Es difícil escribir un
análisis coyuntural sin hacer referencia a la terrible crisis económica
financiera que azota al mundo capitalista. Parece incluso consensual la idea de
que el origen de tal crisis se ubica en la incontrolable deshonestidad y
avaricia de los líderes financieros occidentales. En nuestro país los medios masivos
controlados por la contra revolución han minimizado la situación bursátil, la
quiebra de numerosos bancos y por el contrario apuntan a apologizar la caída de
los precios petroleros y el fracaso de la política económica del actual
gobierno. Pero la dura realidad viene demostrando que han sido tomadas a tiempo
las medidas pertinentes para tomar distancia de las pretéritas posiciones de
extrema dependencia de nuestra economía con respecto a la norteamericana. Por
una parte la acertada política petrolera que dio como resultado el
relanzamiento de la OPEP y por ende la recuperación de los precios petroleros
hasta niveles aceptables para los países productores y exportadores. Sin
embargo, los inmorales operadores de las grandes finanzas se las han arreglado
para distorsionar el referido mercado petrolero creando instrumentos
financieros que representan la negociación de petróleo a futuro, los cuales son
manejados dentro de la mas grosera de las especulaciones financieras a fin de
producir ingentes ganancias a los “inversionistas” que juegan a una especie de
lotería sin importarles el exagerado empuje que le han dado a la inflación
mundial. Por otro lado, se asumió como política el desvincular las reservas
financieras venezolanas de los bancos norteamericanos colocándolas a buen
resguardo en la banca suiza, mientras que una importante proporción se invierte
en desarrollo infraestructural y relanzamiento de nuestra economía, así como
pago de la ingente deuda social. Otro factor que es relevante es la apertura de
acuerdos comerciales con gran parte del mundo, con especial énfasis en Irán,
Rusia, China, Portugal, Bielorusia. No podemos asegurar que quedaremos inmunes
a una crisis que se dibuja con un carácter global, pero es evidente que
tendremos la suficiente fortaleza y estabilidad como para resistir el coletazo
de este huracán financiero. Allá aquellos que apostaron y siguen apostando a
llevarse su capital financiero al norte, hoy seguramente estarán arrepentidos
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viernes, 10 de mayo de 2013
lunes, 29 de abril de 2013
Armamentismo o Derecho a la Defensa Nacional
¿Es probable una intervención norteamericana
en nuestro país? Parece ser una pregunta legítima de quien se preocupa por
nuestra realidad actual. La respuesta solo es posible con un margen de
veracidad partiendo de los hechos históricos contemporáneos: Invasión a
Vietnam, intento de invasión en Bahía de Cochinos (Cuba), Intervención armada
en Panamá, Invasión a Haití, invasión a Afganistán, invasión a Irak. Por si
fuera poco podemos recordar la intervención indirecta en el golpe de estado a
Allende, el financiamiento del movimiento de los Contra en Nicaragua aún valiéndose de subterfugios como el que
dio nombre al affaire Iran/contras.
La
intervención norteamericana en los asuntos internos de nuestro país al igual
que en los de cualquier otro es un hecho indiscutible: son el policía del mundo
según la doctrina del destino manifiesto. Si esto es así, tiene derecho un
estado soberano defenderse condición en el concierto de las naciones civilizadas?
O necesariamente debe someterse a las exigencias del omnímodo poder imperial.
Para nadie es un secreto que está en marcha
uno o mas planes desestabilizadores del proceso democrático venezolano con la
complicidad inocente o no tanto de quienes se desviven por los favores del
poder establecido. Eventos como la incursión paramilitar en Caracas, el público
entrenamiento de mercenarios en tierras mayameras, la orden de matar al presidente venezolano
desde televisoras norteamericanas, el asesinato de decenas de dirigentes
campesinos y del fiscal Anderson no son elucubraciones fantásticas.
“solo le pido a Dios que la guerra no me sea
indiferente, es un monstruo grande y pisa fuerte toda la pobre inocencia de la
gente” nos dice el poeta español y no podemos menos que compartir todo el
sentimiento de repudio que cualquier clase de violencia y en especial el hecho
de la guerra nos genera, pero no es menos cierto que tenemos derecho al respeto
a nuestra autodeterminación, a prepararnos para la defensa de la integridad de
nuestra nación.
