante de pauperismo es el denominado por Marx “pauperismo oficial”, el cual deriva de la existencia de un registro que se denominó censo oficial de pobres, del cual se derivaban atenciones de caridad pública para aquella parte de la clase obrera que había perdido su base de vida (la venta de su fuerza de trabajo)(Op.Cit. Pág.554). Tal noción conllevó a establecer criterios “objetivos” para saber quién estaba en condición de pauperismo, entre los cuales menciona Marx el estudio referido al estado de nutrición de los obreros de la industria algodonera para evitar enfermedades del hambre, del cual se obtuvo:

Límite Mínimo
Límite Real
28.600 gr.  De Carbono/semana
29.211 gr. Carbono/Semana
1.330 gr. Nitrógeno/semana
1295 gr. Nitrógeno/semana


Esta investigación oficial demostró que sólo una clase de obreros activos estaban en el borde del hambre, mientras dos  clases presentaban déficit. A esto se agregaban condiciones de vida que atacaban la salud aun antes que el hambre: carencias de vestido, de calefacción, inclemencias del tiempo, reducido espacio habitable, desagües espantosos, circulación escasa, basura abundante, poco agua y de la peor calidad. Según Marx lo peor de todo no es que esto lo sufrieran los pobres por ociosidad sino los trabajadores de las ciudades.

En el capítulo XXIII de El Capital  (Marx, 1977) como parte de su análisis de la acumulación capitalista se refiere a la producción progresiva de una superpoblación relativa o ejercito industrial de reserva como parte de la lógica del desarrollo capitalista. Es así como la existencia de una masa de asalariados desempleados está vinculada a las posibilidades de expansión súbita e intermitente de la producción como una necesidad de la moderna industria. Con el avance de la técnica esta tendencia tiende a acentuarse, de tal manera que mientras se realiza la acumulación en términos de desarrollo de nuevas tecnologías con su respectivo crecimiento de la productividad, el desempleo de la masa trabajadora tiende a crecer  y por tanto su condición de pobreza.

La Pauperización como categoría de análisis aparece propiamente como parte de lo que Marx denominó “Ley de la Acumulación Capitalista” (Marx, 1977, Pág. 546) Esta ley social determina una acumulación de miseria equivalente a la acumulación de capital, pues mantiene la superpoblación relativa (ejercito industrial de reserva) en equilibrio con el volumen e intensidad de la acumulación capitalista. El autor apoya su afirmación en una cita de un economista y sacerdote del siglo XVIII (Ortes, 1777) “los pobres y ociosos son un fruto necesario de los ricos y trabajadores”, así como en la de otro sacerdote (Townsend,1786) y de otro economista (Storch, 1815) quienes justifican la pobreza como una necesidad de las clases altas que requieren de personas que se encarguen de las labores viles para ellos poder dedicarse a tareas más elevadas, por lo cual, su combate legal iría contra las clases altas. Así mismo su pobreza los hace esclavos de sus propias necesidades, por lo cual el hambre sería funcional al ser “una presión pacífica, silenciosa e incesante…” que impulsa a ser industrioso. (Citado por Marx, 1977, Pág. 546).

Por otra parte ofrece otras evidencias de la mencionada ley citando el discurso del director general del censo del pueblo ingles (1843) en el que habría afirmado que la acumulación constante de riqueza y poder en Las Clases poseedoras apenas favorecería indirectamente a los pobres al abaratar artículos de primera necesidad, pero no se podría afirmar que redujera los extremos de la pobreza, a los cual acota Marx que al aumentar los extremos de la riqueza, los de la pobreza también aumentarían por el encarecimiento de los productos, aun cuando en algo aumenten los salarios nominales. (Op.cit. Pág. 546).

En referencia a la citada ley de acumulación capitalista Engels menciona que el método capitalista de producción no sólo reproduce su capital sino también la pobreza debido a su necesidad de mantener una gran masa de obreros que vendan su fuerza de trabajo por el mínimo necesario para sostenerse en condiciones de trabajar y criar una nueva generación de proletarios aptos para el trabajo. Tal situación se acentuaría dado el progreso tecnológico que reduce el número de obreros activos creando a su vez más obreros sobrantes, los cuales conformarían el “ejercito industrial de reserva” o súper población relativa a ser contratados a salarios muy bajos, con lo cual vencerían la resistencia de los obreros activos y mantendrían bajos sus salarios; a su vez esto incidiría directamente en el crecimiento de la “superpoblación consolidada” (pobreza estructural o permanente). “ Finalmente, cuanto más extenso es en la clase obrera el sector de la pobreza y el ejercito industrial de reserva, tanto mayor es el pauperismo oficial” (Engels, 1981, Págs., 158/159.

