La actividad
desestabilizadora de los gobiernos progresistas de América Latina por parte de
la élite gobernante en EEUU se ha agudizado en los últimos días. No se trata de
una de las típicas teorías de conspiración que por banalizar y desinformar
generan ciertos medios de comunicación al servicio de oscuros intereses. Se
trata de hechos concretos generalmente ejecutados por mercenarios contratados
por las agencias de injerencia internacional del Imperio. Por supuesto que
entre los casos a que hacemos referencia destacan: los actos de violencia
contra el estado y el pueblo bolivianos, el develado plan golpista y magnicida
contra el gobierno bolivariano de Venezuela, el ventilador de excrementos
propiciado por el FBI con el tristemente célebre caso del maletín con dólares,
la visita no tan casual del “director” de la ONG Human Rights Watch con su
ristra de mentiras, la huelga agraria en Argentina. Nada más que para la
desestabilización en Venezuela en 2008, según lo revelado por un vocero del
congreso norteamericano, han destinado una cantidad superior a los cinco
millones de dólares. Sin embargo, es de destacar que la respuesta
latinoamericana ha dejado de ser en general aquella sumisa y complaciente típica del siglo XX. A excepción
de gobiernos como el colombiano, el peruano o el salvadoreño que manifiestan
extrema fidelidad al gobierno norteamericano, el resto de nuestra América
manifiesta tendencias hacia la reivindicación de la autodeterminación de los
pueblos, la integración, la solidaridad y el apoyo mutuo con visos de anti
imperialismo. La hegemonía norteamericana en el continente muestra evidencias
irrefutables de resquebrajamiento, lo que convierte a la élite de los halcones
ultraconservadores en una especie de fiera herida, es decir, los ubica al borde
de la desesperación, por lo que se convierten en elementos sumamente
peligrosos. Más aún cuando su lógica prioriza
lo que ellos llaman “lo correcto”, que no es más que la defensa de sus
intereses a cualquier costo, frente a valores universales como la Paz y la Vida
Humana. Es por ello que se hace imperioso darnos cuenta plena de la encrucijada
que nos tocó vivir y del compromiso que debemos asumir con la Paz y la Vida, frente
a aquellos que cobardemente optan por ser colaboracionistas con el enemigo con
la esperanza de obtener ventajas de los poderosos o de aquellos que prefieren
hacer como el avestruz haciéndose cómplices por omisión.
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