Muy pocos ejércitos pueden exhibir el honor
de solo haber salido del territorio para liberar y no para agredir como hoy lo
hace el ejercito norteamericano. Sin embargo, de manera inmoral pretenden
imponer su dominio total sobre el mercado internacional de armamentos,
prohibiéndola venta de estos artefactos a nuestro país mientras que en su
mercado interno se venden libremente.
Partiendo de su dominio hegemónico el
Departamento de Estado norteamericano dictó la línea a sus seguidores de
formular una fuerte corriente de opinión en el sentido de hacer percibir al
gobierno venezolano de intervensionista, armamentista, e incluso de
imperialista. Este concierto es notorio en los opinadores de oficio que repiten
las especies emitidas por los
laboratorios de desinformación de los órganos de inteligencia norteamericanos.
Si dudamos de ello solo basta mirar la armonía entre los titulares delos
principales instrumentos de propaganda de la llamada oposición y los mensajes
emitidos desde el norte.
Venezuela tiene derecho a defender su
proceso revolucionario de una amenaza real preparándose con los recursos
armamentísticos adecuados para ello como cualquier país de nuestro planeta.
Tiene derecho a incorporar a la población activamente a la defensa de nuestra
concepción de la democracia, participativa y protagónica mientras el estado
ejerce el derecho a monopolizar la legitimidad de la violencia
institucionalizada en el marco del respeto de los derechos humanos que tan
caros nos son.
Definitivamente, la alianza estratégica
entre los militares y los civiles en nuestro proceso bolivariano se desmarca de
fórmulas dadas por ciertas por la politología y ofrece elementos importantes de
gobernabilidad que permiten mantener la apertura total de los derechos
individuales, incluso el de la disidencia dentro del marco del elemental
respeto a las reglas del juego
democrático.
Las armas que adquiere el estado venezolano
no son para la guerra sino para el mantenimiento de un realista marco de
defensa de la soberanía nacional ante amenazas nada despreciables.
Libertad e Igualdad en el Socialismo del Siglo XXI
La
reflexión acerca de la relación entre estos valores parte del modelo teórico
liberal de Locke, en el cual se esbozaría una estrecha relación entre
liberalismo y democracia, en la cual la legitimidad del sistema político
descansaría en el pacto surgido entre todos los hombres que intervienen en su
realización, y las relaciones humanas pasarían a ser relaciones instituidas o
voluntarias, es decir relaciones morales dependientes de la voluntad de los
hombres.
Para
Locke la Libertad es un derecho
natural de los seres humanos expresado en la apropiación de cada hombre de su
propia persona como preámbulo moral y constitutivo de la ciudadanía, y como ley
natural de su ejercicio responsable. En la posterior versión de Rousseau la Libertad aparece como el derecho a no obedecer
más que a las leyes. Así mismo, algunos autores contraponen la noción de
libertad derivada del liberalismo a la emanada de la democracia: mientras que
en el primero de los casos es el ámbito privado que se protege frente al
poder, el límite sobre el que no puede avanzar el Estado y el gozo pacífico de
la independencia privada, en el segundo es una posibilidad que se realiza en el
poder, está constituida por la participación activa y constante en el poder
colectivo y es la distribución del poder político entre todos los ciudadanos de
una misma patria. Probablemente la versión hegemónica moderna coincida más con
la visión liberal que con la propiamente democrática, pero el proceso
bolivariano se afinca en la segunda.
Tales
diferencias están interconectadas con las referidas al problema de la Igualdad: en el modelo propuesto por
Locke la noción de igualdad es compatible al establecimiento de diferenciaciones
sociales derivadas de su principio nuclear, es decir, la propiedad, así como
del mérito intelectual, las cuales generarían el desarrollo de la industria y
del entendimiento práctico, es decir, se presenta como deseable un sistema
elitista cerrado. Con anterioridad a
Rousseau la igualdad no era vista como un fin en sí mismo sino como un
instrumento al servicio de la libertad individual, es decir una igualdad moral
para el ejercicio de los derechos, dado que no era concebible la igualdad entre
el virtuoso y el delincuente, el inteligente y el imbécil o el valiente y el
cobarde; así la única igualdad posible sería la igualdad ante la ley, es decir
que no se confieran privilegios a ningún ciudadano a partir del nacimiento.
