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viernes, 10 de mayo de 2013

EL RESQUEBRAJAMIENTO DE LA HEMEONIA NORTEAMERICANA

La actividad desestabilizadora de los gobiernos progresistas de América Latina por parte de la élite gobernante en EEUU se ha agudizado en los últimos días. No se trata de una de las típicas teorías de conspiración que por banalizar y desinformar generan ciertos medios de comunicación al servicio de oscuros intereses. Se trata de hechos concretos generalmente ejecutados por mercenarios contratados por las agencias de injerencia internacional del Imperio. Por supuesto que entre los casos a que hacemos referencia destacan: los actos de violencia contra el estado y el pueblo bolivianos, el develado plan golpista y magnicida contra el gobierno bolivariano de Venezuela, el ventilador de excrementos propiciado por el FBI con el tristemente célebre caso del maletín con dólares, la visita no tan casual del “director” de la ONG Human Rights Watch con su ristra de mentiras, la huelga agraria en Argentina. Nada más que para la desestabilización en Venezuela en 2008, según lo revelado por un vocero del congreso norteamericano, han destinado una cantidad superior a los cinco millones de dólares. Sin embargo, es de destacar que la respuesta latinoamericana ha dejado de ser en general aquella sumisa y  complaciente típica del siglo XX. A excepción de gobiernos como el colombiano, el peruano o el salvadoreño que manifiestan extrema fidelidad al gobierno norteamericano, el resto de nuestra América manifiesta tendencias hacia la reivindicación de la autodeterminación de los pueblos, la integración, la solidaridad y el apoyo mutuo con visos de anti imperialismo. La hegemonía norteamericana en el continente muestra evidencias irrefutables de resquebrajamiento, lo que convierte a la élite de los halcones ultraconservadores en una especie de fiera herida, es decir, los ubica al borde de la desesperación, por lo que se convierten en elementos sumamente peligrosos. Más aún cuando su lógica prioriza  lo que ellos llaman “lo correcto”, que no es más que la defensa de sus intereses a cualquier costo, frente a valores universales como la Paz y la Vida Humana. Es por ello que se hace imperioso darnos cuenta plena de la encrucijada que nos tocó vivir y del compromiso que debemos asumir con la Paz y la Vida, frente a aquellos que cobardemente optan por ser colaboracionistas con el enemigo con la esperanza de obtener ventajas de los poderosos o de aquellos que prefieren hacer como el avestruz haciéndose cómplices por omisión.

lunes, 29 de abril de 2013

Armamentismo o Derecho a la Defensa Nacional


¿Es probable una intervención norteamericana en nuestro país? Parece ser una pregunta legítima de quien se preocupa por nuestra realidad actual. La respuesta solo es posible con un margen de veracidad partiendo de los hechos históricos contemporáneos: Invasión a Vietnam, intento de invasión en Bahía de Cochinos (Cuba), Intervención armada en Panamá, Invasión a Haití, invasión a Afganistán, invasión a Irak. Por si fuera poco podemos recordar la intervención indirecta en el golpe de estado a Allende, el financiamiento del movimiento de los Contra en Nicaragua  aún valiéndose de subterfugios como el que dio nombre al affaire Iran/contras.
 La intervención norteamericana en los asuntos internos de nuestro país al igual que en los de cualquier otro es un hecho indiscutible: son el policía del mundo según la doctrina del destino manifiesto. Si esto es así, tiene derecho un estado soberano defenderse condición en el concierto de las naciones civilizadas? O necesariamente debe someterse a las exigencias del omnímodo poder imperial.
Para nadie es un secreto que está en marcha uno o mas planes desestabilizadores del proceso democrático venezolano con la complicidad inocente o no tanto de quienes se desviven por los favores del poder establecido. Eventos como la incursión paramilitar en Caracas, el público entrenamiento de mercenarios en tierras mayameras,  la orden de matar al presidente venezolano desde televisoras norteamericanas, el asesinato de decenas de dirigentes campesinos y del fiscal Anderson no son elucubraciones fantásticas.
“solo le pido a Dios que la guerra no me sea indiferente, es un monstruo grande y pisa fuerte toda la pobre inocencia de la gente” nos dice el poeta español y no podemos menos que compartir todo el sentimiento de repudio que cualquier clase de violencia y en especial el hecho de la guerra nos genera, pero no es menos cierto que tenemos derecho al respeto a nuestra autodeterminación, a prepararnos para la defensa de la integridad de nuestra nación.
Muy pocos ejércitos pueden exhibir el honor de solo haber salido del territorio para liberar y no para agredir como hoy lo hace el ejercito norteamericano. Sin embargo, de manera inmoral pretenden imponer su dominio total sobre el mercado internacional de armamentos, prohibiéndola venta de estos artefactos a nuestro país mientras que en su mercado interno se venden libremente.
Partiendo de su dominio hegemónico el Departamento de Estado norteamericano dictó la línea a sus seguidores de formular una fuerte corriente de opinión en el sentido de hacer percibir al gobierno venezolano de intervensionista, armamentista, e incluso de imperialista. Este concierto es notorio en los opinadores de oficio que repiten las especies emitidas  por los laboratorios de desinformación de los órganos de inteligencia norteamericanos. Si dudamos de ello solo basta mirar la armonía entre los titulares delos principales instrumentos de propaganda de la llamada oposición y los mensajes emitidos desde el norte.
Venezuela tiene derecho a defender su proceso revolucionario de una amenaza real preparándose con los recursos armamentísticos adecuados para ello como cualquier país de nuestro planeta. Tiene derecho a incorporar a la población activamente a la defensa de nuestra concepción de la democracia, participativa y protagónica mientras el estado ejerce el derecho a monopolizar la legitimidad de la violencia institucionalizada en el marco del respeto de los derechos humanos que tan caros nos son.
Definitivamente, la alianza estratégica entre los militares y los civiles en nuestro proceso bolivariano se desmarca de fórmulas dadas por ciertas por la politología y ofrece elementos importantes de gobernabilidad que permiten mantener la apertura total de los derechos individuales, incluso el de la disidencia dentro del marco del elemental respeto  a las reglas del juego democrático.
Las armas que adquiere el estado venezolano no son para la guerra sino para el mantenimiento de un realista marco de defensa de la soberanía nacional ante amenazas nada despreciables.