sábado, 14 de septiembre de 2019

Homenaje a Pablo Neruda el luchador revolucionario, en sus 114 años


Homenaje a Pablo Neruda el luchador revolucionario, en sus 114 años.
Dr. Angel Emilio Deza

Como homenajear al que quizás haya sido el poeta latinoamericano más destacado del siglo XX. Yo diría que conociéndolo mejor, su vida, su obra, su lucha. Integrándolo a nuestra vida.
Descubriendo las encrucijadas en que se cruzan los hilos de nuestras vidas.
Hoy rendimos homenaje al gran luchador social y político que resultó ser el gran poeta Chileno, nuestroamericano, camarada Pablo Neruda, justo a los a los 114 años de su nacimiento y 82 años del inicio de esa gran herida aun no cicatrizada en la historia de la humanidad como lo es la Guerra Civil Española.
No dudo ni por un instante que desde su talante bolivariano estaría acompañándonos en esta lucha por la segunda independencia, por nuestra completa descolonización, por nuestra liberación de quienes pretenden torcer nuestro brazo frente a la férrea decisión de ser soberanos.
Coincido en tal sentido con Marcos Pinto Echeverría, cuya lección de vida escuché con mucha atención el jueves pasado en el Museo de Valencia, pues lo recordó desde las vivencias de lucha en su Chile natal, cuando puso su nombre a disposición por la unidad de los revolucionarios chilenos en la conquista del gobierno por la vía democrática, para luego acompañar al gran Salvador Allende en esa brillante lección de dignidad humana que resultó ser el gobierno de la Unidad Popular entre 1970 y 1973.
Yo soy de otra generación, de otra formación y de otras vivencias. Por ello agradezco me hayan dado la oportunidad de ser el vocero de este homenaje en la celebración de los ciento catorce años de vida del insigne Ricardo Eliecer Neftalí Reyes Basualto (1904/1973) mejor conocido como Pablo Neruda.
Y, brindo este homenaje desde mi formación, o dirían mis amigos de Barinas, desde mi deformación disciplinar, siendo incisivo en el conocer a este ser humano ejemplar desde las preguntas ¿por qué pensó Neruda como pensó? ¿Qué fuerzas históricas moldearon su discurso en tanto tal, incorporando sus prácticas y sus luchas? Siempre bajo la convicción del supuesto de que la conciencia social está determinada por el ser social por lo que los seres humanos en tanto seres históricos, somos siempre el resultado de las tensiones dialécticas de nuestras fuerzas internas con las de las circunstancias en las que nos ha tocado vivir.
Y en este examinar con acento sociológico, pero sin la pretensión cientificista de la objetividad del conocimiento, me adentro yo mismo en la intersección de mi vida con la vida de Don Pablo Neruda, como él se reconoció en su intersección de vida con nuestro libertador Simón Bolívar, cuando escribió:
Yo conocí a Bolívar una mañana larga,
en Madrid, en la boca del Quinto Regimiento,
Padre, le dije, eres o no eres o quién eres?
Y mirando el Cuartel de la Montaña, dijo:
"Despierto cada cien años cuando despierta el pueblo".
Porque como parte de la magia que caracteriza nuestra visión del mundo a lo garciamarquino, nos encontramos con Neruda en Bolívar, en las luchas por la liberación de los pueblos oprimidos, en el comunismo, en la viva herida que el fascismo hizo a la República Española con su cruenta guerra civil de 1936 a 1939, y la otra de aquel 11 de setiembre del 73 contra el pueblo chileno. Siendo que ante esta última cantaría nuestro Alí Primera:
La montaña quedó muda partida por la mitad
No canta Pablo Neruda los versos del General
Porque era mucho poeta
Para ver morir su pueblo
Y sobrevivir al hecho.
Y nos encontramos en este nuevo renacer de Bolívar en su bicentenario, con su pueblo levantado siguiendo sus ideales como bien lo profetizó el poeta, siguiendo a ese otro gigante bolivariano Hugo Chavez Frías.
Entonces conocemos a Neruda primero desde el reconocimiento de la época en que le tocó forjarse como luchador.
Su micro biografía, convencidos de que fue marcado indeleblemente por sus vivencias, sus seres queridos y su tierra.