Por
su parte Rousseau acentúa un igualitarismo radical basado en que la naturaleza
no ha generado desigualdades significativas que generen reclamos de unos que no
puedan hacer otros. De hecho se plantea el discurso de la “voluntad general” y
el rechazo a la propiedad como derecho contra natura y generador de la
injusticia, con lo cual rebate la tesis elitista de la democracia y la extiende
a todos los aspectos de la sociedad mediante la democracia directa planteada en
el Contrato Social.
Ahora
bien, dado que en la sociedad moderna actual el capitalismo ha consagrado la
desigualdad como ley natural mediante la consolidación ideológica del modelo de
Locke, la libertad y la igualdad se traducen en aspectos meramente formales
ante la ley, por lo cual el supuesto de participación voluntaria en el pacto
social se traduce en una falacia, sobre todo para aquellos hombres víctimas de la exclusión, la
injusticia o la explotación por otros hombres.
Las
concepciones actuales de la política desde una visión moral comunitarista
reivindican al sujeto moral como responsable de si mismo y de las situaciones
que le rodean con un fuerte sentido de autonomía al relacionarse con el mundo
de la vida, la sociedad civil y la historia, en el marco de una vida humana
dialógica y de una ética de la autenticidad (Taylor). Esto último incluye a un
sujeto capaz de disentir a partir de los llamados sentimientos morales
(Strawson): Resentimiento, indignación y culpa.
Entonces, como sujetos morales auténticos,
en el marco de relaciones intersubjetivas, los hombres tienden a resentirse como expresión de sus sentimientos
morales ante la violación reiterada e inherente en los comportamientos de los
otros con respecto a los derechos morales de algunos o de las mayorías. Es
decir, la injusticia imperante a partir
de la consolidación estructural de las desigualdades extremas convierte en
falaz la idea de la libertad e igualdad como marcos fundamentales de la
sociedad. En este contexto la revolución bolivariana reivindica la moral
comunitarista que los eleva como valores fundamentales para acabar con la
injusticia social enraizada en el capitalismo .
La Experiencia Venezolana y las Contradicciones de la Transición. El Contexto Histórico de la Promulgación de la LOTTT (2012)
Contexto Internacional:
Globalización-internacionalización/
intereses nacionales:
El proceso
bolivariano se ha venido desarrollando en un mundo post guerra fría. Desde el
derrumbe del Muro de Berlín, podríamos distinguir dos fases en la disposición de
las relaciones internacionales: una, en la cual el predominio indiscutido
recaía en manos de los Estados Unidos que emergió de la Guerra Fría como la
potencia triunfadora en todos los planos: militar, político, económico,
tecnológico y cultural. El ambiente ideológico que esta situación de hecho
configuró, se refleja en el libro de Francis Fukuyama El fin de la historia y el último hombre, que se propuso justificar
la hegemonía lograda por EEUU mediante las “ideas” de la economía de mercado
(eufemismo de capitalismo sin cortapisas) y democracia liberal representativa
(el modelo político norteamericano), las cuales aparecían, a la luz de la
filosofía pseudo-hegeliana del nipón-norteamericano, no sólo ni tanto como las
más divulgada o la que contaba con mayor apoyo, sino como la más racional. Esta primera fase de la post
guerra fría tuvo su declive desde el 11 de septiembre de 2001, cuando el grupo
terrorista fundamentalista Al Qaeda logra atacar militarmente dentro del
territorio norteamericano, dando un pretexto excelente para la doctrina de la lucha antiterrorista, que sustituiría a
la de “la contención del comunismo” que había guiado la política estadounidense
durante casi todo el siglo XX, especialmente desde 1948. La nueva doctrina tuvo
expresiones bélicas: la intervención en Irak y en Afganistán para imponer
sendos gobiernos títeres en esas naciones del Medio Oriente.