Tal como se ha evidenciado en este breve recorrido por la investigación realizada por Carlos Marx y Federico Engels, la preocupación por el fenómeno de la pobreza no es algo marginal sino medular incluso vinculado a la propia acumulación capitalista. Es de notar que tal preocupación e importancia otorgada al tema no pareciera compartida por seguidores del llamado Marxismo. Es así como por ejemplo Miliband, 1987, apenas hace una mención un tanto marginal en su análisis de las clases sociales en la sociedad contemporánea cuando afirma: “para completar este cuadro debemos referirnos a una “subclase” en el extremo inferior de la pirámide .” Refiriéndose a quienes no están en capacidad de ser empleados en el mercado de trabajo (Pág. 428).
Uno de los intelectuales más influyentes del Materialismo Histórico (Nuñez T, 1974, PÁG. 147) al analizar las clases sociales en Venezuela  no incluye a los pobres en el proletariado sino que asume la categoría “desclasados” “…generalmente concentrados en las grandes ciudades del país, en sus barrios más pobres, vinculados con la necesidad al vicio y la corrupción moral y conformando una amalgama social especial que a manudo conecta con los grupos desocupados de la clase obrera que pulula en los barrios. También cumple funciones pequeño burguesas mínimas (buhoneros) para ganarse la vida” (Nuñez T, 1974).

Ahora bien, considero demostrado que el abordaje de una realidad social concreta mediante el método socio histórico, tomando como referencia tanto el estado del conocimiento existente para le época,  como autores ideológicamente contrarios, y apoyándose en informes y estadísticas oficiales de la época, es un modo válido para la producción de conocimiento útil, que incluso trasciende los límites del contexto histórico  específico en que fue producido,  aún cuando probablemente no se trate de una ciencia exacta como creyeron fielmente quienes dogmatizaron los aportes de Marx y Engels.

La pobreza se asume como sinónimo de pauperismo, el cual no es originario del capitalismo pero tiene fuertes raíces en el despojos sufridos por sectores desfavorecidos o poco poderosos a manos de los sectores dominantes. Otro de los orígenes lo identifican en la contradicción entre lo rural y lo urbano, por un lado y entre los manual y lo mental; en todo caso su origen es de orden material y se deriva del acceso y control de los recursos necesarios para la satisfacción de las necesidades. Sin embargo, el sistema de producción capitalista tiene su propia dinámica típicamente reproductora de la pobreza, de tal manera que su propia naturaleza reproduce la pobreza en la misma medida en que propicia la acumulación de capital, siendo lo primero un prerrequisito para que se de lo segundo. Esto último es la dinámica que resaltan Marx y Engels como Pauperización.




El texto: el Paradigma de la Complejidad:
Desde hace algún tiempo incorporé a mis clases de Sociología General la discusión acerca de la relación del desarrollo de la física con el de la sociología. En este camino explico como la sociología clásica muestra, incluso en caso del marxismo, la importante influencia de la física newtoniana. Luego mediante la proyección de la película “Lo Mejor de la Vida” de Kapra, muestro como los descubrimientos de la física cuántica tienden a impactar el conocimiento en ciencias sociales, poniendo en duda los fundamentos de lo clásico. Eventualmente me he rozado con la teoría del Caos proveniente de la física, sin embargo no había pasado de incorporarla cómo anécdota ilustrativa de los cambios por venir en el conocimiento. Así mismo, ya en mis tiempos de tesista de pregrado había incorporado en mi visión de lo social una cierta Multidimensionalidad que denotaba la crítica al simplismo y unidimensionalidad de las perspectivas sociológicas, incluyendo al marxismo. Es así como en el estudio de viabilidad política de la propuesta del poder popular autogestionario (1988), el cual exhibe la influencia de la propuesta de Carlos Mathus en Planificación de Situaciones, concluyo en la necesidad de concebirlo al menos en tres dimensiones: individual, grupal e interindividual. Luego, en mis estudios de postgrado en Gerencia Pública acuso mi encuentro con la noción de “incertidumbre” como estado predominante en el ámbito de la política, la cual fue incorporada a la Escuela de Ciencias y Técnicas de Gobierno (ESCITEGO) bajo la influencia de Carlos Mathus. En este sentido dejo constancia de mi inquietud no desarrollada plenamente por la crítica de la sociología del orden (a la cual parecería coherente incorporar al marxismo) y abro una vía para la exploración de la noción de complejidad en Morin.

Retomando la discusión de Osorio (2001) acerca de la totalidad y la completud se abre el sendero para criticar la noción de orden subyacente en el Marxismo como esa legalidad  a ser descubierta, como la estructuración y Jerarquizacion profunda de la realidad social. Sin embargo, no es eso lo que hace este autor, sino que sencillamente lo soslaya y pasa a considerar la discusión acerca de la contraposición de ideas referidas a la relación entre la totalidad y las partes: la totalidad es más que la suma de las partes, la totalidad es menos que la suma de las partes y (la que obvia) la totalidad es igual a la suma de las partes.