En Confieso que he vivido, el poeta nos deja entrever su idea de que su vocación la hereda de su madre cuando comenta: “Allí había un retrato de mi madre. Era una señora vestida de negro, delgada y pensativa. Me han dicho que escribía versos, pero nunca los vi, sino aquel hermoso retrato”. Mientras que su pasión por los desposeídos, por los trabajadores, obreros y campesinos, tendría raíz en su padre, del cual decía: “Salió muy joven de las tierras paternas y trabajó de obrero en los diques del puerto de Talcahuano, terminando como ferroviario en Temuco. Era conductor de un tren lastrero…”
Y aquí abro un paréntesis para aquello de los cruces y encrucijadas, pues también mi abuelo era trabajador ferroviario, en este caso en los tranvías de la Madrid de los años 20 y principios de los 30 del siglo XX.
El mundo en el que se forjó Neruda fue un mundo de transición. Poco menos de ochenta años de independencia del imperio español, el cual rápidamente fue sustituido en su hegemonía mundial por el imperio inglés que comandaba a otros tantos imperios europeos que conquistaron y colonizaron África, Asia y Oceanía: Francia, Holanda, Bélgica por un lado, Japón, Rusia, Turquía entre otros disputándose las influencias políticas, los territorios y los mercados. Y en América, con su doctrina Monroe, el imperio estadounidense construyendo su hegemonía sobre la base del gran garrote.
En Europa y Norteamérica se había consolidado la revolución industrial y con ella el liberal capitalismo salvaje. La clase obrera, nueva clase hija del capitalismo se consolida como tal y de ella surgen doctrinas políticas en la búsqueda de su emancipación del duro yugo con el que ya nació en el marco de las relaciones sociales de producción propias del capitalismo: el socialismo libertario, el socialismo utópico y el socialismo científico.
Los primeros veinte años del siglo XX en la historia eurocentrista nos destaca esa enorme confrontación inter imperial que desataría la llamada Primera Guerra Mundial (1914/ 1919) y en su contexto la primera revolución socialista de la historia: la Revolución Rusa (1917).
En nuestra américa, la américa morena, los procesos de modernización se daban de manera desigual entre los diferentes países, como procesos de inserción de nuestras sociedades en el mercado capitalista mundial. Pasábamos de ser sociedades agrarias envueltas en guerras intestinas lideradas por caudillos, y guerras entre pueblos hermanos (por ejemplo, la Guerra del Paraguay de 1860 y 1870, o la llamada Guerra del Pacífico de 1873 entre Chile y Bolivia, a partir de la cual Bolivia pierde su acceso al mar y la Guerra Civil chilena de 1891) a sociedades urbanas subdesarrolladas en vías de industrialización. Destaca en este contexto la relevancia de la Revolución Mexicana de 1910.
El Chile de finales de siglo XIX y principios de XX era una sociedad en transición de una típicamente agraria, en la que el origen del poder político era la propiedad de la tierra, a otra en la cual se fortalecía la economía minera constituyéndose una oligarquía urbano rural fundamentada tanto en la propiedad de la tierra como en los grandes capitales. Es una sociedad en la que comenzaban a crecer, con la migración del campo a la ciudad, grupos de artesanos, técnicos, funcionarios públicos y oficiales del ejército como sectores medios y la reciente clase obrera con los campesinos que permanecieron el ámbito rural. Era una sociedad lejana a la armonía, muy por el contrario, con ardientes conflictos sociales en el cual estaba siempre en la palestra la denominada “Cuestión Social” manifiesta en continuas huelgas y protestas populares protagonizadas por los trabajadores.
Tocó vivir al poeta los influjos lejanos de la primera guerra mundial y de la Revolución Rusa, pero ser protagonista de la Europa de los preparativos de la Segunda Guerra Mundial, con los esfuerzos geoestratégicos del gran capital por contener el avance y consolidación en Europa de la experiencia socialista: el surgimiento del Fascismo, del Nazismo. Padeció en carne propia la Guerra Civil Española (1936/1939) la Segunda Guerra Mundial (1939/1945) y con ella la entrada a la llamada Era Atómica, los procesos de descolonización de los años 50, Las Guerras en Indochina, la Revolución Cubana, la Guerra Fría, las crudas expresiones del Neocolonialismo en nuestra américa (República Dominicana 1916/1924 y 1965/1966, Ocupación de Haití 1915, Ocupación del Nicaragua 1926, Panamá 1918, Derrocamiento de Arbenz en Guatemala 1954, Ataques a Revolución Cubana 1960 y 61, derrocamiento del presidente de Brasil Joao Goulart 1964), Asesinato del Che Guevara en Bolivia 1968, cruento golpe de Estado contra Salvador Allende en Chile 1973)
El contexto inmediato de su vida infantil y juvenil estuvo signado, según confiesa el poeta, por la lluvia Austral, la selva, la frontera, la tuberculosis, la timidez, la pobreza.