La segunda fase
comienza a sentirse con el empantanamiento de las fuerzas norteamericanas en
Afganistán e Irak, la elección del presidente Barak Obama, pero sobre todo, con
la inmensa crisis financiera de 2008 que fue el análogo económico del derrumbe
de las torres gemelas de Nueva York con los aviones secuestrados por los
fundamentalistas islámicos. La corrupción y la irresponsabilidad de los
banqueros de la economía global (pero principalmente norteamericanos) tuvo como
consecuencia el derrumbe de grandes complejos financieros: bancos, empresas
aseguradoras, de muchas décadas de existencia y de gran “prestigio”. La burbuja
financiera evidenció la recesión, y la crisis golpeó a todo lo largo y ancho
del mundo integrado por el capitalismo imperialista, dominado por el capital
financiero desde finales del siglo XIX.
Un proceso paralelo a
este declive, notable desde los primeros años del nuevo siglo XXI, fue el surgimiento de los llamados “países
emergentes” (especialmente Brasil, Rusia, China e India) que de alguna manera
desafiaban el dominio exclusivo de los “Grandes” de la economía mundial
(Estados Unidos, Europa y Japón) y la consolidación de un grupo de gobiernos
que acumulaban experiencias de transformación orientada hacia el socialismo en
varios países de América Latina: la llamada “Nueva Izquierda latinoamericana”:
Chávez, Morales, Kirchner, Lula Da Silva, Ortega, el Frente Amplio de Uruguay,
etc. Estos cambios políticos le dieron más pertinencia y alcance a los
planteamientos del movimiento alter globalizador que desde los noventa se
habían expresado en todo el mundo, especialmente a propósito de las reuniones
de los grandes de la economía capitalista mundial. Así mismo, aproximadamente desde
el año 2008 y en el contexto de una enorme crisis financiera, la política y los
cambios de posición en el entablado internacional, diversas revoluciones con gran repercusión fueron cubriendo los espacios
informativos. Levantamientos sociales
a lo largo de todos los continentes, tales como
los Movimientos de “Los
Indignados”, “Ocupy Wall Street” e incluso la denominada “Primavera Árabe”
cambiaron la percepción del equilibrio internacional desde las masas.
El signo que se
vislumbra es el de un cambio de época en la situación internacional, una nueva
fase en la cual se vislumbra un mundo multipolar, con factores de poder
políticos, militares y económicos alternos a los Estados Unidos, que, de todos
modos, sigue siendo la gran superpotencia.
Si bien no se trata
de una nueva Guerra Fría, en el cual el mundo se debatía en una polarización
extrema, con el telón de fondo de la amenaza nuclear, nos hallamos en un mundo
con nuevas tensiones, caótico. Autores como Immanuel Wallerstein (2006) han
planteado la decadencia del poder estadounidense. El sistema-mundo capitalista,
surcado y resquebrajado con contradicciones de todo tipo, se halla en un punto
cercano a “la bifurcación sistémica”, es decir, de cambio estructural caótico,
donde los desenlaces son imposibles de prever. Estados Unidos sigue siendo la
mayor fuerza militar del mundo, pero no ha logrado resolver la grave crisis
económica que se ha manifestado por sucesivas “burbujas financieras”. La crisis
económica ha tomado un camino que avizora graves conflictos: la negación de los
derechos laborales incluso en el mismo territorio norteamericano (la reciente
aprobación de la negación del derecho a la contratación colectiva en Missouri),
el conflicto en el norte de África, el empantanamiento en Afganistán e Irak, el
aumento bestial de los precios de los alimentos y demás “comoditys”, el
creciente desempleo y crisis económicas en Europa, son algunas de las
circunstancias que muestran un mundo en medio de cambios impredecibles, en el
cual hay que actuar y donde actúa el gobierno venezolano.
Este reordenamiento
del sistema-mundo capitalista es el nuevo contexto de la revolución
bolivariana, en el cual se han tenido logros significativos , entre los cuales
sin duda puede colocarse la LOTTT .