 La primera de las tesis correspondería, en primera instancia, a la visión holística, la cual en general tendería a obviar la jerarquía y estructura (orden)  de las interacciones entre las partes, lo cual conduciría a  simplificación y reduccionismo. A esta visión de la totalidad contrapone la del historiador Marc Bloch  quien sí tomaría en cuenta el orden subyacente, haciéndolo coincidir con la noción de emergencia de Morin como el “carácter de novedad” de las cualidades de un sistema en comparación con la de los componentes considerados por separado. 

La segunda de las tesis incorpora la crítica de Morin tanto a la visión holista como a la tercera tesis denominada simplemente como reduccionista, en la cual afirma que ambas sufren de “ceguera”, es decir de incapacidad de percibir la realidad. Mientras los reduccionistas pretenden conocer el todo solo estudiando las partes, los holistas no ven más que el todo, ante lo cual se propondría entonces concebir la totalidad social como una unidad compleja en la cual se estudie simultáneamente las cualidades de las partes y del todo, lo uno y lo diverso o múltiple, implicaría, según este autor, concebirla como unidad contradictoria que organiza y desorganiza, que ordena y desordena (Osorio, Op.Cit.).

Es así como me asomo al enfoque de la complejidad en le cual Morin reconoce que la simplificación propia del pensamiento científico habría cumplido una muy importante función pero que el propio desarrollo del conocimiento contemporáneo implica la superación de  tal simplificación. La selección, Jerarquizacion, separación y reducción (propios de la simplificación) serían procesos necesarios pero insuficientes para la comprensión del carácter múltiple y complejo de las cosas, por lo cual incorpora la comunicación y articulación de lo disociado y distinguido. Es decir, la complejidad sería la unidad de lo simple y lo complejo de modo antagónico y complementario. (Morin: 1998)

El pensamiento científico, y con mayor fuerza el Marxismo, ha pretendido desvelar “lo invisible detrás del fenómeno”, el orden subyacente de las leyes que jerarquizan y estructuran, constituyéndose en la realidad “real” tras las apariencias “falsas”. Es aquí donde Morin afirma que desde la física contemporánea, de la coexistencia de la Física cuántica y einsteniana, se revela que esas verdades científicas ya no son tales, que tal orden en lo profundo en realidad es una cosa diferente a lo esperado y que los epifenómenos, el desorden del mundo de las apariencias y las interacciones es también la realidad. Que tal orden superior y esencial que denomina “tras-mundo”, visto desde el plano de la complejidad sería inconcebible pues no presentaría “ni simplicidad, ni complejidad, ni orden, ni desorden, ni organización” que en él se disuelven y esfuman (Morin: 1998, Pág. 145).

Entonces la complejidad, en última instancia, pretende “denunciar la metafísica del orden”, el pensamiento mágico y religioso de la fundamentación de un “orden superior” como “entendimiento divino” que subyacería en el pensamiento de Pitágoras, Newton y Descartes. La complejidad sería, más que un fundamento, un principio del pensamiento, un principio regulador que piensa al mundo, a la realidad de su tejido fenoménico y no procura ser “principio revelador” de su esencia.

Así se detectaría una estrechez en la visión dialéctica de Marx, a la cual, aún así, le reconoce Morin la virtud de ser, en tanto visión de conjunto sistémica, competente para abarcar la totalidad de los aspectos contradictorios. Su debilidad estaría en no haber incorporado la dialéctica del ruido y de la lógica, del orden y del desorden.

Tal dialéctica del orden y el desorden implica la complejidad, en la cual se les concibe enriquecidos, complementarios, concurrentes, antagónicos, dialógicos y, más aun, implica “considerarnos a nosotros mismos considerando al mundo”. Aquí la noción de orden incorpora complejamente  la de constreñimiento, estabilidad, constancia, regularidad, repetición, estructura, desbordando la de ley. Asume igualmente su diversidad y unidad con las singularidades, con la interacción. Así mismo, requiere de la idea de organización como un nivel superior a la estructura y al orden: la cual constituye y mantiene un conjunto no reductible a sus partes, disponiendo de cualidades emergentes y constreñimientos, sobrellevando  la retroacción de tales cualidades sobre las partes constitutivas.