Podemos resaltar entre los factores y personas que influyeron en el forjamiento de su condición de luchador revolucionario, internacionalista y solidario:
La lectura de la historia de la tierra donde se crió de la mano de Don Alonso de Ercilla, autor de la Araucana. En esta lectura conoció la gesta heroica de los indígenas en resistencia al invasor español, su condición recia, “capaz de soportar fríos mortales, hambre y calor” en tiempos de guerra.
Su abuelo, José Angel Reyes, campesino con pocas tierras y muchos hijos.
Su Padre, José del Carmen Reyes, quien salió muy joven de las tierras paternas y trabajó de obrero en los puertos de Talcahuano y luego conductor de tren lastrero.
Su madre de crianza doña Trinidad Candia Marverde a quien denominó: “el ángel tutelar de mi infancia”
Las lecturas infantiles y juveniles de Búfalo Bill, de quien dijo no gustarle porque asesinaba indios. Y de Emilio Salgari, escritor italiano de novelas de aventura, en especial Sandokan.
La poetisa chilena Gabriela Mistral quien lo llevó, según él dijo, a la lectura de los clásicos rusos: Tolstoi, Dostoievski, Chejov. Incluso estos autores rusos pueden ser considerados como influyentes en la formación de Neruda.
El poeta francés Charles Baudelaire, cuya obra estuvo traduciendo.
Destacada influencia en la conformación del luchador social tendría el pensamiento anarquista libertario de la que en algún momento confiesa siempre permaneció si desconfianza en las formas del Estado. Autores como Greg Dawes y Jaime Concha incluso identifican en el análisis de sus poesías rastros del ideario anarquista. Así se recoge su participación como corresponsal en Temuco de la revista de la Federación de Estudiantes Chilenos “Claridad”, de la que se declaró “militante político y literario”.
En 1921 se incorpora a los estudios universitarios en la ciudad de Santiago de Chile, experiencia en la que comparte vida bohemia de poeta y vida de militante político y literario bajo el liderazgo de José Santos González Vera, de Manuel Rojas y Alberto Rojas Jiménez, intelectuales y luchadores de pensamiento y militancia anarquista en el Federación de Estudiantes de Chile (FECH). Con especial influencia en Neruda se menciona el asalto a la Casa de la Federación de Estudiantes por parte de la llamada “juventud dorada” (los hijos de la oligarquía) que trajo entre sus impactos el arresto, suplicio y muerte de Domingo Gómez Rojas “Joven esperanza de la poesía chilena”. Así pues, los autores reconocen que la llamada generación del año 20 en la cual se incorpora Neruda, estuvo marcada por el pensamiento libertario, en especial el movimiento estudiantil, los intelectuales y artistas.
De la conflictividad de los años 20 el propio Neruda destaca en la página 64 de Confieso que he vivido “Los estudiantes apoyábamos las reivindicaciones populares y éramos apaleados por la policía en las calles de Santiago. A la Capital llegaban miles de obreros cesantes del salitre y del cobre. Las manifestaciones y la represión consiguiente teñían trágicamente la vida nacional”
Muy pronto, en 1927, de apenas 23 años entra en la vida diplomática, inicialmente en Birmania, luego Singapur y posteriormente, a inicio de los años 30 en España, lo que le permite relacionarse con gran parte de la intelectualidad elite tanto de Europa como de Latinoamérica, destacando entre otros a: García Lorca, Rafael Alberti, Miguel Hernández, Vicente Aleixandre, Manuel Altolaguirre, Luis Cernuda, José Bergamín.
En esa estadía en España es testigo de los pocos años del experimento republicano de ese país ibérico (14 abril 1931/ 01 abril 1939), el cual avanzó en temas como la Reforma Agraria, el divorcio, la autonomía de las regiones (Cataluña, País vasco, Galicia, etc.), pero tuvo como factor de mayor resistencia la política del Estado frente a la iglesia Católica.
El 18 de julio de 1936, a partir del levantamiento armado del general Francisco Franco contra la República. En palabras del poeta: “La revista debía aparecer el 19 de julio de 1936, pero aquel día se llenó de pólvora la calle. Un general desconocido, llamado Francisco Franco, se había rebelado contra la República en su guarnición en África”. De allí el mayor dolor sufrido por Neruda habría sido el asesinato de García Lorca en Granada: “Y de ese modo la guerra de España, que cambió mi poesía, comenzó para mí con la desaparición de un poeta.”