El
contexto Nacional: las contradicciones actuales de la realidad venezolana:
Después
de 11 años de gobierno bolivariano y a sólo cinco de trazado el proyecto
socialista por parte del presidente Chávez, a pesar de algunos experimentos
(más bien pocos y limitados) de formas diferentes de relación entre el capital
y el trabajo que buscan trascender el carácter adversarial (Meszaros), ésta sigue siendo esencialmente el
mismo trato que el que se presenta en cualquier país capitalista dependiente. Esto
se evidencia en la distribución del ingreso (aunque ha mejorado grandemente) y
en las políticas laborales, donde se escenifica una lucha política, no sólo
contra el sindicalismo tradicional, sometido todavía a la hegemonía
“puntofijista” (AD y COPEI), o entre las fracciones sindicales revolucionarias
y de oposición, sino también entre grupos a lo interno del “chavismo. Por otra
parte, cabe destacar la expresión sistemática de la voluntad política del
gobierno revolucionario de experimentar con formas de cogestión, autogestión
y/o control obrero sobre la producción, como es el caso de las empresas ligeras
recuperadas de crisis económicas, o de los centros industriales de Guayana,
especialmente SIDOR, en actual desarrollo. Esa voluntad política es un
indicador de avance de la lucha de clases proletarias en las condiciones
peculiares de Venezuela, lo que se expresa evidentemente en la nueva LOTTT.
Lo que se percibe es que efectivamente
Venezuela continúa con un esquema capitalista, pero con un mercado regulado, lo
cual se evidencia en el control de precios y de las redes de distribución de
los productos alimenticios y demás, el sistema de control sobre las divisas,
así como en las políticas de estímulo al crédito y de protección a la
producción nacional. La fuerte presencia del estado no implica necesariamente
socialismo, como se han encargado de aclarar en repetidas ocasiones los mismos
funcionarios del gobierno, pero aún en este sentido se han obtenido logros que
superan anteriores administraciones, especialmente si vamos a observar los
indicadores como el crecimiento económico, la inversión social, el desarrollo
humano y la superación de la pobreza.
El planteamiento del Poder Comunal para
distribuir el poder inmediato a los ciudadanos en la gestión de los recursos
públicos, en la producción de normas y en la toma de decisiones, se puede ver
también como un intento de profundización participativa de la democracia. Esta
perspectiva de Poder Popular está vinculada también al concepto de “desarrollo
endógeno” con formas productivas asociativas, esquemas de distribución ajenas
al intercambio mercantil y una redefinición de la ocupación del territorio y el
crecimiento de nuevas ciudades que desconcentren la población; aunque este
proyecto todavía no ha logrado dar pasos adelante.
Es por ello que
tal vez sea un falso problema “lo socialista” del proyecto venezolano, en las
experiencias de “economía social” cogestionarías o autogestionarias, las
cooperativas, las microempresas, las empresas comunitarias o familiares, etc.
Lo específico del socialismo venezolano pensamos que se halla, como se expresa
en el lineamiento del Nuevo Modelo Productivo del Plan Nacional “Simón
Bolívar”, en las proporciones y relaciones mutuas y sistémicas establecidas
entre las diferentes modalidades de propiedad, y la racionalidad económica que
orientaría su planificación conjunta.
Contradicción entre diferentes formas de
propiedad y apropiación
La construcción del Nuevo Modelo Productivo,
previsto en el Plan Nacional “Simón Bolívar”, implica el tránsito de la
Venezuela rentista a la productiva a través de una creciente red de empresas,
ya no públicas o privadas, sino fundamentalmente sociales y comunitarias. El
Plan Nacional “Simón Bolívar” 2007-2012, y antes, el Plan Nacional 2000-2007,
se ha propuesto realizar un cambio en las proporciones relativas entre la
economía privada, la economía social y las unidades productivas en manos del
estado. De hecho, la propuesta de Reforma Constitucional de 2007 distinguía,
como figuras de propiedad diferentes, la propiedad privada, la propiedad
estatal, la propiedad mixta y la propiedad social, ésta última con dos
modalidades: la directa y la indirecta. Se debe tener presente que en la
Constitución de la RBV de 1999 se garantiza la propiedad privada, pero se deja
la puerta abierta para la promoción de “formas asociativas” de producción.
