lunes, 29 de abril de 2013

Armamentismo o Derecho a la Defensa Nacional


¿Es probable una intervención norteamericana en nuestro país? Parece ser una pregunta legítima de quien se preocupa por nuestra realidad actual. La respuesta solo es posible con un margen de veracidad partiendo de los hechos históricos contemporáneos: Invasión a Vietnam, intento de invasión en Bahía de Cochinos (Cuba), Intervención armada en Panamá, Invasión a Haití, invasión a Afganistán, invasión a Irak. Por si fuera poco podemos recordar la intervención indirecta en el golpe de estado a Allende, el financiamiento del movimiento de los Contra en Nicaragua  aún valiéndose de subterfugios como el que dio nombre al affaire Iran/contras.
 La intervención norteamericana en los asuntos internos de nuestro país al igual que en los de cualquier otro es un hecho indiscutible: son el policía del mundo según la doctrina del destino manifiesto. Si esto es así, tiene derecho un estado soberano defenderse condición en el concierto de las naciones civilizadas? O necesariamente debe someterse a las exigencias del omnímodo poder imperial.
Para nadie es un secreto que está en marcha uno o mas planes desestabilizadores del proceso democrático venezolano con la complicidad inocente o no tanto de quienes se desviven por los favores del poder establecido. Eventos como la incursión paramilitar en Caracas, el público entrenamiento de mercenarios en tierras mayameras,  la orden de matar al presidente venezolano desde televisoras norteamericanas, el asesinato de decenas de dirigentes campesinos y del fiscal Anderson no son elucubraciones fantásticas.
“solo le pido a Dios que la guerra no me sea indiferente, es un monstruo grande y pisa fuerte toda la pobre inocencia de la gente” nos dice el poeta español y no podemos menos que compartir todo el sentimiento de repudio que cualquier clase de violencia y en especial el hecho de la guerra nos genera, pero no es menos cierto que tenemos derecho al respeto a nuestra autodeterminación, a prepararnos para la defensa de la integridad de nuestra nación.
Muy pocos ejércitos pueden exhibir el honor de solo haber salido del territorio para liberar y no para agredir como hoy lo hace el ejercito norteamericano. Sin embargo, de manera inmoral pretenden imponer su dominio total sobre el mercado internacional de armamentos, prohibiéndola venta de estos artefactos a nuestro país mientras que en su mercado interno se venden libremente.
Partiendo de su dominio hegemónico el Departamento de Estado norteamericano dictó la línea a sus seguidores de formular una fuerte corriente de opinión en el sentido de hacer percibir al gobierno venezolano de intervensionista, armamentista, e incluso de imperialista. Este concierto es notorio en los opinadores de oficio que repiten las especies emitidas  por los laboratorios de desinformación de los órganos de inteligencia norteamericanos. Si dudamos de ello solo basta mirar la armonía entre los titulares delos principales instrumentos de propaganda de la llamada oposición y los mensajes emitidos desde el norte.
Venezuela tiene derecho a defender su proceso revolucionario de una amenaza real preparándose con los recursos armamentísticos adecuados para ello como cualquier país de nuestro planeta. Tiene derecho a incorporar a la población activamente a la defensa de nuestra concepción de la democracia, participativa y protagónica mientras el estado ejerce el derecho a monopolizar la legitimidad de la violencia institucionalizada en el marco del respeto de los derechos humanos que tan caros nos son.
Definitivamente, la alianza estratégica entre los militares y los civiles en nuestro proceso bolivariano se desmarca de fórmulas dadas por ciertas por la politología y ofrece elementos importantes de gobernabilidad que permiten mantener la apertura total de los derechos individuales, incluso el de la disidencia dentro del marco del elemental respeto  a las reglas del juego democrático.
Las armas que adquiere el estado venezolano no son para la guerra sino para el mantenimiento de un realista marco de defensa de la soberanía nacional ante amenazas nada despreciables.

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