La construcción de
una democracia radical es un proceso humano lleno de aciertos y errores, pero
el balance es definitivamente positivo. Evidentemente quienes vivimos este proceso
hemos sido formados en el seno del antiguo sistema que no se resigna a
desaparecer y cuya lógica se reproduce en gran parte de nuestras actuaciones.
Esto hace que constantemente se perciba la realidad como contradictoria pues
seguimos juzgando lo nuevo con los lentes de lo viejo. Recuerdo que la lógica
de la política venezolana era muy simple: ¡con AD se vive mejor pues ellos
roban pero dejan robar, mientras que los copeyanos comen ellos solos, póngame
donde haiga¡ . La apropiación privada de
lo público es un valor (o mejor antivalor) que sigue rigiendo junto con otros
típicos del capitalismo como el referido a la avaricia, asumida como algo
natural y hasta deseable para el progreso económico. Es evidente que entre
quienes comparten algún puesto de dirección en el estado aun desde las filas
revolucionarias realiza prácticas acordes a los preceptos mencionados, cosa que
es percibida por el sabio pueblo que tiende a castigarlos. Pero no debe
confundirse esta situación con la corriente de opinión que ha prendido
fuertemente de que el actual sistema político es el más corrupto de nuestra
historia. Solo recordemos la historia de casos famosos como el del inefable
Vinicio Carrera quien fuera ministro del gobierno de Luis Herrera y estuvo
involucrado en un caso de una carretera que se pagó y nunca se construyó,
acumulando tal capital que compró un título nobiliario y jamás regresó al país.
O también el Régimen de Cambio Diferencia también conocido como RECADI, o la
crisis bancaria y los auxilios financieros de millones de dólares que fueron a
parar a manos de los banqueros en el exterior. O la ilegítima deuda externa que
se multiplicó desde el primer gobierno de CAP enriqueciendo a particulares pero luego asumida por el estado
venezolano. Los venezolanos debemos mantener activa la memoria para no dejar
que esa mentira dicha mil veces la asumamos como realidad pues jamás regresarán
aquellos niveles de corrupción. Pero esto no quita que estemos alertas y
exijamos a quienes han asumido el compromiso de administrar los gobiernos
regionales y locales que lo hagan con probidad y transparencia, incorporando
mecanismos de administración que garanticen al pueblo en general y a la
contraloría social en particular el acceso oportuno a la información acerca de
los manejos presupuestarios.
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