Haiman El Troudi (2010) lo plantea en
forma polémica, debatiendo supuestamente contra posturas “ortodoxas” que
supuestamente defiende que toda propiedad pública es automáticamente
socialista. En este sentido, se manifiesta contra la propuesta de una
nacionalización inmediata de todos los
medios de producción, de acuerdo con un plan que se iniciaría con la banca, y
seguiría con la industria y la tierra. Frente a esta idea “ortodoxa”. Sostiene que: “Cuando la propiedad es
monopolizada por el Estado, se corre el riesgo de reproducir la división social
del trabajo o sustituir la explotación o enajenación del trabajo a manos de
particulares por una nomenclatura funcionarial …” (El Troudi, 2010: 88) dadas las graves
deficiencias estructurales propias del capitalismo dependiente
Por otra parte, el autor sostiene que el
socialismo “se basa en la propiedad social de los medios de producción”, y
frente a “cerradas ecuaciones relativas al régimen de propiedad”, defiende el
esquema plural de la propuesta de Reforma Constitucional 2007 y del Plan
Nacional “Simón Bolívar”. Así, habría empresas de producción social, tanto privadas, como públicas; empresas
comunales, cooperativas (privadas y comunitarias) y unidades diversas de
producción. Todas estas “modalidades empresariales” apuntalarían relaciones de
producción socialistas y “una organización del trabajo que supere la lógica
capitalista de la alienación y la división del trabajo, tanto como la
explotación del hombre” (El Troudi, Ob. Cit.: 89).
Llama la atención en esta posición, la
posibilidad de la existencia de Empresas de Producción Social de carácter
privado. Pero es que para el autor, lo específica y novedosamente socialista de
la experiencia venezolana, es que se avance en nuevas modalidades de propiedad,
de división del trabajo, y que haya un compromiso con la eficiencia, la
productividad y la calidad, la gestión democrática de los procesos económicos y
la conciencia ecológica. Cabe resaltar aquí que El Troudi entiende por
propiedad privada sobre los medios de producción, no sólo la propiedad
individual de personas naturales o jurídicas, sino también las formas
colectivas privadas (cooperativas, ONG, fondos mutuales) y autogestionarias, y
la “autogestionaria”, cedida por el estado a los trabajadores.
Según el economista Víctor Álvarez (2009),
ex Ministro del gobierno bolivariano, en el marco del encuentro
"Ideología, Democracia y Socialismo", el 17 de junio de 2009, la economía venezolana
tiene un alto componente privado, a pesar de los repetidos ataques al
capitalismo en el discurso oficial.
Esto se explica en un balance entre los
tres tipos de propiedad que se proponen en equilibrio en el nuevo proyecto de
país:
1. Sector Privado: su peso pasó de
64,7% en 1998 a 70,9% (Álvarez, 2009). Por otra parte, en el primer periodo
gubernamental del presidente Chávez (2000/2006) la mayoría de los incentivos
financieros, fiscales, cambiarios, compras públicas, asistencia técnica, etc.
fueron dirigidos al aparato productivo existente, conformado fundamentalmente
por empresas mercantiles, los cuales reproducen el modo de producción
capitalista que, paradójicamente, es el que se quiere superar y trascender.
2. Sector Público: vio mermada su
participación a lo largo de la década al caer su aporte en la conformación del
PIB de 34.8% en 1998 a 29.1% en el 2008.
3. Economía Social: a pesar de ser
la que teóricamente cuenta con mayor apoyo, solo creció según Alvarez, 2009 de 0,5% a 1,6% al cierre de 2008. Así
mismo, el total de ocupados en este sector pasó de poco menos de 174 mil
personas en 1988 a poco mas de 200 mil, equivalente a un incremento de
aproximadamente el 16% en 2008, lo cual representa a penas un 1, 7% del total
de personas ocupadas para la fecha (11.692.071). Esto a pesar de que la cantidad
de cooperativas registradas pasó de 2.500 en el año 2.000 a 62 mil en el año
2005 (Lucena 2007) llegando en el año 2008 a poco menos de 150 mil.
En términos
generales, y tomando en cuenta consideraciones de gerentes medios oficiales
(recibidas durante la experiencia personal del autor de esta tesis en la
empresa Pequiven), la experimentación con la “economía social”, presenta
problemas, debilidades y limitaciones como las siguientes:
1.