Por su parte el desorden, enriquecidamente considerado, aunque soporta la de azar la supera. Morin le adjudica el sobrellevar tanto un polo objetivo como uno subjetivo. El primero incorpora las agitaciones, dispersiones, colisiones, irregularidades, inestabilidades, desviaciones, perturbaciones, transformaciones, los choques, encuentros aleatorios, los eventos, los accidentes, las desorganizaciones, las desintegraciones, los ruidos y errores. El segundo incluye lo impredictible,  la incertidumbre y lo relativamente indeterminable. Al igual que requiere la idea de organización requiere también la de entorno.

Cuando Morin ve a través de este prisma las ciencias sociales, que él denomina antroposociales, enfatiza en la debilidad de su estado de desarrollo, en el cual se habría mitificado doctrinariamente la legalidad, poniendo en duda su carácter científico, o más bien se habría hecho anticientífica. La comprensión de los fenómenos socio históricos requerirían para Morin reflexionar acerca de los embrollos multicausales de orígenes diferentes, el papel desencadenante/motor de la desviación, de los conflictos, de las crisis, de las guerras; el peso de eventos singulares, del accidente, del individuo, de la decisión. Aquí reivindica el bucle orden-desorden-interacción-organización.

En el pensamiento complejo, como he mencionado, se reivindica lo singular, lo individual. De allí la importancia de la valoración del evento como noción compleja que incluye lo improbable, lo accidental, lo aleatorio, lo singular, lo concreto, lo histórico. En nuestra área del conocimiento, lo social, se valoran eventos que tiene su origen en la propia aparición del hombre como un gran Evento, del cual se derivan encadenamientos de eventos (la evolución), entre los cuales resaltan la aparición del útil y del lenguaje. En el ámbito social los eventos relevantes tomarán carácter psicosociocultural y su importancia radicaría en su papel crucial en la historia, escapándose de las leyes estadísticas (por ejemplo el papel de las guerras, desastres naturales).

Los sistemas sociales pueden y de hecho tienden a ser modificados por eventos de una diversidad de órdenes: invenciones y descubrimientos científicos, el encuentro de dos civilizaciones, la decisión de un tirano. De allí que Morin reivindica el carácter evenencial de la historia, que ha sido rechazado desde las perspectivas dominadas por la metafísica que privilegian los procesos autogenerativos (por ejemplo el materialismo histórico).  La visión compleja exige la combinación dialéctica de lo autogenerativo con lo heterogenerativo en la comprensión histórica, es decir, requiere formular su unidad teórica sistemoevenecial, para lo cual el camino sería la transdisciplinariedad superadora de las limitaciones de la sociología y de la historia.  

Preocupa a Morin que la preeminencia de las teorías estructuralistas y de las tendencias estadisticistas en las ciencias humanas, así como los modelos mecánico/físicos o parabiológicos (funcionalismo) en Sociología, le hagan rechazar lo improbable por considerarlo aberrante y anómico, lo que lleva a rechazar la propia noción de evolución como “una sucesión de aberraciones que actualizan las improbabilidades”. Por el contrario, identifica en la ciencia económica avances al respecto al reconocer el papel de las crisis y de los umbrales evenenciales en los procesos de desarrollo, como complejo de circunstancias históricas situadas y fechadas. Detrás de ello estaría la hipótesis de que el cambio permanente que afecta a las actuales sociedades evolucionantes sería al mismo tiempo crisis y catástrofe, utilizados por las fuerzas desestructurantes activas para reestructurarse de otra manera, multiplicándose necesariamente los eventos. Por esto no se explica la negativa de la sociología a asumir la dialéctica de lo organizacional con lo evenencial.

Lo organizacional (principios generativos de orden) en la sociedad moderna es identificado en las reglas culturales, la división del trabajo (Coacciones jerarquizantes y especialización) y los aparatos de Estado (Coerción, represión, encauzamiento). Las fuerzas del desorden, de lo evenencial se expresa en el libre juego de las interacciones entre individuos, los márgenes de libertad. La naturaleza demográfica que caracteriza tales sociedades centra su problemática tanto en el carácter organizador / desorganizador de los antagonismos de clases sociales, como en los aparatos o instituciones organizativas (genoestructuras independientes y subordinados) y en las naciones.  Sería clave enlazar el problema de las clases sociales con el de la organización social (fenómeno psicocerebral, sistema combinatorio de multiconexión de los cerebros de los individuos) sin subordinar este último, lo que conduce a estudiar el problema de la desigualdad social en términos organizativos fundamentales: “las clases y categorías dominantes son aquellas que detentan el poder de decisión/programación y las clases dominadas o explotadas son las que están reducidas a tareas energéticas” (Morin) es decir, poder/control/mando vs ejecución mecánica, Saber y no saber, como apropiación de los modos de autoproducción de la sociedad, de lo genoestructural e informativo.

