UNIVERSIDAD DE CARABOBO
AREA DE ESTUDIOS
DE POSRGRADO
FACULTAD DE
CIENCIAS POLITICAS Y JURIDICAS
MAESTRIA en
CIENCIAS POLÍTICAS
PENSAMIENTO
POLÍTICO
LIBERTAD Y
RESENTIMIENTO
Lic.
Soc. Ángel Deza
Valencia, Enero 2005.
Planteamiento del
Problema:
En nuestros días el valor político
fundamental mediante el cual se justifican los modelos políticos es la libertad.
Esto quiere decir que todos los hombres pertenecen a ese modelo político por su
libre albedrío, por su propia decisión, sin coacción ni coerción. Entonces,
¿por qué los hombres se resienten de ciertos comportamientos si son libres de
hacerlo o ejecutarlo?
Evidentemente
el planteamiento del problema parte del modelo teórico liberal de Locke, en el
cual se esbozaría una estrecha relación entre liberalismo y democracia, en la
cual la legitimidad del sistema político descansa en el pacto surgido entre
todos los hombres que intervienen en su realización, y las relaciones humanas
pasan a ser relaciones instituidas o voluntarias, es decir relaciones morales
dependientes de la voluntad de los hombres. Así, la resolución de este problema
pasa por la discusión ciertamente conceptual de la definición de Libertad, Igualdad y Resentimiento.
Para
Locke la Libertad es un derecho
natural de los seres humanos expresado en la apropiación de cada hombre de su
propia persona como preámbulo moral y constitutivo de la ciudadanía, y como ley
natural de su ejercicio responsable. En la posterior versión de Rousseau la Libertad aparece como el derecho a no obedecer
más que a las leyes. Así mismo algunos autores contraponen la noción de
libertad derivada del liberalismo a la emanada de la democracia: mientras que
en el primero de los casos es el ámbito privado que se protege frente al
poder, el límite sobre el que no puede avanzar el Estado y el gozo pacífico de
la independencia privada, en el segundo es una posibilidad que se realiza en el
poder, está constituida por la participación activa y constante en el poder
colectivo y es la distribución del poder político entre todos los ciudadanos de
una misma patria. Probablemente la versión hegemónica moderna coincida más con
la visión liberal que con la propiamente democrática.
Tales
diferencias están interconectadas con las referidas al problema de la Igualdad: en el modelo propuesto por
Locke la noción de igualdad es compatible el establecimiento de
diferenciaciones sociales derivadas de su principio nuclear, es decir, la
propiedad, así como del mérito intelectual, las cuales generarían el desarrollo
de la industria y del entendimiento práctico, es decir, se presenta como
deseable un sistema elitista cerrado.
Con anterioridad a Rousseau la igualdad no era vista como un fin en sí mismo
sino como un instrumento al servicio de la libertad individual, es decir una
igualdad moral para el ejercicio de los derechos, dado que no era concebible la
igualdad entre el virtuoso y el delincuente, el inteligente y el imbécil o el
valiente y el cobarde; así la única igualdad posible sería la igualdad ante la
ley, es decir que no se confieran privilegios a ningún ciudadano a partir del
nacimiento.
Por
su parte Rousseau acentúa un igualitarismo radical basado en que la naturaleza
no ha generado desigualdades significativas que generen reclamos de unos que no
puedan hacer otros. De hecho se plantea el discurso de la “voluntad general” y
el rechazo a la propiedad como derecho contra natura y generador de la
injusticia, con lo cual rebate la tesis elitista de la democracia y la extiende
a todos los aspectos de la sociedad mediante la democracia directa planteada en
el Contrato Social.
Ahora
bien, dado que en la sociedad moderna actual el capitalismo ha consagrado la
desigualdad como ley natural mediante la consolidación ideológica del modelo de
Locke, la libertad y la igualdad se traducen en aspectos meramente formales
ante la ley, por lo cual el supuesto de participación voluntaria en el pacto
social se traduce en una falacia. De allí que el Resentimiento se convierta en una respuesta legítima de aquellos
hombres víctimas de la exclusión, la injusticia o la explotación por otros
hombres.
Así
existen autores como Ivanoskar Silén que reivindican el resentimiento como
rebeldía, amor de sí mismo y orgullo de ser permitiendo al sujeto liberarse de
la moral universalista que lo hace prisionero de visiones omnicomprensivas
religiosas, morales o filosóficas, tales como se desprenden de la racionalidad
funcional del utilitarismo, fuente de la injusticia social (Rawls).
El
resentimiento fue atribuido por los intelectuales de la ilustración a una
condición psicológica de las masas en reacción a lo meritorio, mientras tanto las
concepciones actuales de la política desde una visión moral comentarista
reivindican al sujeto moral como responsable de si mismo y de las situaciones
que le rodean con un fuerte sentido de autonomía al relacionarse con el mundo
de la vida, la sociedad civil y la historia, en el marco de una vida humana
dialógica y de una ética de la autenticidad (Taylor). Esto último incluye a un
sujeto capaz de disentir a partir de los llamados sentimientos morales
(Strawson): Resentimiento, indignación y culpa. Aquí el Resentimiento se deriva de una situación
intersubjetiva en la que se ha violado un derecho moral, de una ruptura o
lesión de un vínculo intersubjetivo, es decir se deriva generalmente de la
relación entre seres humanos y no con cosas. La legitimidad de tal sentimiento
es desvirtuada por quienes desde la perspectiva ilustrada le atribuyen un
origen psicológico como reacción propia del “resentido social”, o de personalidades
débiles.
A
pesar de que tal sentimiento moral es propiamente personal puede ser
generalizado al asumir que lo que resiente a una persona pudiera ocurrirle a
otro en las mismas circunstancias, por lo cual también es transpersonal.
Entonces,
ante la pregunta ¿por qué los hombres se resienten de ciertos comportamientos
si son libres de hacerlo o ejecutarlo? pudiéramos responder que como sujetos
morales auténticos, en el marco de relaciones intersubjetivas, los hombres se
resienten como expresión de sus sentimientos morales ante la violación
reiterada e inherente en los comportamientos de los otros con respecto a los
derechos morales de algunos o de las mayorías. Es decir, la injusticia imperante a partir de la
consolidación estructural de las desigualdades extremas convierte en falaz la
idea de la libertad e igualdad como marcos fundamentales de la sociedad, convirtiéndose
en fuentes permanentes de resentimiento.
Referencias Bibliográficas
ALONSO,
Guillermo () Liberalismo y Democracia, Estaciones de un Sinuoso Itinerario, On
Line. Consultada el 04/01/05
GINER,
Salvador () Ciudadanía Pública y Democracia Participativa. On Line. Consultada
el 04/01/05
HOYOS
V. Guillermo (1996) Ética comunicativa y educación para la democracia. On Line.
Consultada el 04/01/05
LASALLE, Jose M. () MASAS ÉTICAS O
PATÉTICAS Bajo el volcán de la democracia, On Line. Consultada el 04/01/05
SILEN,
Ivanoskar “El Sentido del Resentimiento”, On Line. Consultada el 04/01/05
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