La mayor parte de las cooperativas vinculadas a
iniciativas socio productivas comunitarias han tendido a reproducir en su
interior y en su relación con el resto de la sociedad relaciones sociales
típicas del capitalismo, dado que se ha impuesto tanto el afán de lucro como la
apropiación privada de los bienes aun cuando hayan sido financiadas por el
Estado. Igualmente se verifica la existencia del fraude laboral al impedir que
los trabajadores bajo relación de dependencia ingresen como socios al cumplir
los extremos establecidos en el marco legal.
2.
Las Unidades de Producción Socialistas avanzan hacia la
integración de las comunidades organizadas a su gestión, sin embargo es un
proceso aun germinal.
3.
Las Fabricas Socialistas mantienen una relación con las
comunidades más cercana a lo establecido en el modelo de Empresas de Producción
Social, es decir, el involucramiento de las comunidades organizadas se limita a
ser postulantes de trabajadores a ser incorporados a las plantas, a ser objeto
del acompañamiento socio organizativo por parte de la Gerencia de Desarrollo
Integral Comunitario de Pequiven y a poder ser beneficiarias de la inversión de
los excedentes en obras que eleven la calidad de vida en la comunidad
4.
A lo interno de las fábricas se impone la racionalidad
técnica en cuanto al diseño de las operaciones y las relaciones entre la
gerencia y los trabajadores, salvo que se promueve la conformación del Consejo
de Trabajadores.
5.
No hay un acuerdo general, es decir que involucre tanto a
la gerencia estratégica de las organizaciones del estado, como a la gerencia
operativa y los trabajadores en cuanto a lo que se refiere a los elementos que
le dan carácter socialista a las Fábricas que llevan ese nombre, tendiendo a reproducir
la confusión ideológica entre:
a.
Quienes lo atribuyen a la ausencia de propiedad privada
b.
Quienes piensan que el carácter socialista se encuentra en el
compartir los excedentes con las comunidades y trabajadores
c.
Quienes lo imputan a no producir para el mercado
d.
Y quienes señalan que esta noción involucra un cambio
radical en las relaciones sociales entre los actores al involucrar, tanto a lo
interno de la unidad de producción como en la relación con su entorno y la
sociedad a manera de democracia radical.
6.
El problema derivado de la propiedad de los medios de
producción no está resuelto, hasta ahora se inclina el gobierno a acentuar la
propiedad estatal, aun cuando ésta pasaría, en una etapa posterior, a ser
propiedad social indirecta, con posibilidades de convertirse en propiedad
social directa en la medida en que las comunidades maduren sus procesos
organizativos.
El Socialismo Bolivariano
que se intenta implantar en Venezuela, es una meta o perspectiva histórica, con
características propias de la época, que ha rechazado explícitamente, por boca
de sus principales dirigentes, comenzando por el presidente Chávez, el modelo
de “socialismo real” que se aplicó en el siglo XX, inspirado fundamentalmente
en el ejemplo soviético. Esa distancia respecto de las políticas soviéticas de
construcción del socialismo, ya se venían dando en la historia del movimiento
socialista en el mundo desde la década de los setenta, desarrollando aspectos
del marxismo hasta ese momento dejados de lado por la “ortodoxia”. Las
experiencias chilena y sandinista en Chile y Nicaragua respectivamente fueron
ejemplos en este sentido. En una, se intentó marchar hacia la transición
utilizando los mecanismos de la democracia representativa; en la otra, se probó
a adelantar un programa que incluía la economía mixta, la pluralidad política
(en perspectiva democrática-representativa) y el no alineamiento en lo
internacional, relievando el tercermundismo. De la discusión de aquellas
experiencias en el seno del campo revolucionario, la propuesta venezolana
recoge el avance pacífico en la transición hacia el socialismo, desarrollando
formas democráticas y participativas, pero con la ventaja de haber logrado
disponer del apoyo del grueso de las fuerzas armadas. Otro elemento de aquellas
experiencias es la perspectiva de un modelo productivo de transición que
establezca una economía mixta con un equilibrio de formas productivas a favor
de formas asociativas, la propiedad estatal sobre los sectores básicos de la
economía, un mercado regulado (intervención estatal, planificación), un acento
especial en el aspecto ético humanístico y ecológico, una política
internacional orientada hacia la pluripolaridad internacional en una época
histórica que parece dirigida hacia la decadencia del inmenso poderío
norteamericano, con la posibilidad cierta de conformación de un gran bloque
regional latinoamericano como modalidad de globalización.