Afirma Morin que la forma que ha asumido la dominación en las sociedades humanas sería una amplificación de la herencia de las sociedades de primates de las compulsiones mamíferas de dominio y de agresión, ante las cuales la cultura, a la vez que instrumento de inhibición y control de tales impulsos naturales, se convierte en instrumento de consolidación institucional de privilegios de clase e individuales, para la apropiación del poder político, económico y cultural.  La Cultura como dispositivo generativo (propiamente sociológico en el sentido de no provenir de información genética) es el punto de partida de las genoestructuras (aparatos, instituciones) y juega papel estelar en la complejidad: por una parte rechaza lo nuevo pero por otra debe ser apta para integrarlo. En ello los fenómenos cognoscitivos que median en la relación del individuo, la sociedad y el entorno, inclusive natural, se conciben mitológicamente: fantasmas, espectros, la muerte, ritos mágicos o religiosos. Así, el mantenimiento de la identidad social frente a los extraños se realiza mediante procesos psico afectivos de proyección/identificación, diversificación de lenguas, creencias, costumbres; pareciendo fuerzas que controlan e inhiben las capacidades inauditas.

La comprensión de la realidad estudiada desde la perspectiva de la complejidad hace necesario incorporar explícitamente los principios básicos de tal paradigma, aun cuando ya se encuentren implícitos en las reflexiones precedentes. La complejidad implica que todo objeto de estudio debe ser entendido en su contexto o entorno:
v Principio Dialógico: implica la unidad contradictoria, a la vez complementaria de los aspectos de la realidad. A diferencia de la dialéctica no implica superación del uno por el otro sino coexistencia.
v Principio de Recursividad: El efecto se vuelve causa y viceversa, los productos son productores, el individuo hace cultura y la cultura hace individuos. Derrumba el principio de causalidad lineal del positivismo.
v Principio Hologramático: Busca superar los principios de reduccionismo y holismo. Concibe la parte en el todo y el todo en cada parte

Transversalmente el pensamiento complejo involucra las nociones de Paradigma y de Sujeto. El primero refiere a la estructura mental y cultural a partir de la cual se observa la realidad, mientras que el segundo se aplicaría a todo ser viviente que cumpliera con las características de Individualidad, autonomía relativa y capacidad de procesamiento de información.

Plantea así mismo una triada conceptual entre el individuo, la sociedad y la especie, de cuyo tejido concurrente/complementario/antagónico emergería la compleja autonomía del individuo.

Con estos elementos y principios se trata de pensar la noción de pobreza a partir del paradigma de complejidad. Evidentemente este paradigma considera que los otros que hemos descrito parten de una visión de simplicidad que no permiten conocer realmente al fenómeno, sin embargo seria la perspectiva del materialismo histórico con su visión dialéctica e históricamente profunda la más cercana, aún cuando estaría, como ya he mencionado partiendo de la metafísica de un orden superior y subyacente sin tomar en cuenta los desordenes y las eventualidades.

Comprender la Pobreza en su complejidad implica ubicar el fenómeno en su Multidimensionalidad, comenzando con el contexto pertinente. En este caso lo afirmado por Marx en sus escritos proporcionaría un punto de partida general en cuanto a la sociedad occidental se refiere. Sin embargo, comprender la pobreza como fenómeno concreto en la sociedad venezolana actual exige hacer una delimitación histórica concreta en los ámbitos relevantes, es decir, el económico, el político y el ideológico:

El Contexto:

La génesis histórica de la pobreza en Venezuela en particular y de América Latina en General habría que ubicarla en la violenta conquista y colonización de estos espacios por los europeos a partir del siglo XV.  Las masacres de indígenas, su posterior esclavización mediante la figura de la encomienda, la inmigración forzada de africanos secuestrados para ser vendidos como esclavos, la expoliación de los recursos naturales, conformaron un modelo socioeconómico colonial de economía de enclave con profundas divisiones y desigualdad sociales. El logro de la independencia no cambió el patrón de desigualdad pues los militares sobrevivientes se ligaron a la oligarquía criolla restituyendo la esclavitud y repartiéndose las tierras., seguida por las múltiples guerras civiles de caudillos, incluido la Guerra Federal acentuó la desigualdad y exclusión en el marco de una sociedad dispersa, y predominantemente rural. El inicio de la explotación petrolera impulsó la migración del campo a la ciudad en busca de mejores condiciones de vida en una economía típicamente de enclave que se mantuvo hasta los años 50.

La coyuntura de finales de la década de los 50 y mediados de los años ochenta del siglo XX se caracterizó por ser la última fase de la hegemonía del paradigma Keynesiano predominante en la segunda posguerra y su desplazamiento por el modelo neoliberal, situación que incluso afecta en forma de liberalización económica a los países del para entonces bloque socialista: China y la URSS. Ciertamente los paradigmas hegemónicos del mundo tendieron a derrumbarse en este periodo ante la imposibilidad de dar respuestas a las necesidades del momento histórico, situación que hizo tambalear a los países del llamado tercer mundo, con ellos a América Latina y Venezuela en particular, lo cual se manifestó en el fracaso y posterior abandono de las políticas de industrialización sustitutiva e integración económica.