Como muestra del material con el que estaba hecho su espíritu, Neruda rompió con sus prácticas la neutralidad que le exigía su condición de diplomático. Escribió su libro “España en el corazón”, participó activamente en la defensa de la República Española.
Allí se fortaleció su militancia solidaria con ese proceso y ese pueblo mancillados por las alianzas de la derecha internacional, en su afán de contener el avance de los procesos de democracia socialista en el mundo. Junto con otros intelectuales progresistas tomaron iniciativas solidarias como la creación del Grupo hispanoamericano de ayuda a España y la divulgación de una publicación de poesía, junto a la intelectual británica Nancy Cunard, a la que denominaron “Los Poetas del Mundo Defienden al Pueblo Español”, anunciando que los recursos recaudados serían destinados a la solidaridad con el pueblo español. Así mismo junto a su compañera de aquella época, Delia del Carril, convocaron y organizaron un Congreso de Escritores antifascistas en Madrid y Valencia, España. Participaron entre otros: Antonio Machado, Octavio Paz, Rafael Alberti, Nicolás Guillen, Vicente Huidobro, como parte de los 110 delegados de unos 28 países. Pero también como habría de confesarlo, fue en España que se distanció de la corriente de pensamiento y acción anarquista para enlistarse en la corriente comunista. Como él diría: “Aunque el carnet de militante lo recibí mucho más tarde en Chile, cuando ingresé oficialmente al partido, creo haberme definido ante mi mismo como comunista durante la guerra en España (…) Mientras esas bandas (refiriéndose a los anarquistas españoles) pululaban en la noche ciega de Madrid, los comunistas eran la única fuerza organizada que creaba un ejército para enfrentarlo a los italianos, a los alemanes, a los moros y a los falangistas. Y eran, al mismo tiempo la fuerza moral que mantenía la resistencia y la lucha antifascista”.
Pero la mayor de las hazañas militantes y solidarias la constituiría el esfuerzo por lograr que cientos de españoles republicanos huyeran de las huestes fascistas, luego de su triunfo militar. Habían muerto más de un millón de españoles, entre ellos mi abuelo Regino Deza, caído en batalla en defensa de la República, y habían huido miles cruzando la frontera hacia Francia, para luego ser apresados y recluidos en campos de concentración.
El año 1939, con nuevo gobierno en Chile, del Frente Popular, le asignan la misión especial de rescatar y sacar hacia América miles de españoles presos en Francia, lográndolo no sin enormes obstáculos provenientes de las resistencias de las fuerzas derechistas de su propio país e internacionales. Así en una embarcación llamada Winipeg logra embarcar para Chile unos dos mil refugiados españoles rumbo a Chile. En esos mismos días estalla la Segunda Guerra Mundial. Gran hazaña que siempre le enorgulleció.
Con posterioridad fue nombrado Cónsul General en México, lo que ejerció hasta cansarse de la vida diplomática, sobre todo de lo que denominó “absurdas pretensiones racistas de algunas naciones sudamericanas, productos ellas mismas de múltiples cruzamientos y mestizajes, es una tara de tipo colonial”.
En el año 45, producto de las alianzas políticas es nombrado senador de la República de Chile. Desde ese puesto de lucha se dedica a acompañar la lucha de los trabajadores organizados en sindicatos por sus derechos laborales, no sin la extrema oposición de los dueños del capital, quienes no dudarían de utilizar las fuerzas armadas para impedirlo. Cuenta Neruda: “me acostumbré en aquellas largas giras a alojarme  en las pobrísimas casas, casuchas o cabañas de los hombres del desierto” y esos caminos lo llevaron a ingresar oficialmente al partido comunista Chileno el 15 de julio de 1945.
Luego sufrió la traición, que típicamente ocurre en nuestros países latinoamericanos de hombres electos con el apoyo popular para luego transformarse a partir de los halagos y presiones de los sectores dominantes y de la diplomacia estadounidense. Así desde el gobierno electo con los votos de los comunistas fue rápidamente ilegalizado el partido comunista, siendo obligado a ir a la clandestinidad por más de año y medio, y al exilio a principios de 1949 nuestro poeta luchador social. “Mis discursos se tornaron violentos y la sala del senado estaba siempre llena para escucharme. Pronto se pidió y se obtuvo mi desafuero y se ordenó a la policía mi detención”.