La fijación del
objetivo socialista apenas es de 2006 y por ello se puede afirmar que falta
todavía mucho para el logro de los lineamientos plasmados en el Plan Nacional
Simón Bolívar. En todos estos años ha habido despliegue de voluntad
política, habilidad, y hasta lo que
Aristóteles llamó frónesis: una especial habilidad y entereza para enfrentar
las múltiples dificultades con que se ha topado la dirigencia (golpe de estado,
sabotajes económicos, derrotas políticas, catástrofes climáticas, crisis de
energía, crisis bancarias, etc.). Ha habido la capacidad de mantener el
proyecto de una profunda transformación política, económica, cultural y social,
manteniendo las formas democráticas, como lo muestran la repetición de
elecciones y consultas populares (una cada año, prácticamente).
Las formas
específicas de la lucha de clases en Venezuela tiene un determinante: el
carácter petrolero-rentista de su economía, lo cual ha causado su carácter
anómalo, como dice Jorge Giordani. Se trata de una riqueza cuya remuneración no
tiene que ver con la productividad del trabajo de los venezolanos, por lo cual
se dispone de una fuente de divisas que tiende a dirigirse hacia la
importación, el capital financiero, la corrupción y un conjunto de prácticas
estructuradas en un estado “frondoso”, además de una “cultura del petróleo” que
tiende a resolver los problemas, no mediante el seguimiento sistemático de
esfuerzos y planes, sino con golpes de suerte, variaciones del precio petrolero
que dependen de azarosas circunstancias internacionales, que igual reportan
recursos suficientes para ir “corriendo la arruga” de los problemas mediante un
gran gasto. A pesar de esas características “mágicas” del estado venezolano, el
país acumuló una inmensa deuda social que se evidenció en los índices de
pobreza crítica, crisis financieras, grandes desequilibrios macroeconómicos que
motivaron “políticas de ajuste” que empeoraron la situación del pueblo.
A manera de balance del esfuerzo de construcción del Socialismo
en Venezuela como Nuevo Modelo Socio Productivo podemos decir:
1.
Alineación Ideológica: se contrapone al Desarrollismo
Neoliberal, ante el cual propugna el Desarrollo Endógeno, vinculado a prácticas
productivas asociativas, a modalidades
de distribución distintas al intercambio mercantil y a la redefinición de la
ocupación del territorio. Implica, adicionalmente, una profundización de la
Democracia participativa mediante el poder comunal como vía de redistribución
del poder social mediante la participación en la gestión de recursos públicos,
en la producción de normas y en la toma de decisiones.
2.
Visión Equilibrada: un desarrollo desconcentrado, con variables
ecológicas y ambientales que impulsa una relación equilibrada con el entorno
natural, garantizando sustentabilidad.
3.
Implica Desarrollo Humano como prioridad: de allí que las metas
del milenio hayan sido superadas con creces en cuanto a la disminución de la
pobreza y el hambre. Una disminución del Indice de Gini de 0,48 a 0,59. Un
aumento de la inversión social de 11,5% del PIB en 1999 a 19,5% en 2009. Los
ingresos fiscales se incrementaron de 36,6% a 60% para luego redistribuirse a
los sectores anteriormente desfavorecidos. La tasa de desocupación se redujo a
menos de 10%, mientras que el déficit nutricional se bajó de 7,7% a 3,7% en los
primeros 10 años.
Venezuela se halla todavía en la transición hacia el
objetivo-imagen que sirve de hilo conductor del Plan Nacional “Simón Bolívar”:
una sociedad socialista donde coexistan diversas formas de propiedad, aunque
con predominio de la propiedad social, con amplia participación democrática de
los trabajadores en la gestión, con un nuevo ordenamiento y ocupación
territorial más equilibrado, adecuado a las potencialidades de las regiones,
con un desarrollo tecnológico menos dependiente, más adecuado a las realidades
y problemas nacionales, con una política internacional orientada al logro de un
mundo multipolar.
REFERENCIAS
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