 Otro de los signos de tal coyuntura fue el desplazamiento del eje del conflicto mundial del Este/oeste al norte/sur, evidenciado en:
v la contracción de los flujos económicos del norte hacia el sur y su concentración en países desarrollados (Europa y Japón),
v  en la caída de la demanda de materias primas por parte de la economía industrial,
v la disminución creciente del empleo obrero,
v  el surgimiento de la hegemonía de la economía simbólica y crisis de la deuda externa.

La condición de país petrolero por parte de Venezuela se tradujo en la coyuntura, a pesar de la nacionalización de la industria petrolera,  en un acrecentamiento de la dependencia de nuestra economía de la economía externa, con la consiguiente incertidumbre dados los cambios en el comercio mundial, mientras que gran parte de la economía interna estaba dominada por la inversión extranjera, principalmente la norteamericana.

El compromiso de los sectores de poder económico y político  nacional con los modelos de desarrollo basados en el transplante (aún cuando no asimilación) de tecnologías, el consumismo y la transnacionalización de la economía fue lo imperante de la época. De hecho, a partir de 1974 y aprovechando el importantísimo elemento coyuntural de la triplicación de los ingresos petroleros a consecuencia de la violenta alza de los precios del crudo en el mercado internacional,  el Estado impulsa un cambio en la hegemonía del bloque en el poder en detrimento de la burguesía tradicional, favoreciendo a la llamada burguesía emergente y dejando como saldo el endeudamiento, déficit fiscal y de balanza de pagos. Así mismo, según Maza Zavala (1985) el país entró en una transición marcada por el agotamiento de la eficacia del gasto público como motor del crecimiento económico, la deuda externa y la estrechez del mercado interno, a lo cual se agregó el considerable crecimiento del sector informal de la economía. El Modelo de Sustitución de Importaciones impulsado en América Latina a instancias de la Comisión Económica para la América Latina (CEPAL), y como resultado de las relaciones de poder político hegemónico para la época. Su objetivo fue reemplazar el modelo primario exportador que predominaba en estas economías por el de producción industrial propia, mediante una estrategia que priorizaba en el desarrollo de mercados internos, comenzando por bienes de consumo final para luego llegar a los bienes intermedios y de capital. Esto requería de la práctica por parte de los Estados Nacionales de un Proteccionismo selectivo de : mercados, subvenciones, inversión estatal y sobre todo construcción de infraestructura. Este modelo tuvo éxitos considerables tales como:
Ø  Altas tasas de crecimiento económico regionales hasta 1980.
Ø  Crecimiento de la participación del sector industrial en las economías.
Ø  Modernización de las administraciones públicas de los estados nacionales.
Ø  Mejoras sustanciales de las condiciones de vida de la población.

Pero tal modelo encontró sus límites en la crisis de la deuda externa  de los años 80 dado que la industria que generó era de altos costos y baja productividad, así como poco competitiva. Adicionalmente no se produjo los impactos esperados en los mercados de trabajo latinoamericanos, los cuales fueron incapaces de absorber las potencialidades generadas en la mano de obra especializada desviándose al sector servicios, mientras que los aparatos estatales se presentaron inflados, poco eficientes y corrompidos.

De tal manera que la década de los ochenta, otra vez resultado de las relaciones de poder en la región, dio paso a los programas de ajustes Neoliberales, los cuales se caracterizaron por:
Ø  Desregulación, privatización y reestructuraciones productivas.
Ø  Eliminación del proteccionismo y orientación de las economías hacia las exportaciones.
Ø  Impulso al ahorro y la inversión.

A este modelo se le ha criticado el hecho de que genera competencia de economías débiles con otras más poderosas en aparente igualdad de condiciones. Se dice que agudiza la pobreza dada que exacerba las inequidades crecientes generando desintegración social y, finalmente, acentúa las distorsiones endógenas del mercado generando problemas estructurales.

El Modelo Político Dominante en la coyuntura descrita es el resultado del llamado Pacto de Punto Fijo, en el cual los partidos del Status (AD y COPEI)  constituyeron compromisos con el bloque dominante en el poder a cambio de financiamiento a las campañas políticas, mientras que la expresión gremial de la burguesía (FEDECAMARAS) comparte el poder político mediante el ejercicio de las carteras ministeriales de su interés y curules en el Congreso Nacional,  a la vez que mantenían en su poder los medios de comunicación social.