En el destierro recorrió invitado por diversas organizaciones a recorrer la Unión Soviética, la India, China, Italia. Regresa a Chile en el 52 y se dedica su obra poética en privado hasta el 57.
Llama la atención su autocritica de finales de los años 50 cuando de regreso a China en plena revolución cultural manifiesta la repulsa que le causa el culto a la personalidad, tal cual se practicó con el Stalin de la segunda guerra mundial y que él compartió por considerarlo “como el vencedor avasallante de los ejércitos de Hitler…”, pero que luego habría degenerado enigmáticamente, por lo que rechazaba como píldora amarga que no estaba dispuesto a volver a tomar la sustitución de un hombre por un mito, tal cual lo estaba observando en la China revolucionaria, así como toda la revisión de las llamadas desviaciones derechistas de muchos militantes chinos que fueron juzgados y sometidos al escarnio y el ostracismo. Claramente Neruda no compartió tales políticas autoritarias.
En el año 58 intentó hacer una escala en Venezuela pero según él contó su desembarco fue impedido por enorme cantidad de soldados enviados por el tirano favorito del Departamento de Estado, Pérez Jiménez, quién muy pronto estaría depuesto y exiliado en Miami.
En 1952 es reconocido en la Unión Soviética con el Premio Lenin de la Paz y el Stalin de l y en el año 1971 el nobel de la paz. En Chile le fue concedida la medalla Recabarren, destinada a los mejores militantes del partido comunista.
Cultivó amistad con Fidel Castro, el Che Guevara, Gabriel García Márquez, Miguel Otero Silva. Consideró a la revolución cubana como la esperanza hecha realidad, defendiéndola en los diferentes espacios en los que le tocó intervenir.
En el año 1969 le correspondió el honor de ser designado por el Partido Comunista Chileno como su candidato presidencial, oportunidad que aprovechó para contribuir de manera significativa a la unidad de las izquierdas que se encontraban en pugna en su país, unidad que se construyó alrededor de la figura de Salvador Allende, candidato al que había apoyado las anteriores oportunidades en que se había postulado y que ciertamente contaba con su apoyo y amistad.
Acompañó con pasión al gobierno socialista y democrático presidido por Salvador Allende, sirviéndole como Embajador en Francia. Sufrió las campañas de odio que saturaron Chile contra la revolución cubana, contra los comunistas, contra los soviéticos, contra la paz y la humanidad. Propaganda fascista lanzando la amenaza y el miedo.
En 1973 fue una de las víctimas de la reacción fascista propulsada por el imperialismo norteamericano y ejecutada por el ejército chileno en nombre de los partidos de la derecha, las transnacionales y la gran burguesía. Estuvo convencido de que a su presidente y amigo lo asesinaron por la nacionalización del cobre.
Y como dijo Alí Primera: “era mucho poeta para sobrevivir al hecho”, falleciendo 12 días después del cruento golpe de estado del 11 de setiembre de 1973.
Termino este homenaje respondiendo las preguntas con las que inicié esta reflexión: ¿por qué pensó Neruda como pensó? ¿Qué fuerzas históricas moldearon su discurso en tanto tal, incorporando sus prácticas y sus luchas? Estoy convencido de que nuestro poeta revolucionario Pablo Neruda fue un revolucionario a carta cabal, un hombre de pensamiento y acción, que nos legó una obra y un gran ejemplo. Fue un joven anarquista cuando ser revolucionario en su país era serlo. Se convenció de la necesidad de la lucha organizada y de la militancia disciplinada y se hizo comunista hasta el fin de sus días. Fue un demócrata ejemplar pero que comprendía el derecho de los pueblos a la rebelión cuando fuera sometido a la tiranía. Fue un convencido de la necesidad del socialismo como camino creativo a la emancipación de nuestra América latina, siempre de acuerdo a las condiciones propias de la realidad de cada uno de nuestros países. Fue un convencido anti imperialista, que denunció la agresiva política norteamericana de gran garrote apoyando las dictaduras militares en nuestro continente.
No dudo ni por un segundo que así como se batió en defensa de la República española y de la revolución cubana, estaría hoy al lado de los bolivarianos defendiéndonos de los viles ataques de los herederos de su despreciado Nixon.
Honor y Gloria a Pablo Neruda!

Valencia, 20 de julio de 2018

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