En sí predominaba un sistema político concentrado y excluyente, basado en una alianza de élites incluso de origen obrero como es el caso de la CTV. Según Arturo Sosa se trataba de una estructura de pacto como medio ordinario para conseguir la conciliación de intereses sociales, la cual basaba su eficacia en la existencia de élites poco numerosas, representativas de partidos populistas y un aparato estatal con gran autonomía económica, junto a una sociedad civil muy desarticulada. A estos pactos se unió inclusive la alta jerarquía de la iglesia católica, legitimando un orden autoritario fundamentado en el uso sistemático y constante de los aparatos represivos del estado, el enfrentamiento de las protestas populares con mecanismos que iban desde la persuasión mediante la presencia armada de cuerpos policiales, pasando por la disolución de manifestaciones con armamento antimotín, hasta la eliminación física de los dirigentes opositores (casos Yumare y Cantaura).

Este modelo de poder hizo crisis a finales de la década de los 80 y principios de los 90. Específicamente emblemáticos resultan los eventos del denominado “Caracazo” en 1989 y los intentos de golpes de estado del año 92, la destitución del Presidente de la República en el primer semestre de 1993, con los que se evidencia la pérdida de legitimidad de los partidos políticos tradicionales. En el año 1999 se produce un evento político de gran envergadura, tras el triunfo en las elecciones presidenciales del 98 del candidato que recogió el descontento de los venezolanos derrotando a los representantes de los partidos tradicionales reunidos en una candidatura única. El evento mencionado fue la conformación de una Asamblea Constituyente y la consecuente aprobación por referéndum de una nueva Constitución que decanta y expresa transformaciones sustanciales en las reglas de juego. El periodo desde el año 2000 hasta la actualidad se ha caracterizado por la resistencia y reacción de los factores de poder dominantes ante los cambios impulsados en la llamada Revolución bolivariana. Es así como se han presentado encadenamientos de eventos, entre los que resaltan el golpe de estado de abril de 2002, el paro petrolero de diciembre 2002-marzo 2003, las llamadas “guarimbas” y el Referendo Revocatorio de Agosto de 2004, que han constituido picos en los choques con las fuerzas sociales emergentes que apoyan los cambios.

El Modelo Ideológico Dominante en la coyuntura se derivó de factores tales como:
v     Mestizaje étnico cultural particular de nuestra sociedad.
v     Transculturización neocolonial con predominio de valores y comportamientos propios del “American way life”.
v     Sensación de Riqueza colectiva derivada de la renta petrolera, crisis ciudadana con pérdida de identidad
v     Creciente presencia del pensamiento tecnocratizante, ahistórico, formal y cientificista.
De ello se derivó un sistema ideológico dominante caracterizado por:
v     La Asunción como norma y necesaria  de la estructuración vertical de todas las instancias de organización social, con delegación hacia arriba mediante la idea de la representatividad, división social del trabajo manual e intelectual, (los llamados cogollos).
v     La competencia como forma predominante de relación interindividual  e intergrupal.
v     La tendencia al máximo consumo como vía de acceso a estatus de vida superiores como apariencia social.
v     Clientelismo político y apropiación privada de lo público.
v     Sumisión e impotencia ante el poder del Estado.
v     Sujetos dominados/ determinados pasivos, competitivos, egoístas, individualistas, compulsivos, intolerantes, agresivos, autoritarios. (Cedeño, 1985)

El proceso de cambios denominado Revolución Bolivariana propugna valores e ideas que apuntan a una ruptura con el modelo ideológico descrito, sin embargo aún predomina gran parte de las expresiones culturales mencionadas. Probablemente pudiera indicarse como cambios las actitudes mayoritarias frente a la participación política expresada en las movilizaciones masivas tanto de las fuerzas del cambio como de los opositores, y especialmente en las votaciones referendarias. También destaca la actitud favorable hacia la constitución de organizaciones de participación de base tanto en el ámbito político como económico.

Lo descrito supra se ubica en el ámbito del orden, aun cuando presenta manifestaciones del caos y el desorden:
v los intentos de  insurrección tanto de derecha como de izquierda en los primeros años 60 (Carupanazo, Porteñazo),
v la exclusión del partido comunista venezolano del Pacto de Punto Fijo y la alineación incondicional frente al gobierno norteamericano,
v  la guerra de guerrillas y posterior derrota de la izquierda insurreccional en los sesenta,
v el mantenimiento de focos de guerrilla urbana y la fuerte represión contra los grupos de izquierda radical durante los años setenta, y ochenta.
v Las cíclicas crisis externas que implicaron durante todo el periodo repuntes y posteriores caídas de los ingresos petroleros.

El fenómeno:
La pobreza debe ser comprendida como un fenómeno complejo envuelto en una multicausalidad. Enmarcados en el pensamiento de Morin lo ubico en la dinámica demográfica actual organizadora/desorganizadora de los antagonismos de clases sociales y de los aparatos e instituciones organizativas. Es así como la pobreza  es sufrida por amplias capas de la población  ubicadas o no en la noción clásica marxista de las clases sociales, manifestándose desde la carencia de recursos mínimos para satisfacer necesidades elementales hasta los sectores medios empobrecidos debido a la caída de su poder adquisitivo real. Los aparatos  e instituciones organizativas tendencial y tradicionalmente son controlados por individuos que pertenecen o responden a los intereses de las clases  dominantes quienes han mantenido el privilegio del acceso a la formación universitaria o de la propiedad sobre bienes cuantiosos generalmente provenientes de la renta petrolera. Así se presentan las élites dirigentes de la  alta jerarquía eclesiástica, del movimiento sindical, de los gremios empresariales, de las universidades, de los colegios profesionales, de los círculos culturales, de los medios privados de comunicación masiva, de los partidos políticos tradicionales como controladores de las principales instituciones sociales. Los gruesos grupos de población que padecen la pobreza se caracterizan  por:
v Exclusión o inaccesibilidad temprana del aparato escolar, de hecho muy pocos acceden a la formación técnica y universitaria;
v desintegración de los núcleos familiares con preeminencia de las familias monoparentales.
v Sometimiento a presiones sociales y psicológicas provenientes tanto de grupos de desadaptados (delincuencia) como de los cuerpos represivos.
v  Las reglas culturales predominantes los excluyen del acceso a la toma de decisiones  incluso acerca de sus propias vidas.
v Su participación en la división del trabajo es predominantemente subordinada
v Necesidades básicas insatisfechas especialmente en lo relativo a alimentación y salud.
Paradójica y complementariamente se observa en las comunidades genéricamente afectadas por el fenómeno de la pobreza:
v Que muchos individuos exhiben bienes considerados prohibitivos para ellos tales como: Indumentarias a la moda, teléfonos celulares de última generación, electrodomésticos costosos especialmente televisores y aparatos de sonido, vehículos automotores incluso de último modelo.

Otro aspecto relevante lo constituyen los procesos psicoafectivos  de proyección/identificación generándose un modo de ser de los individuos integrantes de las llamadas comunidades populares: un modo de hablar, gesticular, vestir, gustos musicales, entre otros.

Si sometemos a los principios de la complejidad estas reflexiones obtenemos:

Principio Dialógico: la pobreza es un fenómeno contradictorio en si mismo y con respecto a los sectores sociales dominantes configurando relaciones de cooperación y lucha en el ámbito de la división del trabajo: los pobres constituyen la mano de obra instruida o no de los procesos económicos dirigidos por los dueños del capital, e incluso constituyen el personal que cuida los bienes, hace la limpieza, cuida sus hijos.

Principio de Recursividad: mucho se ha hablado del círculo vicioso de la pobreza. El pobre reproduce la pobreza tanto como la pobreza produce pobres. Basta recordar el desestímulo de los padres en familias pobres para continuar la instrucción posterior al sexto grado, especialmente en individuos de sexo femenino, estimulando más bien su incorporación temprana a la vida sexual y la consecuente reproducción en nuevos hijos de la pobreza. Así mismo, la escuela del medio popular desestima las capacidades y potencialidades de los individuos que forma, reforzando en ellos los patrones mentales que les inhiben su superación.

Principio Hologramático: el fenómeno de la pobreza como aspecto parcial de la realidad reproduce en si mismo las contradicciones propias de la totalidad de la sociedad en la cual coexiste contradictoriamente con el fenómeno de la riqueza y la dominación. Es así como no hay una tabula rasa en el conjunto humano que manifiesta el fenómeno, no hay igualdad entre los individuos. Incluso existen manifestaciones evidentes de explotación de unos por otros, como es el caso de expresiones del comercio informal. Así mismo las relaciones de género tienden a ser reproductoras de la desigualdad social a lo interno de estas capas sociales: los pobres entre los pobres tienden a ser las mujeres. Por otra parte no se ha demostrado que simplemente eliminando la propiedad privada de los medios de producción se garantice la salida de esta situación, como diría Morin, la desigualdad trasciende al plano de la dominación cultural.

Necesario es reconocer que la aplicación del modelo de complejidad enriquece la explicación y comprensión del fenómeno de la pobreza. Sin embargo, también es cierto que la reflexión aquí intentada adolece de limitaciones importantes. Especialmente resalto el aparente mecanicismo en la aplicación de los elementos conceptuales y la ausencia de profundización en aspectos cualitativos y subjetivos del fenómeno.



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